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Argentina necesita una estrategia productiva de largo plazo

Aunque la Argentina cuenta con los recursos necesarios para desplegar actividades de mayor valor agregado y contenido tecnológico subsisten algunas características de su estructura productiva. Se manifiestan en un déficit crónico de las manufacturas industriales que comprometen el objetivo de crecimiento con inclusión social. Por eso, una vez más, nos enfrentamos al desafío de implementar una estrategia productiva de largo plazo que permita aumentar la competitividad genuina, y reducir lafuerte dependencia tecnológica de la industria argentina.
Esto significa que, más allá de la resolución de los problemas de corto plazo, es necesario ir definiendo los pasos que permitan lograr una consolidación del perfil industrial.
Dentro de una estrategia productiva de largo plazo es necesario promover la inclusión social de los sectores más carenciados a través de la implementación de políticas que promuevan su acceso al empleo, ya sea en forma asalariada o a través del fomento de microemprendimientos que tengan acceso al crédito y a otras herramientas que contribuyan a su fortalecimiento
Si bien durante el período 2003-2011 la economía argentina experimentó una fase de crecimiento acelerado, se requiere fortalecer las políticas que se orienten a promocionar la innovación en aquellos sectores donde la Argentina presenta ventajas comparativas potenciales, y a fortalecer la competitividad de las economías regionales y de los sectores con fuertes capacidades de generar empleo.
Por eso un aspecto clave para el desarrollo de políticas productivas post-devaluación en la Argentina plantea la necesidad de promover el fortalecimiento institucional de las áreas del gobierno encargadas de la gestión de las mismas, ya que sobre el sector público recae una importante función como impulsor y coordinador de una estrategia de desarrollo de la competitividad.
Ante el estancamiento que muestra la Organización Mundial de Comercio (OMC), se están consolidando Mega-Acuerdos comerciales como el Transpacific Trade Partnership (TTP) impulsados por Estados Unidos con varios países de la región. Esto, que significa un avance del comercio administrado puede verse complementado por la firma de otro Mega-acuerdo en entre EE.UU. y Europa por el lado Trans Atlántico. La emergencia de los mega-acuerdos ha dividido a América latina ya que en el TPP participan tres países latinoamericanos vinculados a la Alianza del Pacífico: Chile, México y Perú. Ante esa realidad nos hemos encontrado con que la evolución del Mercosur en la última década nos ha mostrado el infructuoso esfuerzo desarrollado en pos de la armonización de políticas y del desarrollo de estrategias productivas conjuntas. La primacía de las cuestiones específicamente comerciales ha llevado a que siempre sobresalgan los reclamos vinculados a la defensa del mercado local respecto de los productos de los países socios. Nos obliga a replantear el futuro del proceso de integración para poder enfrenta en forma conjunta los nuevos condicionantes que nos presenta la realidad internacional.
El intento de relanzamiento del Mercosur será inútil si no es acompañado en la Argentina por una estrategia de desarrollo de la competitividad y de reconversión de la industria que le permita llevar adelante un plan de complementación y especialización con Brasil con vistas a aumentar el comercio intraindustrial. También requerirá de una revisión del arancel externo común con vistas a definir un patrón de especialización para la región en su conjunto.