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"Brotes verdes", Prat-Gay, los u$s 30.000 millones de deuda para financiar el déficit

La tierra prometida del segundo semestre aún no aparece en los mapas que maneja el equipo económico. Esto ha generado algunos roces que han trascendido. El más importante es el que tiene al ministro Prat Gay como protagonista de distintas disputas y que lo muestran parte de un equipo más amplio conformado por los ministros coordinadores Gustavo Lopetegui y Mario Quintana. Desde esta perspectiva, el ministro de "Economía" sería quien conduce este equipo, es decir, el presidente Macri.

Las elecciones están a la vuelta de la esquina, y con el oficialismo lanzado en su estrategia electoral -timbreos, entrevistas, flamantes incorporaciones y encuestas mediante- la economía se muestra esquiva a cualquier esbozo que permita capitalizar algún resultado exitoso de las medidas tomadas en la primera parte del año. Visto de esta manera, incluso hay quienes señalan que, de no comenzar rápido un fuerte descenso de la inflación y una recuperación en la actividad, bien podría tratarse de un argumento sólido para darle impulso en las urnas a la oposición.

Siguiendo el itinerario de Prat Gay de los últimos días, puede establecerse a priori qué tan cerca -o tan lejos- de la toma de decisiones está el ministro. El dato central es que parece haber llegado la hora de la estanflación, lo que abre un nuevo capítulo, y estresa los márgenes de acción de los funcionarios. Lejos de los "green shoots" o brotes verdes de la economía, el temor en el Gobierno es ahora que pueda darse un rebrote inflacionario. La actividad viene de registrar una caída en el acumulado de casi el 6 por ciento para el segundo trimestre y las cifras de inflación coquetea con el 45% interanual, una magnitud que no se veía desde hace más de una década.

Pero, ¿cuál es la razón para la estanflación? Respuesta: el desborde fiscal. El exceso de gasto público, la altísima presión tributaria y el asentado déficit fiscal parecen restringir las posibilidades para que el sector privado pueda despegar. Esto arroja también un escenario donde la acumulación de capital, la inversión, la productividad, la generación de empleo y, en consecuencia, crecimiento económico se muestra esquivos.

La idea es sencilla de comprender. Para poder vivir, la criatura del déficit fiscal necesita alimentarse. Esos "almuerzos" son financiados por más impuestos, deuda e inflación, un menú que atenta contra la competitividad del sector privado y, por ende, contra la inversión, la producción, la generación de empleo y el crecimiento. Al impacto que tienen los impuestos en la rentabilidad de las empresas, la deuda que toma el Estado del mercado desplaza al sector privado y lo deja con menos recursos más onerosos.

Queda claro entonces que para poder tener aspiraciones electorales, el Gobierno deberá ser exitoso en revertir la estanflación. Por un lado, Federico Sturzenegger, el presidente del BCRA, parece estar abocado a la "pelea" contra la inflación a través de una política contractiva de altas tasas cuyo perjuicio es que desincentiva la inversión en el corto plazo premiando el depósito de los pesos en el banco. Sin embargo, es imperio de Prat Gay la posibilidad de acabar con el monstruo de la estanflación. La clave es, quizás, de lo que menos habla en este momento el Gobierno: bajar el gasto. La posibilidad de quitarle presión tributaria a las empresas y familias, mantener subsidios a las tarifas, subir jubilaciones y reactivar la obra pública mediante desembolsos sólo puede hacerse resignando otros objetivos. Por ejemplo en los primeros cuatro meses del año se había ejecutado un ajuste fiscal. Sin embargo, en mayo y junio de 2016, tanto el gasto como el déficit comenzaron a aumentar, un comportamiento que seguiría a lo largo de todo el año y que, en función de las medidas comprometidas de mayores desembolsos por parte del Estado, complicarían 2017 y 2018.

Si las gestiones del Gobierno en materia económica comienzan a ser ’leídas’ sin verdadero sustento para bajar el déficit, esto podría derivar en la imposibilidad para bajar la presión tributaria, el costo de capital e inclusive la inflación.

Si la política del kirchnerismo fue financiar la "criatura" con emisión (que se tradujo en inflación), la de Prat Gay parece ser una gestión que utilizará, a falta de una reducción en el gasto, el endeudamiento. Por ejemplo, en los últimos meses, varias provincias llevaron a cabo emisiones de deuda en moneda extranjera. Específicamente, Buenos Aires (u$s 2.250 millones), CABA (u$s 890 millones), Córdoba (u$s 725millones), Mendoza (u$s 500 millones), Neuquén (u$s 235 millones), Chubut (u$s 50 millones) y Salta (u$s 300 millones) salieron al mercado, alcanzando así un monto total de u$s 4.950 millones en menos de cuatro meses. Santa Fe también lo hizo.

Según algunos referentes de la City porteña, aún persiste una necesidad de recursos que podría impulsar nuevas colocaciones de deuda por parte de las provincias, ya que las necesidades de financiamiento se han potenciado por la recesión y algunas medidas del gobierno nacional.

Así, tanto la Nación como las provincias parecen dispuestas a inhibir el escenario de baja en la recaudación con mayor ingreso de fondos provenientes de los mercados de capitales, lo que constituye un cambio en las fuentes de financiamiento. Según los analistas, lo elevado de las tasas en dólares y el mayor ingreso de divisas, podrían impactar en el balance de pagos (genera presión a la apreciación cambiaria por ingreso de capitales), y puede posponer la consolidación fiscal en el sector público.

En una nota titulada "La gran apuesta de JPMorgan por Argentina está empezando a pagar", la agencia Bloomberg dio cuenta hace unos días sobre la expectativa de la banca de inversión, al señalar que la Argentina se convirtió ahora en el mayor emisor de bonos de deuda en mercados emergentes este año, con casi 25.000 millones de dólares colocados y que en este escenario, JPMorgan se convirtió en la principal entidad colocadora por encima de Deutsche Bank, el HSBC y el Citi. Lisandro Miguens, un argentino que es jefe de mercado de capitales latinoamericanos para JPMorgan, dijo que "incluso cuando la situación en Argentina era difícil, el banco continuó apostando por el país y en lo que va del año el banco ya contratamos 450 empleados más".

onsultado, Miguens evaluó que la emisión de bonos de deuda argentina, tanto pública como privada, llegará a los u$s 30.000 millones durante este año.

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