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Brexit, de mediocridades y oportunidades

Brexit, de mediocridades y oportunidades

Cualquier lector medianamente informado dirá que esto podía suceder. La xenofobia ya había pegado en el poste en Austria y en Francia mientras se expandía cotidianamente en el resto de Europa, empujada por una economía raquítica, la invasión de inmigrantes y liderazgos confundidos.

Pero para que finalmente sucediese este desastre, se necesitaba la pequeñez política de Cameron, quien jugó con fuego usando un tema irreversible para resolver una pelea doméstica. Creyendo que ampliaría su poder, no supo leer la realidad, aceptó un referéndum suicida frente a una banda de oportunistas y dejó groggy su país, a Europa y al mundo.

En principio parece extraño que un país que ha incorporado pacíficamente a los inmigrantes, al punto de votar un alcalde musulmán para su capital, fuese la punta de lanza de semejante desastre. Pero la demagogia barata no tiene rival. El voto masivo de los adultos mayores se explica porque los convencieron que la UE les sacaba los fondos para tener mejores jubilaciones (¡lo que ayer los mismos líderes separatistas aceptaron que era una mentira!). Los trabajadores votaron irse de la EU porque sentían que se quedaron afuera del progreso.

Otros, más conservadores, fueron convencidos por la potencial vuelta a un pasado imperial, ‘incontaminado’ por la siempre sospechada Europa. Pronto se darán cuenta que ese tiempo ya pasó y que aislados estarán peor.

Lo único positivo de este vendaval -si es que hay algo positivo- es que el susto económico generalizado va a mostrar a los xenófobos europeos (y a sus seguidores), que la demagogia cuesta cara en términos de empleos y crecimiento. Y es entonces posible que el ‘Ahora Francia’, que proclamó la Sra Le Pen , se le convierta en un boomerang, visto lo que esta sucediendo hoy en el Reino Unido; y que entonces la fiebre anti-europea se debilite en todo el Continente.

Pero para que el efecto sea menos brutal ,se necesita una condición: liderazgos. Para conducir la salida del Reino Unido con el menor costo posible. Para recuperar el valor del sueño europeo mostrando a la gente que juntos es mejor que separados. Para exhibir fuerza frente a quienes -como Putin- piensan que esta es una oportunidad para extender sus sueños hegemónicos. Y, sobre todo, para reencauzar la tullida economía europea.

Solo cabe esperar que los EE.UU. no agreguen una cuota más de veneno al cocktail eligiendo al símil norteamericano de los demagogos europeos; porque entonces el groggy podrá convertirse en knock-out.

Es cierto que este viento va a molestar a nuestro barco en el muy corto plazo; porque en el ‘vuelo a la calidad’ que buscan los capitales, no figuramos aún en la primera línea. Pero también es cierto que la respuesta es, volviendo a mi argumento central, mas liderazgo. Es el capital mas importante en las crisis.

Mauricio Macri ha expuesto capacidad política y firmeza (como en el veto a la delirante ley anti-despido, que mostró a propios y ajenos que no se deja avasallar fácilmente); y un cuidado equilibrio entre reformas económicas y sensibilidad social.

Argentina tiene un camino de crecimiento potencial en el mediano plazo mas interesante que el de los países europeos, en parte a causa de las oportunidades perdidas en la década K, que suman billones de dólares de inversión y valor agregado; además de la ventaja de estar físicamente lejos de las zonas mas conflictivas.

Pero este argumento, repetido una y otra vez a lo largo de las últimas décadas, se frustró por poner las necesidades de la coyuntura por encima de las del largo plazo, como hicieron ahora los británicos.

Por esto es que -mientras se sostiene la importancia de lo social- es vital insistir en los incentivos a la inversión; la relevancia en el mundo; la mejora de la productividad y sobre todo la predictibilidad macroeconómica. Si el interés de los capitales dirigidos a los países emergentes decae, de lo que se trata es de figurar entre las mejores alternativas, con mas liderazgo. Con eso alcanza para sostener el crecimiento que necesitamos.

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