Ciencia, tecnología y nuestros hijos

Tengo una hija que acaba de cumplir doce años. Es una niña interesante, curiosa y que comienza a estar asolada por las angustias de la adolescencia. Hace unos días, alguien me preguntó qué me gustaría que estudiara. Al principio la pregunta me chocó, ya que siempre me imaginé que ella debería estudiar lo que le interesa, le dé placer y permita alcanzar su realización personal. Ella será quien tenga que tomar sus decisiones y mi contribución será, en el mejor de los casos, indirecta. Pero esa pregunta me hizo reflexionar sobre el mundo en que vivimos. La transformación que estamos experimentando es rápida, radical y, en algunos casos, violenta. Pienso que la tecnología tiene un papel fundamental en todo. Es imposible no vincular las inestabilidades políticas y sociales que vemos hoy con el ascenso de las redes sociales y la forma en que la información pasó a ser consumida.

En los próximos años, este proceso debería acelerarse, principalmente con la emergencia de tecnologías como la inteligencia artificial, la automatización y la robótica avanzada. Los impactos sociales y económicos todavía son difíciles de imaginar en este momento, pero si de algo que estamos seguros, es que sabemos muy poco sobre cómo será el futuro.

Cuando pensamos, en ese contexto, sobre las profesiones para las cuales hace 20 o 30 años nos dirigíamos, como medicina, derecho, ingeniería y magisterio, me pregunto cuál es el sentido de esas carreras a largo plazo. Al pensar en una joven en formación, ¿qué orientación podríamos dar? ¿Qué camino tiene sentido elegir en un momento de tanta transformación económica, política y social?

Cuanto más pienso, más me parece que muchas de las ocupaciones actuales dentro de 10 o 15 años pueden incluso desaparecer. Tal vez nunca sepamos exactamente cómo prepararlos para eso, pero, en mi opinión, son necesarias dos cosas.

La primera es una buena formación. En una formación técnico-científica, por ejemplo, una persona alfabetizada en ciencias naturales, física o matemática tiene la capacidad de interpretar la realidad a su alrededor de forma activa, entendiendo los porqués de las cosas y estableciendo las relaciones causales que llevan a los hechos. Se aprende a tener una visión analítica y apoderada sobre la naturaleza y las relaciones humanas.

La segunda es la actitud. Para lo que está por venir es necesario poseer un espíritu inquieto e insatisfecho. El ejercicio de la duda y la búsqueda constante por alternativas, no contentándose con lo que es ofrecido y mirando siempre lo nuevo, es fundamental.

Creo mucho en el poder de esa combinación. Una sólida formación, una actitud cuestionadora y curiosa, aliadas a la voluntad de contribuir con la sociedad, de crear lo nuevo y de renovarse cada día.

Es un hecho que tenemos muchas ambiciones y expectativas con respecto a estos pequeños personajes, pero también es verdad que al final de todo este proceso nuestra mayor contribución es darles los elementos para que puedan construir sus propios caminos y ser felices a su propio modo.

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