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Argentina y las amenazas del neo-capitalismo chino

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RIABOI Diplomático y periodista

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Argentina y las amenazas del neo-capitalismo chino

En noviembre de 2004, la Embajada China en Buenos Aires se unió a otros testimonios para destacar que el gobierno del difunto Néstor Kirchner había aceptado reconocer oficialmente a su país como economía de mercado. Aunque el hecho no tuvo fundamentos o efectos reales, está registrado en el Memorandum que suscribieron los cancilleres de ambas naciones en el marco de la visita del ex Presidente Hu Jintao. Doce años después Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Brasil, Canadá, India y otros países decidieron asomarse a la misma realidad desde una perspectiva muy diferente. Una parte crítica de los gobiernos que integran la OECD considera un completo desatino aprobar, en este contexto, la obligación que dispone el Protocolo de la accesión de China a la OMC, cuyo ambiguo párrafo 15 establece que el simple transcurso del tiempo habilitaría a que Beijing goce, desde el 11 de diciembre de 2016, del status legal aplicable a una economía de mercado.
Sobran motivos para vaticinar que, de no hallarse una solución negociada, China y sus contrapartes comerciales pueden quedar enfrascadas en un conflicto de enorme calibre. En vista de esos y otros complejos elementos del mencionado entuerto, el autor de la presente columna preparó una reflexión más detallada, todavía inédita, para la Revista Agenda Internacional que codirigen los embajadores Emilio Cárdenas y Atilio Molteni (‘Una fuerte objeción ‘legal’ al capitalismo chino’).

La antedicha reflexión asume tres hechos referenciales. Primero, que algunas contrapartes de China no tienen voluntad política ni disponen de reglas apropiadas para reconocer globalmente el status que se define en el mencionado Protocolo, falencia que no cabe adjudicar a Beijing. Segundo, que China tampoco cuenta con la organización ni el perfil de una economía donde las fuerzas de la oferta y la demanda suponen el principal vector de los niveles de precio, salarios, estímulos a la inversión, políticas medio ambientales y otras decisiones de mercado. Tercero, que los primeros debates oficiales realizados en la UE durante 2016 indican que, si se consintiera un cambio precipitado y desprolijo del actual status económico chino, ello podría derivar en sistemáticos flujos adicionales de importación, a bajo precio, que sólo en el territorio comunitario harían desaparecer entre 188.000 y 3,5 millones de puestos de trabajo (esa última cifra suena a exageración). Similar pronóstico sería trasladable, con pocas variantes, al grueso del planeta. China dispondría de mayor facilidad para inundar cualquiera de los mercados que sean receptivos al aludido comercio, apelando al dumping y los subsidios. Esto explica el apuro con el que la Unión Europea, Estados Unidos y la India vienen realizando consultas a la sociedad civil (stake-holders) antes de elegir el comportamiento con el que enfrentarán semejante atolladero legal, económico y político.

En otro plano, el Comité de Comercio (INTA) del Euro-Parlamento le envió una severa advertencia a la Comisión de la UE, cuyos funcionarios tenían, inicialmente, un enfoque receptivo hacia los intereses chinos. También distribuyó, el 26 de febrero, un informe bastante revelador y con título de editorial: ‘¿Nuevas reglas de Comercio para China? Oportunidades y Amenazas para la UE’.

En estos trabajos el INTA recuerda que China originó alrededor del 80% de las prácticas desleales que la UE creyó indispensable desbaratar. Evocando datos conocidos de la OMC, los anexos del último Informe permiten ver que la Argentina lanzó, entre 1995 y 2014, 75 acciones antidumping contra China, de las que 57 devinieron en medidas efectivamente aplicadas. Con tales antecedentes, nuestro país figura entre los mayores usuarios de las reglas contra la competencia desleal que se origina en esa nación asiática, lista donde sobresalen Estados Unidos, la UE y la India.

Al gobierno del presidente Macri no le queda otra alternativa que entender bien y rápido la envergadura y las proyecciones de este problema; vacunarse contra el sesgado chanto-verso que circula como matriz de ‘corrección política‘ y trazar con inteligencia el fino sendero de los auténticos intereses nacionales. Será mejor que cambiemos.

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