Aún falta conectar el esfuerzo fiscal con los pedidos de la sociedad al Estado

Las estadísticas fiscales no tienen una gran cantidad de seguidores. Sin embargo, sus números son esenciales, porque mes a mes muestran el tamaño que tiene el Estado -medido por el gasto total en pesos que demanda su funcionamiento- y la diferencia que hay con los ingresos que genera toda la sociedad. De eso se trata el déficit fiscal. Todos los que se quejan de la alta presión impositiva, el alza de las tarifas, la falta de recursos para la educación o la ciencia, deberían tener presente que en los números que difundió ayer el Palacio de Hacienda hay una explicación para casi todas esas inquietudes.

Pero el Gobierno, vale aclararlo, tampoco hace demasiado esfuerzo por conectar las preocupaciones de la sociedad con todo el trabajo que viene haciendo en ese frente. La presentación que hizo Nicolás Dujovne estuvo destinada a mostrar que hay un sobrecumplimiento de las metas prometidas al FMI, y no mucho más. En realidad, analistas y consultores no necesitan la palabra del ministro para saber cómo va el sendero de reducción, ya que prefieren exprimir las planillas sin nada que los distraiga.

Por esa razón, las autoridades deberían pensar también en la Nación Facebook, y mostrar qué pasó con el gasto en los últimos diez años, o cómo el dólar hizo subir los subsidios tarifarios para que no se trasladase todo ese peso a los consumidores (recordar que la diferencia ahora la va a pagar el Estado). Los ingresos tributarios están más flojos, por abajo de la inflación, pero la supertasa consigue engordar el balance de la ANSeS, que recibe más intereses por los bonos soberanos que tiene su Fondo de Garantías. Si el Gobierno no logra transmitir mejor esta tarea, volverá a quedar en manos de aquellos que toman decisiones según lo que haga la Fed, no Dujovne.

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