Brasil: hay que calibrar la profundidad del cambio antes de estimar su impacto

Es probable que los mercados reciban con números positivos el contundente triunfo de Jair Bolsonaro. Con una diferencia en torno a diez puntos sobre su rival del PT, Fernando Haddad, no hay duda de que el resultado traduce un primer sentimiento del electorado brasileño: el deseo de apostar a un cambio radical, al instalar en la presidencia a un dirigente que prometió dejar atrás cualquier contacto con el sistema político que gobernó en las últimas décadas.

En su primer discurso, el mandatario electo ratificó algunos principios económicos básicos de su campaña. Aseguró que el déficit fiscal debe ser eliminado lo más rápido posible; remarcó que hay que reducir el tamaño del gobierno federal y ayudar a desburocratizar Brasil y dijo que se relacionará con las naciones más desarrolladas, entre otros conceptos.

Con esos lineamientos, cabe esperar un alivio financiero de corto plazo para la región. Aunque Bolsonaro asumirá recién a fin de año, sus primeras palabras se asemejan más al discurso de Mauricio Macri y Sebastián Piñera, que al de todos los gobiernos de centroizquierda que los precedieron, jaqueados por la corrupción y la falta de resultados. Por eso para evaluar un impacto de mediano plazo hará falta desbrozar un poco más sus primeros pasos. Ahora pesarán las personas y los estilos, porque si el cambio es rápido y la oposición no lo traba, puede crear entusiasmo en las empresas. Cabe recordar que la mayoría de sus votos provino de los estados más ricos, muchos de los cuales ahora pasarán a ser gobernados por partidarios de Bolsonaro. Es probable que el Mercosur cambie, sí, pero hay que recordar que su perfil proteccionista estaba dado por el peso del establishment brasileño en la política exterior.

La gran incógnita aún es cuál será la reacción cotidiana. Dependerá de qué haga el futuro presidente en el frente social, y si acepta que debe gobernar para todos, y no solo para los que lo votaron.

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