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Buscan nuevo rostro al peronismo

Imagen de DANIEL MUCHNIK

DANIEL MUCHNIK

Periodista

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¿Se viene un peronismo nuevo o ya está instalado? De aquella fuerza política, por momentos arrolladora, que gobernó el país muchísimos años, con distintos modelos económicos muchas veces contradictorios entre sí, queda una estructura, pero se desconoce la profundidad de sus cimientos.


La estructura es el nombre y son sus dirigentes, cada uno peronista a su manera. Queda más bien un sentimiento, una manera particular de ver la realidad y el poder. ¿Sirve todo eso para saber respetar los ciclos donde ganaron otros, que no son peronistas? La respuesta no es fácil, lo dirán los próximos meses. Las predicciones pueden resultar inoportunas.


En general, los peronistas dicen que otros, que no lo son, no saben gobernar. Sólo ellos conocerían los entretelones para tener ciertos ideales, que no están unificados ni lo estarán en el futuro y administrar el país. Han salido, sin embargo, de una derrota de alto calibre, perdieron en la provincia de Buenos Aires que era su bastión, se les fueron de la mano intendencias y gobernaciones. Y ahora sienten que se quedaron sin brújula. Apostaban al amor eterno de la sociedad, como si se tratara de una relación incondicional, inquebrantable. Se equivocaron.


No es cierto que sean los únicos que tienen la ‘magia de gobernar’. En varias oportunidades fueron favorecidos por las condiciones económicas externas, como fue el caso de los años 2000 y los altos precios de las commodities. La historia demuestra que esa buena suerte no la tuvieron en los años del regreso de Perón, por ejemplo, donde una seguidilla de ministros de economía no pudo recomponer números y recibieron la peor de las crisis. Y que Carlos Menem debió apelar a una fórmula de laboratorio, como la Convertibilidad para salir temporariamente del vendaval inflacionario. La magia no duró demasiado porque en un cierto momento la misma realidad le dijo basta. Con lo cual todo el edificio económico se derrumbó con consecuencias calamitosas.


La crisis profunda del kirchnerismo a quien continuó el cristinismo, que se autoproclamó peronista sin demasiado entusiasmo y le agregó, mezclado con los símbolos partidarios, dosis de narcisismo y amor y militancia por el tránsito oscuro de los años setenta. Una administración caprichosa, autoritaria, que le dio la espalda a la legalidad y a las instituciones con tradición republicana, que infundía miedo a sus aliados, dueña de la caja que administraba caprichosamente tendría un final, como el que tuvo, pero salpicando a todos.


Ya no están. En el momento de pensar el destino del peronismo surgen evidencias de fragmentación. Los restos del cristinismo se ocupan del tamaño del despacho de Máximo, de la prisión de Milagro Sala (dueña y señora despótica en Jujuy en los últimos años), de llevar a un acto pancartas y pretender silbar a Mauricio Macri, pero terminar echados a trompadas. Viven de apostrofar al enemigo, no en configurar su nueva presencia. Eso es política de barrio, diminuta y sin futuro. Racionalizados de los trabajos bien pagos en el Estado ¿qué ha sido de la enervante La Cámpora? ¿Qué ha sucedido con la dura Cristina Fernández y sus órdenes? La otra línea del cristinismo, la ex-izquierda melancólica está despistada y la única estrategia que tienen es la de quejarse por la queja misma, sin fundamentarla. Algo muy chiquito.


Importantes dirigentes y figuras varias del peronismo han elegido una senda menos competitiva y más dialoguista. Más comprensiva acerca de una actualidad económica y social conflictiva heredada, que no se han dejado engañar con las cifras del INDEC. Sergio Massa, dueño de la tercera agrupación en votantes en la última elección ha participado en la imagen civilizada que necesita exhibir Argentina ante el mundo después de tanto griterío y desbordes. Con el paso del tiempo, si convence su espíritu moderno es posible que Massa arrastre más gente que lo encarame en la Jefatura del nuevo Partido Justicialista. Otro que está en las gateras esperando ‘su momento’ es Juan Manuel Urtubey, gobernador de Salta y ubicuo participante en actos del macrismo.

Recientemente, para ponerle un nuevo sello a su partido declaró: “El peronismo tiene que dejar de aparecer como un obstáculo cuando gobiernan otros”. En otros rincones del peronismo aparecen figuras históricas. Intentan conciliar entre distintas fuerzas que se disputan el manejo del Movimiento. Están representados en los gobernadores, que necesitan de la Caja, que está en Plaza Mayo. Los movimientos seductores del matrimonio Zamora-Ledesma, de Santiago del Estero , demuestra que el tiempo de la docilidad, sin puñaladas, puede dominar bastante en el tiempo futuro.


Tanto Massa como Urtubey, de manera independiente, hacen lo que otros quisieran hacer pero todavía viven bajo la sombra de la timidez o de encontrar la oportunidad. No en coquetear con el macrismo sino en darle otro carácter, otra imagen, otra posibilidad al peronismo. Si llegan inaugurarían la quinta o sexta versión partidaria.

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Comentarios2
Dora Ricco
Dora Ricco 20/02/2016 10:31:59

MASSA NO ES PERONISTA, NO TIENE IDEOLOGÍA, ES DE MANTECA,SÓLO CON SU PARTIDITO f.rENOVADOR SACÓ 11,2% LO DEMÁS SE LO DEBE A LOS JUDAS DE LA SOTA Y RODRIGUEZ SAÁ ASÍ LLEGO A SER 3RO.

Están Espiándote
Están Espiándote 11/02/2016 12:51:29

Cristina fue clara: Defender los derechos con los dirigentes a la cabeza O CON LA CABEZA DE LOS DIRIGENTES. Si se defiende solo al que tiene trabajo y el Estado NL se retira ¿AL DESOCUPADO, AL DESPEDIDO, QUIEN LO DEFIENDE? El piquete fue su única defensa