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Castigar el ahorro para financiar el consumo no resuelve el problema

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HERNÁN DE GOÑI Director Periodístico

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Un amplio sector de legisladores de la oposición está interesado en profundizar la rebaja del Impuesto a las Ganancias para los asalariados. Lo consideran un acto de justicia social. A cambio están dispuestos a castigar el ahorro en el sistema bancario de las personas (las empresas ya pagan), una piedra con la que la Argentina ya tropezó en el pasado. El objetivo es loable: si bajar la presión tributaria 10 puntos fuera financiable lo votaría cualquier Congreso. Lo preocupante es que la política esté dispuesta a sacrificar el largo plazo por darle un poquito más de oxígeno al presente. El cortoplacismo sigue pegado en nuestra piel.

El Gobierno había aceptado crear un impuesto al juego para acercar sus números a los de la oposición. Ayer, sin embargo, los diputados lo pusieron contra la pared. Ajustaron el primer dictamen del massismo y el bloque justicialista, pero para bajarle el precio al gravamen impulsado sobre las operaciones de dólar futuro y subirle la recaudación esperada por renta financiera. La idea es que paguen Ganancias los plazos fijos superiores a $ 1,5 millones, la tenencia de Lebac por encima de esa cifra, y la inversión en fondos comunes.

Los legisladores esperan obtener por esta vía más de $ 5000 millones. Pero a cambio desalentarían los depósitos bancarios (en el país están en el orden de 18% del PBI contra 30% promedio de la región), sin darle mucha importancia a que el plazo fijo promedio oscila los$ 65.000. Si las entidades pierden fondeo, el costo del crédito será mayor. También encarecerían la emisión de las Lebac, ya que los bancos pedirán más tasa al Central para cubrir la suba impositiva. Por si hiciera falta aclararlo, todo va a contramano del blanqueo de capitales.

El Gobierno depende ahora de las provincias y el Senado, que deben decidir si capitalizan la jugada política o pierden recaudación en un año electoral. Viento de frente para el inicio del segundo año de Macri.

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