Cinco años después, la ex mujer de Nisman eligió preservar a sus hijas y no asistió al acto de homenaje

Apenas pisó suelo argentino, tras regresar con sus hijas de un viaje por Europa, Sandra Arroyo Salgado tenía la convicción de que a su ex esposo, Alberto Nisman, lo habían asesinado. Nada ha cambiado en estos años para la jueza federal de San Isidro desde aquel tumultuoso verano de 2015 en el que, lo ha dicho reiteradas veces, su vida y la de su familia se modificó para siempre.

El calendario, apenas, delata el crecimiento de Iara y Kala, sus dos sostenes, de 20 y 13 años recién cumplidos. Pero la muerte de Nisman sigue ahí, inamovible, sin avances significativos en la Justicia, más allá del suceso que ha generado la serie que se difunde por estos días en Netflix, en el quinto aniversario del hecho.

Ni Arroyo Salgado ni sus hijas asistieron hoy al homenaje que se realizó en honor al fiscal que investigó el atentado a la AMIA en 1994 y que murió, de un disparo en la cabeza, apenas cuatro días después de haber realizado una fuerte denuncia de encubrimiento a Irán contra la entonces presidenta Cristina Kirchner y muchos de sus funcionarios de primera línea. La decisión, como todos los años posteriores a la muerte de Nisman, fue emprender un viaje las tres juntas, que vienen programando desde mediados del año pasado, y que les permita transitar la trágica fecha en la intimidad familiar. En paz.

El sustantivo tranquilidad es casi desconocido en el diccionario del clan Arroyo Salgado-Nisman. Ya desde los tiempos en los que el fiscal estaba al frente de la causa, eran frecuentes las denuncias que hacía por amenazas a su círculo íntimo en caso de que hubiera avances en la investigación del atentado. Las dos hijas de Nisman crecieron en ese contexto, habituadas a ser acompañadas por personal de seguridad a cada lugar al que iban. Pero nada se emparentó con la vorágine de ese enero de 2015.

Hoy el dolor persiste, pero las heridas ya tienen forma de cicatriz, y las chicas, como su madre, avanzan cada una en su camino. Iara, universitaria, estudiante de arquitectura; Kala, hoy casi adolescente, y Sandra Arroyo Salgado en una etapa de mucha actividad judicial, ya que además de su despacho federal en San Isidro, la primera quincena de enero la encontró cubriendo el turno del juzgado de Campana. El documental sobre Nisman no convenció a la familia del protagonista. Argumentan que faltó información auténtica.

Según pudo saber El Cronista, Arroyo Salgado no hablará públicamente. En etapa de introspección personal, ratifica todo lo que comunicó a la Justicia a fines de 2018, cuando renunció a ser querellante, precisamente, para proteger a sus hijas.

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