U$D

MARTES 11/12/2018
Dólar Banco Nación
/
Merval

Brasil: futuro en vilo por una elite que no deja de tirar de la cuerda

ANDRÉS FERRARI HAINES

Profesor UFRGS (Brasil)/@Argentreotros

http://argentinaentreotros.wordpress.com

1
Brasil: futuro en vilo por una elite que no deja de tirar de la cuerda

Mientras a lo largo de Brasil, en todas las principales ciudades, miles de personas mostraban su indignación por la ejecución violenta de la concejal de Rio de Janeiro, Merielle Franco, unos mil jueces cumplían su anunciada amenaza de hacer huelga el 15 de marzo ante el peligrio de perder unas de sus tantas prebendas, el “auxilio-vivienda” (desarraigo)— cuyo monto supera el ingreso de más del 90% de la población. Estas escenas reflejan el abismo que está separando a gran parte de la sociedad y una minúscula elite que no consigue entender lo que está pasando, pero no acepta perder su lugar jerárquico. En el medio, un grupo también considerable no define su lugar. El futuro de Brasil está en vilo.

A lo largo de 2016 y 2017, había un entendimiento implícito que, dado que faltaba para las elecciones, “el desenlace era postergable”. Pero ahora se entró el año electoral, y lo que se pensó que se disiparía sigue firme en pié: Lula lidera todas las encuestas. En cambio, todos sus candidatos rivales mencionados desde el impeachment a Dilma Rousseff en 2015 han desaparecido, inclusive de la escena pública — salpicados por la voragine persecutoria anticorruptela que ellos mismos pusieron en marcha contra Lula. Así, fue creciendo en la sociedad la campaña ¿“Dónde está la prueba?”. Pruebas que sí surgieron – y continúan surgiendo – contra políticos de la elite contra los cuales el poder judicial nada hace. Al contrario, el implacable” Juez Moro aparecía jocosamente compartiendo veladas con ellos.  Caso emblemático, por ejemplo, el senador Aécio Neves, quien, entre varías denuncias documentadas, la semana pasada se informó que, además, su patrimonio declarado en 2016 había crecido a R$ 8 millones, tres veces su valor de 2014 cuando fue derrotado por Rousseff en las elecciones presidenciales. Las fotos sociales entre Neves y Moro son de las que más han irritado.

El líder del PT en realidad salió más airoso de lo que estaba. Al final, la simple sospecha le sobrevolaba hasta que la incesante persecución no pudo encontrarle hecho alguno. Las condenas a Lula produjeron el efecto contrario: en lugar de liquidar su capital político, convenció a la sociedad que el objetivo detrás del proceso jurídico consiste en impedir su candidatura electoral. En consecuencia, se dejó de pedir la prueba y se pasó a manifestar: “Elección sin Lula es fraude”. El 15 de marzo, por primera vez, su partido convocó a salir a las calles por “LULA LIBRE”. Para el PT, su único plan electoral es Lula candidato.

Con la viabilidad juridica abierta para una prisión inminente, Lula ha mantenido una integridad dificil de imaginar. Si esperaban que cayera en desesperación, Lula, en cambio, entregó su pasaporte cuando se le fue solicitado para evitar “que se fugue”, rechazó desrespetar la decisión judicial y aceptar tranquilamente ir preso “porque soy inocente”. Al tiempo, continuó su actividad política normal. La pelota quedó en manos de ese inentendible sistema judicial y su arbitrariedad para que, por ejemplo, el mismo día que se le negó el habeas corpus a Lula. se lo otorgaron al intendente de Embu das Artes, Ney Santos, acusado de tráfico de drogas, lavado de dinero y asociación con una organización criminal.

La pregunta que surge a todo momento ahora es: ¿lo meterán preso a Lula o no? Que en realidad significa qué pasará si Lula va preso. Seguramente esa incógnita es la principal razón que mantiene a Lula libre simplemente porque nadie lo sabe. Y el tiempo corre, porque en octubre hay elecciones. Si había una esperanza que por aura mediática de “corrupto” Lula perdería votos, no ha sido así. Tampoco hubo una resignación pasiva que implicaría que sus votantes migraran para otros candidatos: ninguno incrementó su porcentual de votos en las encuentas “con Lula inhabilitado”. Lula preso, así, podría signifcar votos para quién él designe — y en mayor caudal.

Para peor, el único candidato relacionado con la elite, Jair Bolsonaro, actualmente diputado por Rio de Janeiro, con la mitad de la intención de votos que Lula, seguramente estará negativamente afectado por la brutal ejecución de la concejal carioca. Bolsonaro patrocinaba crear “el bloque de la ametralladora” en la Cámara y por eso tambien se relacionaba con la intervención militar en Rio de Janiero. Fernando H. Cardoso (FHC) recientemente admitió temer a Bolsonaro al recordar que éste en 1999 había declarado que “sólo se va a cambiar, infelizmente, cuando partamos para una guerra civil, haciendo el trabajo que el régimen militar no hizo. Matando 30 mil, y comenzando por FHC". Pero la propuesta de Cardoso es evitar a Bolsonaro y aceptar la inhabilitación judical de Lula, abriendo espacio para Luciano Huck — un no-político, presentador desde 2000 de un popularismo programa de entrenimientos sábados a la tarde por TV Globo y, por lo tanto, visto como la “salida Collor” de esta elección. Dudando si aceptar o no, Huck se muestra temeroso en aceptar, aunque tiende a manifestar que aceptaría en momentos de aparente fragilidad de Lula. Pero Huck, hasta ahora, tendría 5% de los votos que subirían a 8% sin Lula.

Uno de los tantos carteles que los manifestantes levantaron en los actos en homenaje a Merielli Franco denunciaba: “Matan a quién levanta la voz”. Dificil era imaginar esta situación en Brasil un par de años atrás, cuando el mundo lo veía como país que crecería en importancia para el mundo en este siglo. El proyecto Lula, “la ciudadanía”, siempre consistió en posibilitar que los marginados puedan mejorar sus vidas incorporándose a las reglas de la sociedad brasileña. Reglas creadas por la elite. Lula fue presidente después de haber sido derrotado en tres elecciones. También Merielle Franco era una muestra de eso. Pobre, negra, favelada, joven madre soltera, ganó una beca integral para estudiar en la Universidad Católica de Rio de Janeiro, y después hacer una maestría en la Universidad Fluminense, ambientes en dónde es casi imposible que los frecuente alguien de su origen social. Aceptó el régimen electoral y consiguió ser consejal y busco, con sus reglas, crear una Comisión investigadora de la intervención militar en Rio de Janeiro, cuya acción la sufren básicamente sus pares sociales. Otro cartel durante su sepelio exclamaba: “Vida de negro importa”.

Un estudio de Datafolha revela que Lula concentra votos en la población cuyo nivel de escolaridad llega hasta la primaria, de menor ingreso y en las regiones más atrasadas del país (Norte y Noreste). Bolsonaro, por su parte, atrae más a hombres jóvenes universitarios y de la clase media alta para arriba. Las denuncias de la Folha de São Paulo del aumento patrimonial de Bolsonaro desde que asumió como diputado no alteró su intención de voto. Lula, si bien ganaría un segundo turno contra cualquier candidato, también posee un rechazo de casi 40%. Gran parte de los votantes optaría por no votar a ningún candidato. Aunque el rechazo a los beneficios del Poder Judicial es grande, ese minúsculo grupo de Jueces en huelga representan más que su reclamo inmediato: el abismo que está surgiendo en una sociedad que le cierra la posibilidad de ascenso a los de abajo. También la semana pasada, El País-Brasil publicó una larga entrevista al ex-líder del tráfico de drogas en la Rocinha, Nem, ahora preso, quien dice que volvería hacer lo mismo al contar que debió renunciar a su empleo en la TV por cable de la Globo para enfrentar los gastos médicos de una grave enfermedad de su hija de 9 años, después de frustarse en hospitales públicos: “qué harían en mi lugar?”, pregunta al haber optado por el único camino a su alcance.

Si la población recibe el mensaje que las reglas no pueden servirle, no son para ella, ¿qué camino institucional le queda? Como expresa el profesor de la Universidad de Rio Grande do Sul, Pedro Dutra Fonseca al sitio Tutameia: “se precisa discutir y acordar una salida nacional…si no hay una salida civilizada, va a ser peor, porque se va para el enfrentamiento". El problema, señala, con gran síntesis de lo que muchos en Brasil sienten, es que “la elite detesta al pueblo. Tiene prejuicio de color, raza, nível de ingreso…no se identifica con el pueblo”. Cómo se puede hacer un acuerdo en esas condiciones, pregunta. Ante una población que no procura cambiar las reglas sociales —manifestado en la increible continuidad de la normal vida cotidiana a todo momento — la elite brasileña avanza en la implosión de éstas. Sabe, incluso, que la prisión de Lula contiene esta posibilidad. De esta forma, ningún escenario para Brasil puede ser descartado.

Por otro lado, la elite ha llevado esta situación a una situación tan extrema que es difícil pensar una forma que pueda “retroceder” sin sentirse derrotada. No sólo eso, sino que también este conflicto ha colocado en la mira métodos y situaciones de absurda desigualdad que son inexplicables. Por primera vez en la historia de Brasil, la sociedad cuestiona al Poder Judicial – sus fallos, su arbitrariedad, sus prebendas, sus privilegios, su costo económico; y también el sistema político que “flotaba” impunemente sobre la sociedad brasileña es objeto de sus actos, su corrupción, su amoralidad ideológica. En consecuencia, cada vez son menos los que creen que Lula no irá preso…

Por eso, quizás la Argentina deba comenzar a pensar cómo le afectaría si su gigante vecino cae en el abismo.

Comentarios1
charlyborja2 Borja
charlyborja2 Borja 21/03/2018 06:19:14

Respecto a la última apreciación sobre si Brasil cae o no al abismo. Digo, qué abismo el de la elite al poder o el del populismo al poder?

Más notas de tu interés