Martes  02 de Julio de 2019

Argentina en tres dimensiones

Argentina en tres dimensiones
ALBERTO SCHUSTER
ALBERTO SCHUSTER Director de la Unidad de Competitividad de Abeceb
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Poco a poco nos vamos acercando al momento donde la ciudadanía defina los líderes que conducirán el país en los próximos cuatro años. Se ha agregado como factor multidimensional el acuerdo arribado recientemente con la Unión Europea.

En función de ello Argentina puede ser analizada en tres dimensiones: el inmediato, el de mediano plazo y el que corresponde a un horizonte más estructural y de largo plazo.

El inmediato

Como he expresado en mi nota anterior la opción de la ciudadanía y que afectará en forma clara muestro futuro, es la elección entre dos modelos: uno que pretende desarrollarse en un marco de libertad, con los riesgos que ello implica, o volver a un sistema dirigista, estado-céntrico, prebendario y que está considerando el acuerdo con la Unión Europea como "una catástrofe".

Esperemos que la ciudadanía elija un modelo que le permita estar inserto en el mundo competitivo.

El mediano plazo

El gran desafío será como retomar una senda de crecimiento económico después de casi una década perdida, ganando así gobernabilidad, generando empleos en el sector privado y evitando un mayor deterioro del nivel de vida de los ciudadanos. No es razonable esperar que el sector público sea un generador de empleo, así como tampoco que una estrategia basada en exacerbar el consumo no choque con restricciones de financiamiento del déficit externo resultante.

No podrán tirarse por la borda los ajustes, y el costo social generado, realizados en los precios relativos, que son esenciales para el equilibrio fiscal y para posibilitar un factor clave para el futuro de nuestra sociedad: su competitividad. El desafío será crecer sin volver a deteriorar los fundamentos fiscal y externo de la economía. Cualquier deterioro en estos factores no será financiable. Es impensable no poder solucionar en un horizonte de pocos años un problema del siglo XX y que en este siglo no hemos podido solucionar: la inflación.

La economía va a que terminar de ajustarse a sus posibilidades de generar divisas genuinas y ello implica mejorar la competitividad cerrando así el déficit de la balanza comercial y pasando a lograr un superávit sostenible. Solo así podremos manejar las necesidades relativas a la deuda existente y, necesariamente, la adicional.

El crecimiento, deberá provenir de un incremento significativo de las inversiones en capacidad productiva, tal vez ayudado por una renovada confianza derivada del acuerdo con la Comunidad Europea. Una mayor competitividad implicará generar un "ecosistema" que permita a las empresas invertir más, exportar más y defenderse de las importaciones en un marco de respeto a las normas del comercio internacional.

Hará falta para ello incrementar la profundidad y velocidad de las reformas estructurales: previsional, impositiva, laboral, de calidad del gasto y modernización el estado etc; y ello se logra generando los consensos políticos necesarios.

En materia de competitividad, de los preceptos cuyo análisis no es objeto de esta nota, un el factor común que caracteriza a todos los países competitivos es la calidad de su capital humano.

Cuando se analizan los ránkings de competitividad del World Economic Forum, los veinte países más competitivos son: Suiza, Estados Unidos, Singapur, Holanda, Alemania, Hong Kong, Suecia, Gran Bretaña, Japón, Finlandia, Noruega, Dinamarca, Nueva Zelanda, Canadá, Taiwán, Israel, Emiratos Árabes, Austria, Luxemburgo y Bélgica. Todos ellos con un promedio de ingreso per cápita anual de 49 mil dólares. Entre 137 países, Argentina se encuentra en el puesto 92; asimismo tiene un ingreso per cápita que no llega a un cuarto del generado por estos 20 países. Nótese que muchos de ellos son integrantes de la Unión Europea o de su zona de influencia.

En el ránking de capital humano del WEF todos ellos presentan valores altos. En cuanto a la calidad del capital humano de Argentina, la situación es bastante mejor que lo que demuestra su competitividad e ingreso per cápita: entre 130 países detentamos el lugar 52.

Puede así afirmarse que nuestro stock de capital humano es mejor que la calidad de nuestros gobiernos, lo cual avizora la posibilidad que una mejor macroeconomía y calidad de gobierno, permita hacer florecer la capacidad del sector privado, hoy ahogada por una presión fiscal inusitada derivada de un gasto público alto y sumamente improductivo. Pero, con clara preocupación en su mantenimiento y mejora, deberíamos distinguir la foto de la película. Pese a que tenemos aún una buena base, según el último informe del Barómetro de Deuda Social de la UCA, al 2018, la pobreza afecta al 52% de los niños y adolescentes. A su vez, de este universo, un 29% tiene déficit alimentario. Está comprobado que el nivel de conocimiento de los alumnos está relacionado con el nivel socioeconómico de los padres. El nivel de desempleo ha alcanzado al 10% de la población económicamente activa y que el 49% de ella se ocupa en tareas informales de bajísima productividad. Un verdadero problema.

El largo plazo

Es probable que, basándonos en la renovada confianza arriba indicada, una macroeconomía estable y apalancándonos en sectores de ventajas comparativas: agro, agroindustria, energías convencionales y renovables, minería, biotecnología, turismo y servicios basados en el conocimiento, podríamos lograr en los próximos cinco años un crecimiento anual entre el tres y cuatro por ciento.

Pero para lograr que ese crecimiento sea sustentable y creciente en los próximos veinticinco años, la clave será nuestra capacidad de innovación y para ello hay que trabajar fuertemente en la reconversión y mejora de nuestro capital humano, para adaptarlo a las futuras necesidades de la producción y los servicios, donde se combinarán la robótica, la inteligencia artificial, la economía basada en datos y otra serie de tecnologías disruptivas. Puesta en perspectiva ésta debería ser "la" política de estado. Un buen número de países ya se encuentran trabajando en programas para mejorar su productividad y pondrán a prueba nuestra capacidad futura de desarrollo.

Es por ello, y volviendo al principio, el acuerdo con la Unión Europea presenta para nosotros oportunidades hasta hace una semana impensadas. Es cuestión de saber aprovecharlas.

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