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MARTES 26/03/2019

Aún es insuficiente la inversión externa directa para el crecimiento

EDUARDO L. FRACCHIA

Director del Área Economía del IAE Business School de la Universidad Austral

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Aún es insuficiente la inversión externa directa para el crecimiento

En 2018, la Inversión Extranjera Directa (IED) fue aproximadamente de u$s 10.000 millones y se estima que la de 2019 será de un número similar. Esta inversión es marginal para influir en el crecimiento del PIB del país.

Los obstáculos locales influyen en muchos casos en este pobre desempeño, como la falta de competitividad sistémica reflejada en la posición del país en el ranking del WEF. Hay temas en los que se ha avanzado, pero efectivamente también inciden la inseguridad jurídica, la falta de marcos regulatorios más claros y la incertidumbre electoral. El año político también genera incertidumbre y si el oficialismo ganase supondría un mayor aliento en el proceso inversor externo.

La situación recesiva de los últimos años no estimula algunos proyectos que exigen naturalmente mayor nivel de demanda. Para algunos sectores, el retraso cambiario potencial -de seguir esta evolución del dólar- puede ser perjudicial.

Habría que ver este tema por sectores. Tienen fuerte potencial inversor el agro, la minería, energía convencional, shale gas y shale oil, energías renovables, servicios modernos, turismo, entre otras industrias.

Sorprende que con el nuevo estilo de la conducción política no haya surgido un proceso de inversión mayor de las multinacionales en nuestro país. El liderazgo inversor de Estados Unidos sigue presente y la novedad en la IED, orientada básicamente a materias primas, es la presencia de China.

A medida que las reformas se vayan encarando a mediano plazo la IED -ya sea por búsqueda de materias primas, de mercado local, eficiencia para conquista de nuevos mercados o búsqueda de activos estratégicos- va a consolidarse con una participación en el producto mayor, más en línea con lo que ocurrió en los 90'.

Los anuncios de inversión claramente tienen su ciclo. En el sector energético es claramente visible. Se van armando los proyectos pero no se nota todavía gran inversión. El caso líder es Vaca Muerta, con gran potencial y con cifras estimadas descomunales de inversión para los próximos años del orden conjunto de 100.000 millones de dólares. La misma y larga maduración se percibe en minería, últimamente con problemas ambientales que obstaculizan el proceso. En el caso de agro, la maduración debiera ser más rápida; se percibe más inversión doméstica pero hay también anuncios de entrada de capital extranjero al sector.

¿Qué pasa en cuanto a la IED hacia Argentina con el gran socio comercial del Mercosur? Hay que tener en cuenta su tamaño de mercado, los marcos regulatorios y la inercia del proceso inversor para presagiar un buen desempeño por parte de Brasil en nuestro país.

Respecto a la IED en el país vecino, las multinacionales son muy activas y su peso en el PIB es relevante, solo superado por Colombia. Los motivos para invertir en Brasil son, entre otros, el entorno estable hace 20 años en cuanto a niveles bajos de inflación, un déficit de infraestructura que fomenta la llegada de capital para obras civiles y el enorme mercado interno. Las inversiones extranjeras están protegidas por un sistema regulatorio razonable, y se trata, además, de un país más abierto y receptivo en los últimos años de la IED.

Es de esperar que en la próxima gestión de Gobierno haya un salto significativo en la Inversión Externa Directa (IED) que estimule y colabore con el proceso de crecimiento argentino.

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