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Caminar entre gigantes

En múltiples ocasiones Mauricio Macri se refirió a "los abusos que está cometiendo en la persecución de opositores" el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. Más allá del caso particular, estas declaraciones representan un giro en la política exterior argentina. En materia de diplomacia, el nuevo gobierno anunció que priorizará la relación con países democráticos. Esto abre las puertas a una serie de interrogantes no menores para el futuro del país.
Al mismo tiempo, a nivel global, estamos atendiendo a un cambio fundamental en las relaciones internacionales: presenciamos el ascenso de grandes potencias no occidentales. Este cambio de contexto genera tensiones e incertidumbre en los países de menor poder relativo al momento de plantear su política exterior, como es el caso de la Argentina.
El nuevo escenario plantea particularidades. Por un lado, todas las grandes potencias que hoy juegan en el tablero internacional son capitalistas en su economía y compiten entre sí, aunque con distinto grado de apertura e intervención estatal. Por el otro, difieren en el tipo de régimen político. Mientras que Europa, los Estados Unidos e India mantienen perfiles democráticos, Rusia y China se caracterizan por sus regímenes autocráticos, con menores libertades y derechos políticos.
Frente a estas características, el modelo de política exterior expresado durante la gestión de Cristina Fernández primaba las cuestiones políticas y percibía el contexto internacional a partir de cierto tinte ideológico ‘antiimperialista’. Al mismo tiempo, observaba un contexto de declive norteamericano en términos relativos, percepción acertada, pero exagerada. De esta forma, nuestro país forjó vínculos más estrechos, al menos discursivamente, con regímenes autocráticos como la República Popular China y la Federación Rusa.
El modelo actual planteado por Mauricio Macri implica mantener sociedades pasadas, al menos mientras sean necesarias para la recuperación económica del país, mientras se promueve una creciente reinserción al hemisferio occidental, primando los vínculos con sociedades democráticas. El discurso es político, pero la necesidad es económica. Un modelo de equilibrio y diversificación es fundamental en este sentido, aunque modelos de este tipo son siempre los más difíciles de mantener.
La Argentina tiene la ventaja de la geografía, que la aleja de las dinámicas disruptivas y de las que son hoy las principales zonas de conflicto y tensión entre las grandes potencias. Sin embargo, la creciente presencia y voluntad de inserción de China y Rusia en América Latina, territorio de típica preeminencia norteamericana, generará nuevos campos de tensión. Si estas tendencias se mantienen, impactarán en el rango de decisiones disponibles para el presidente Macri.
El principal interrogante a futuro es cómo impactará en las relaciones argentinas un modelo abierto a los negocios con todos, pero orientado políticamente hacia occidente y, en parte, si el país podrá escapar a las dinámicas que se dan entre las grandes potencias. ¿Cuál será el impacto para el país en caso de primar las relaciones democráticas por sobre la necesidad del mercado chino?
Una época de decisiones difíciles en materia de política exterior se avecina, condicionada por el inestable contexto internacional. Será fundamental estar preparados y no repetir errores pasados.

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