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Bicentenario: mirar el pasado para corregir el futuro

A horas de que nuestro país celebre el Bicentenario de su independencia tal vez sea un buen momento para reflexionar desde dónde venimos y hacia dónde vamos. O hacia dónde queremos ir.
Llegamos a ese 9 de julio de 1816 después de un proceso que comenzó en 1810 y que se coronó en Tucumán con la decisión –trascendental para el futuro de la patria– de romper los vínculos con España y la declaración como nación libre e independiente.
Doscientos años después, tenemos la posibilidad de iniciar un nuevo proceso. Sin necesidad de refundar nada, sólo aprender de lo vivido y corregir todo aquello que nos hizo y hace daño como país.
Días atrás recordábamos a Don Arturo Illia a 50 años de su derrocamiento. Su gobierno, su honestidad y su integridad, son más valorados hoy que en su momento.
Tal vez porque las denuncias de corrupción y los procesamientos de funcionarios públicos del gobierno anterior, que sacuden los medios de comunicación, nos exponen una imagen de país que no queremos ver. Ni queremos ser.
Entonces, lo de Illia aparece como eso que podríamos haber sido.
No debemos resignarnos. Tenemos el potencial para dejar de ser una nación siempre a punto de emerger para transformarnos en un país pujante y en crecimiento constante.
Tenemos la gente y las ideas.
Cambiemos el paradigma y hagamos que los tiempos por venir, sean mejores.
Hagámoslo entre todos, trabajemos juntos.
Retomemos el diálogo y el debate que en la última década habían quedado en desuso. El Congreso Nacional está mostrando ese camino. Hoy, tanto en la Cámara de diputados como en la de Senadores, los proyectos se discuten y se modifican aceptando los aportes de los representantes de todas y cada una de las fuerzas que lo integran. El Presidente y su gabinete también han dado muestras de eso.
Tal vez sea el comienzo de algo nuevo. De ese nuevo proceso. Llevará tiempo, pero hay que intentarlo. Miremos el pasado para corregir el futuro.
En la puerta del Bicentenario se abre una esperanza. Honremos a nuestros próceres y, entre todos, construyamos esa nación que merecemos ser.

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