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Cláusulas gatillo, indexación y productividad, nuevas fórmulas para ajustes salariales

JULIÁN DE DIEGO

JULIÁN DE DIEGO Profesor de Derecho del Trabajo y Director del Posgrado UCA

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Cláusulas gatillo, indexación y productividad, nuevas fórmulas para ajustes salariales

Un caso testigo que se analiza en los posgrados de recursos humanos es el famoso dilema en el que el sindicato reclama el 20% de aumento salarial y la representación empresaria solo cuenta con la mitad de los recursos para pagar el aumento demandado. Sin embargo se ponen de acuerdo porque ambos lograron sus objetivos.

¿Cómo es que se logra uno de los famosos ‘equilibrios de Nush’?

Muy sencillo, el aumento se otorga en forma escalonada, de modo tal que comienza en cero en un tramo inicial, sigue con el 5, 10, 15 y llega en cinco tramos al 20% en el último. Con ello, el sector empresario pagó la mitad que estaba dentro de sus posibilidades y el sindicato logró al final su deseado porcentaje. Al cumplirse quince años de negociación colectiva ininterrumpida (2003-2017), después de más de treinta años de las vicisitudes más diversas (1983-2017), incluyendo diez años de congelamiento (1993-2003), la dinámica y los contenidos se renuevan, en un verdadero cambio de paradigmas.

El caso comentado comenzó a modificarse en las negociaciones del 2012 cuando los gremios trataron de reducir las cuotas y reclamaron porcentajes mayores en las primeras cuotas que en las últimas, con el fin de propiciar alguna ventaja para los asalariados frente al curso de la inflación que horadaba su poder de compra.

Así se había lanzado una suerte de carrera entre precios y salarios con suerte diversa.

Hoy tenemos instalados nuevos componentes no empleados hasta ahora salvo en algún caso excepcional, y ellos son la cuantificación de aumentos pendientes de períodos anteriores, las cláusulas gatillo, el ajuste por inflación de los acuerdos, y la necesidad de dar cabida a las cláusulas de productividad que mejore los bajos estándares que presentan hoy las actividades.

En rigor, la negociación de los bancarios y las distintas opciones que presentaron los gremios de la educación, dejaron planteados nuevas incógnitas y desafíos. Por lo pronto, cuando el Estado ofrece ajustes por inflación dentro del proceso de negociación, está apostando en forma clara al éxito que puede lograr el Gobierno Nacional en el índice del IPC del INDEC, y que la economía logrará generar inversiones de mediano y largo plazo, sumado al hecho de que debería caer el altísimo déficit fiscal existente.

En un escenario global, regional y local complejo e invadido por la incertidumbre, resulta claro que las inversiones llegan en forma lenta y sobre todo, en forma selectiva, y en muchos aspectos resulta claro que las empresas locales no están preparadas para competir con las reglas actuales del mercado y sobre todo aplicando las mejores prácticas internacionales. Como dice Juan Carlos De Pablo, cómo te va no es independiente de lo que haces.

En las negociaciones que comienzan en los próximos días, seguramente los gremios tradicionales vendrán con la misma receta, a saber:
1 Plantearán el porcentaje que corresponde a la deuda del pasado, que en promedio oscila en el 5,7 a 6%, y que en casos especiales puede llegar al 9 o 10%;
2 Será objeto de una ardua negociación establecer el mecanismo por el cual se pagará el supuesto déficit del pasado;
3 Establecerán un porcentaje a aplicar a las dentro del año, que seguramente oscilará entre el 18 y el 20%, aún cuando existen actividades que registran una importante recuperación, que tienen pretensiones mayores, y que seguramente se pagarán en cuotas periódicas trimestrales o cuatrimestrales;
4 Los gremios pujarán por obtener una cláusula gatillo, según la cual el monto acordado por el año en curso se compare con el IPC del Indec, excluyendo el porcentaje de recuperación, para lograr así un complemento si es que el Gobierno Nacional no logra mantener sus parámetros ideales del 17 o 18%;
5 En cuanto a las cláusulas de productividad, seguramente habrá que introducirlas como parte de las aspiraciones empresarias, como ya lo están haciendo distintas actividades que deben mejorar los rendimientos, las dotaciones y los resultados.

Sin dudas, la negociación colectiva transitará un período de transición hacia la inflación cero, que debe orientarse hacia un país competitivo que modernice con innovación y equilibrio su modelo de relaciones laborales.

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