Bolivia, sacudida por la violencia, el fraude y un quiebre institucional

El desenlace que tuvo la crisis política en Bolivia encendió una luz de alerta, tanto en los gobiernos de América latina, como en todos los países que tienen un interés estratégico en la región, empezando por Estados Unidos y China. La renuncia de Evo Morales, luego de haber recibido reclamos públicos de parte de jefes de las fuerzas armadas y de seguridad, estuvo a un paso de quebrar el orden institucional. Si no sucedió, fue porque una vicepresidenta del Senado aceptó no dar un paso al costado y evitó la acefalía. No obstante, buena parte de la dirigencia política regional salió a instalar la existencia de un golpe de Estado, en línea con las manifestaciones que hizo el saliente mandatario boliviano. Pero antes de aceptar esa calificación, no hay que pasar por alto el siguiente pronunciamiento: la Organización de Estados Americanos, en representación de todos los gobiernos de América, había expuesto horas antes que había evidencias de fraude en la votación que consagró a Evo como presidente ganador en la pulseada presidencial, y reclamaba una nueva convocatoria a elecciones.

La democracia es una institución que no puede ni debe ser vulnerada. Los países latinoamericanos encontraron la forma de dejar atrás esa etapa negra de su historia política, algunos con más eficacia que otros. Pero está claro que ya no hay espacio para que un sector de la sociedad de cualquier país, gatille una acción cívico-militar que desestabilice a las autoridades vigentes.

Por eso, en el actual contexto de convulsión social que cruza a América Latina, preocupa la reaparición de dos elementos clave: acciones de violencia política radicalizada, y un inusitado protagonismo de fuerzas militares, tanto en Bolivia como en Chile. La combinación de ambas hizo revivir a los peores fantasmas y por eso los episodios que terminaron con el gobierno de Evo dispararon una preocupación creciente.

Las instituciones bolivianas se derrumbaron (también renunciaron las autoridades del Congreso y del Poder Judicial) y si bien la sucesión se puso en marcha, ahora los países de la región -que excepto Cuba, Venezuela y México, no convalidaron formalmente la tesis de golpe- deben ayudar a que los mecanismos establecidos funcionen, para que las nuevas autoridades de transición garanticen una nueva elección transparente.

Para la Argentina, el panorama no es positivo, porque extiende la incertidumbre política a toda la región, en momentos en que por el déficit de dólares el gobierno electo necesitará ayuda internacional para reperfilar la deuda y recuperar el crédito. Lo que puede ser un factor atenuante, es que EE.UU. necesita crear una zona de estabilidad en América Latina, y eso puede repercutir en las instrucciones que reciba el FMI si la convulsión política no cesa.

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