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China: la burbuja de las acciones creció en sentido contrario al desarrollo que mostraba la economía

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GABRIEL HOLAND Director de HR Global

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China: la burbuja de las acciones creció en sentido contrario al desarrollo que mostraba la economía

Para la mayoría de los inversores, la caída del mercado accionario en China -Shangai perdió más del 45% durante los últimos 7 meses- se relaciona con el debilitamiento de la economía del país. Sin embargo, dicho nexo, de existir, tiene matices importantes que conviene conocer ya que, aunque el crecimiento chino presenta contratiempos, probablemente ninguno de ellos impacta de forma directa en las adversidades -u oportunidades- que presenta la plaza del Gigante asiático. En definitiva, la burbuja accionaria fue en sentido opuesto al desarrollo económico de China durante los último años.

Vale recordar que, a partir de 2010, este país achicó su crecimiento desde un 10% a un 7% anual, no obstante, paradójicamente, las cotizaciones en el mercado accionario empezaron a crecer. ¿Por qué? Debido a la política expansiva del banco central chino, el cual, con regulaciones más laxas e inyección de dinero, fogoneó el apalancamiento de los inversores y desarrollo de la burbuja. Fueron épocas en las que lo más importante era acrecentar los capitales de inversión para alimentar la locomotora productiva que, hoy por hoy, parece cambiar de vía. Pero además, y hablando en números: ¿Qué país crece a tasas del 10% eternamente? La respuesta es que ninguno hasta ahora. Un descanso era de esperarse por distintas razones.

Una de ellas es que, por más dinero que se invierta en la economía real, llega un punto en que los beneficios del capital empiezan a disminuir debido a que se satura una parte de la demanda, o por obsolescencia tecnológica, cambios en los mercados, etc. Por ejemplo, hace algunos años comenzó la migración de la población campesina a las ciudades, esto elevó el precio de la construcción muy por encima de la mejora en los ingresos de los consumidores, se retrajo la demanda y, por ende, el boom de la construcción en los centros urbanos más importantes.

Asimismo, en un fenómeno parecido al europeo, la población joven dispuesta a trabajar creció a un ritmo mucho más lento que el de los ciudadanos en edad de retirarse. De esta manera, no se sumaron suficientes trabajadores al mercado laboral y, en una economía en crecimiento, se incrementaron los salarios, opacando esa antigua ventaja comparativa china de contar con mano de obra barata para sus manufacturas.

A la vez, el país comenzó a restringir la fabricación de productos masivos de bajo costo y, en cambio, profundizó la generación de bienes y servicios más sofisticados con mayor aporte de tecnología. Y en ese segmento de mercado debe competir con los países industrializados de occidente lo cual, sin dudas, le deja menos lugar para obtener grandes márgenes de ganancias y aumentos de la productividad que en su antiguo rol de proveedor de productos baratos al mundo.

Ante todos esos condicionantes, que el crecimiento económico sea más lento suena razonable. La duda de los inversores es si el mencionado proceso implica desarrollarse a menor ritmo o, en cambio, representa una caída fuerte que se prolongaría en el tiempo. Si se trata de la primera alternativa, se sufrirá poco. Ahora, si la locomotora se estrellara -como parece sugerir la difundida "apuesta short" de Soros-entonces podríamos tener por delante una crisis financiera y económica importante que excederá al Gigante asiático.

Y este concepto se refuerza al mirar el consumo real de energía, mercaderías transportadas, niveles de fabricación de acero y despachos de cemento, que cayeron fuertemente en los últimos tiempos y echan dudas sobre las estadísticas oficiales que aseguran un crecimiento del 7% anual del producto bruto para este año.

Si este porcentaje fuera realmente menor, como sugieren los datos, estaríamos en problemas solo al pensar que ese número sería el mínimo necesario para que la población del país mantenga un nivel de vida que consideran razonable y se eviten así conflictos sociales de magnitud.

De todas formas, queda claro que en el peor de los casos, los chinos estarían pagando el costo de modificar el mix de una economía de producción de bienes a otra en la cual los servicios tomen mucha mayor preponderancia.

La cuestión para quienes vivimos fuera de China, pero pendientes de su economía, es prever la intensidad del resbalón de crecimiento e intentar calcular cuánto se prolongará en el tiempo.

China avanzará en su rol de líder mundial, nadie lo pone en dudas, al menos públicamente. Resta identificar qué daños podrá causar dicho proceso que, eso es seguro, se hará sentir en todas las economías del mundo.

Finalmente, la pregunta sería: ¿China es hoy una oportunidad de inversión? Probablemente el mercado accionario de ese país caiga todavía más y ello también marcará el humor de las demás bolsas globales. Por lo tanto, algunas luces verdes se verán cuando Beijín dé señales claras de ajustarse normativamente a la dinámica de los mercados y cese el éxodo de capitales de la región.