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Argentina, entre una 'amigable' Hillary y el conservadurismo de Trump

Argentina, entre una 'amigable' Hillary y el conservadurismo de Trump

Bastante se ha escrito tratando de trazar posibles cursos de acción respecto de quién gane la elección estadounidense, tanto en el orden político como económico a escala local y regional. Un eventual triunfo de Donald Trump obliga a repasar cuáles son las diferencias conceptuales entre Trump y Mauricio Macri, que en términos de su visión respecto a la economía global, al menos en el discurso, son diametralmente opuestos.

Por un lado, la consagración de Trump significaría ese volantazo final de un mundo que viene con las luces de guiño puestas hacia el conservadurismo desde hace un tiempo. La clase trabajadora de los países desarrollados parece no estar gozando de los frutos del desarrollo y el descontento toma la forma de un nacionalismo conservador y proteccionista.

En Estados Unidos desde el año 2000 el PBI per cápita creció a un ritmo promedio de 1% anual, mientras que la distribución funcional del ingreso fue cada vez más desfavorable: las remuneraciones al factor trabajo representaban el 64% de los ingresos en el año 2000 (consistente con el promedio histórico) mientras que las estimaciones más recientes marcan un descenso hacia el 60%. Es decir, no está en cuestionamiento la capacidad del capitalismo de generar valor agregado y riqueza sino su distribución.

El nacionalismo creciente con Marine Le Pen en Francia, la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea y algunas manifestaciones anti inmigratorias en el sur de Europa que ya tienen su correlato en la primera caída del comercio internacional (-0.8% segundo trimestre 2016) luego de la segunda guerra mundial, aún con una economía creciendo (aunque poco) a escala global como este año.

Desde el sur del mundo, Cambiemos es una de las pocas fuerzas políticas emergentes que se muestra optimista respecto de la globalización. En este sentido, una eventual victoria del candidato republicano no sería inicialmente positiva para la agenda macrista, intensamente abocada a potenciar las relaciones internacionales con los países desarrollados. De hecho, hubo claras señales en favor de Hillary Clinton por parte de la canciller Malcorra y el mismo presidente Macri.
Las declaraciones de Trump, ciertamente anti inmigratorias, por un lado así como fuertemente proteccionistas por el otro, no parecen alentar la posibilidad de una actitud proactiva respecto de caminos de mayor intercambio comercial en caso de un triunfo del magnate neoyorquino.

No obstante, vale la esperanza de pensar que tal vez estemos ante lo que en 1986 planteó Raúl Baglini como su teorema, indicando que más se acerca un candidato al poder, más al centro tenderá su comportamientos. ¿Puede Estados Unidos darse el lujo de no participar del comercio internacional de bienes cuando producirlos domésticamente tendrían un costo mucho mayor? ¿Puede no recibir inmigrantes que reducen el costo de producción de varios servicios no transables?
Si Trump realmente actuase cómo se propone, las consecuencias para la economía global y por añadidura, para la Argentina, redundarían en pérdidas de ganancias por comercio.

Por otro lado, Hillary Clinton, de larga carrera pública y experiencia internacional, sería en teoría más amigable para el plan del Gobierno argentino. Primero porque es la continuidad del partido que está actualmente en el poder con el cual ya se avanzó y en segundo lugar porque así lo manifestó en su campaña dónde se mostró a favor de la profundización de las relaciones comerciales con sus socios uno de los cuales es Argentina. ¿El teorema de Baglini no podría operar para el caso de la candidata demócrata? ¿Podría revelarse más conservadora de lo que realmente se mostró? Es una respuesta difícil de contestar. Por un lado su estilo es poco versátil y perdería mucho del apoyo logrado aunque si la elección concluye en su favor, pero con resultados ajustados, recibirá presión de una porción de la población que levanta la bandera del nacionalismo y que hoy dividen aquel país de una forma pocas veces vista.

Vale decir que la percepción de los mercados respecto de un posible triunfo de Trump, ha impactado en el precio de los activos, deprimiendo los mismos al tiempo que se ve cierto vuelo a la calidad, con aumentos en el precio del oro y los bonos estadounidenses. Todo ello supone noticias que no son buenas para nosotros al menos en el corto plazo.

Por un lado aumentaría la volatilidad, lo cual se puede complementar con una presión moderada sobre el tipo de cambio y una caída en el precio de nuestros bonos. Esto a su vez implica un aumento en la tasa de interés, lo cual es malo para la inversion. El escaso nivel de participación argentina en el comercio global, así como un volumen de comercio exterior aún pequeño respecto del total del producto, presentan un desafío que a partir del martes que viene puede convertirse en una tarea mucho más ardua si, como dicen, quien triunfa se preocupa más por levantar muros que por construir puentes.

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Comentarios2
Damián Lorenzo
Damián Lorenzo 04/11/2016 06:17:40

Muy bueno

Ricardo Ottonello
Ricardo Ottonello 04/11/2016 01:23:39

Excelente correlación. Este joven profesional es brillante.