Argentina, Venezuela y los Derechos Humanos

Hace algunos años ya, escribí una columna para este medio que llevaba el mismo título. La vigencia de aquel artículo nos interroga sobre el uso de los derechos humanos como una herramienta ideológica más que como un principio que guía nuestra política exterior. Sabemos que la permanente erosión a la que se vio sometida la democracia venezolana ocurrió a la vista de todos. Cuando en marzo de 2013 fallecía Hugo Chávez, dejaba un país que, habiendo despilfarrado los ingresos que el alto precio del petróleo le había proporcionado, no había logrado superar los enormes problemas sociales y económicos, llevando a una inflación, escasez y estancamiento que el gobierno de su delfín Nicolás Maduro no ha hecho sino agravar. Este desmejoramiento sistemático de las condiciones de vida de la población resulta indiscutible y, si a eso le sumamos el COVID19, el panorama resulta poco alentador.

Durante estos años, Amnistía Internacional manifestó su preocupación por la situación de los derechos humanos en Venezuela, denunciando la espiral de violencia, el acoso a periodistas y el abuso y violación de los derechos humanos. El reciente informe de la ONU “demuestra que las autoridades del Estado -tanto a nivel presidencial como ministerial- ejercían poder y supervisión sobre las fuerzas de seguridad civiles y militares, y las agencias identificadas como autoras de las violaciones y crímenes documentados . La misión constató numerosos actos de tortura e identificó al menos nueve formas utilizadas para perseguir y humillar opositores: “Las torturas y los malos tratos generalmente se llevaban a cabo durante los primeros días de la detención, antes de la comparecencia inicial ante el tribunal, mientras que las personas detenidas permanecían incomunicadas. Muchos ex detenidos también fueron testigos de la tortura de otros detenidos no políticos en las instalaciones del SEBIN .

El documento señala que “la misión ofrece un panorama general de sus conclusiones con respecto a las ejecuciones extrajudiciales, las desapariciones forzosas, las detenciones arbitrarias y la tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes, cometidos en el país desde el 2014 . Sí, desde el 2014. En recientes declaraciones, la Argentina ha rechazado este informe según lo expresado por el embajador argentino en la OEA, Carlos Raimundi, quien además señaló que Maduro está bajo una “arbitraria presión internacional .

Como sabemos, durante los años del Proceso, Venezuela colaboró con muchos argentinos que debieron exiliarse y fueron organismos como la CIDH los que dieron luz en una época tan oscura de nuestra historia. Habiendo vivido aquellos años, nos lega un compromiso que no puede resignarse ni limitarse a la mera demagogia, menos aún, callarse por intereses espurios. Las violaciones a los derechos humanos y a las libertades básicas deben ser denunciadas. Es hora de que Argentina haga honor a su compromiso y abandone la postura ideológica que no hace sino dejar en duda dicho compromiso y su uso a conveniencia. Esto es un grave peligro del que debemos tomar nota, no hay dictadores buenos y dictadores malos, no hay una “apreciación sesgada de lo que son las violaciones a los derechos humanos y lo que no. Lamentablemente, la Argentina hoy se encuentra muy lejos de ser un faro en la defensa de los derechos humanos en la región.

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