Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Apuros al llegar de vacaciones

Imagen de DANIEL MUCHNIK

DANIEL MUCHNIK Periodista

1

Recién vienen de la semana o los quince días de vacaciones y comienzan a pedir, con ansiedad, cuentas y explicaciones al nuevo gobierno. No está mal que lo hagan, que busquen mayor tranquilidad, pero es imposible lograrlo ya mismo. Y mucho más cuando muchos de los funcionarios que ingresaron con Mauricio Macri no encontraron despachos propios en varias semanas.


Pero somos argentinos en una sociedad que pide y reclama y no tiene paciencia, pero que poco aporta en conocimiento de la gravedad existente. Que no profundiza en detalles y cree que todo se reduce a apretar un botón rojo y todo lo malo desaparece. Como en el cine. O peor aún, no entiende en qué estado económico, político y social se encontraba la República, antes que juraran las autoridades que hoy buscan bajar línea.


En eso, la verdad surge con estridencia, pero, al mismo tiempo, con evidente falta de reflejos. Uno de esos malos reflejos, fue no exigir un arqueo de caja. Es fácil recordar, porque sucedió a fines de diciembre pasado , que el grupo político que encabezaba Macri, solicitó toda la información decisiva a los que se estaban yendo. ¿Qué hizo Cristina Fernández? Muchos subordinados a Cristina y Cristina misma no abrieron los archivos, como el comportamiento ético lo exigía, en todas las áreas de la Administración.


Si se hizo sin que la sociedad lo supiera fue un error no darlo a conocer con bombos y platillos. Lo mismo le pasó al presidente Raúl Alfonsín. En el primer gobierno democrático tras una Dictadura Militar especialista en exabruptos y maldades los radicales no hicieron balance. Cuando se dieron cuenta ya los acosaba a los radicales una inflación de 400% y una deuda externa de u$s 35.000 millones, resultado, aunque en parte, de las compra de armamento para los militares que querían sentirse fuertes en el conflicto con Chile. En la disputa, que giraba en torno del Canal de Beagle, dilema de fronteras, a la Argentina le faltó minutos para ir a la guerra. Del otro lado de los Andes los chilenos estaban esperando a los belicistas, para frenarlos. Después vinieron las acciones en las Malvinas, donde se compraron cohetería y armamento variopinto de última generación. Sólo la intervención del Papa llevó la calma a la frontera.


Quizás Macri concluya que no es útil mirar el pasado, cuando en los hechos ese pasado no lo deja vivir en paz en el presente. Un balance, un arqueo, llámese como se llame es imprescindible. Ya, cuanto antes. Hay problemas serios en todas las áreas, responsabilidad de la administración cristinista, que no se pueden revertir de inmediato, cuando uno quiera, sin producir consecuencias imprevisibles.


Los cambios que prometió Macri en campaña electoral todavía no empezaron. Están, allí, en el candelero, la reducción urgente del déficit fiscal junto con la alta inflación. Y, como si fuera poco, conseguir inversiones del exterior, obtener dólares (con préstamos o por otros medios), negociar la temible pelota de los holdouts, concluir con subsidios mentirosos (que alojaron una frecuente línea de corrupción) echar a los que lucran con el Estado, limpiar de ñoquis las oficinas públicas.


El gasto público creció un 90% en los gobiernos de Kirchner y señora. Refleja todo ello el mantenimiento de una irrealidad. Ese crecimiento del gasto es típico de un gobierno populista, igual a los que venimos teniendo desde hace una década, que es amparar, dar a todos, incluso a los que no necesitan porque son cercanos o amigos del poder o simplemente porque son especialistas en medrar del Estado. Siempre manejándose con irresponsabilidad cuando se tienen fondos del Estado. O dando pasos en la ilegalidad y a conciencia. Todo ello, juntos, en momentos de vacas gordas, cuando las commodities argentinas conseguían mercados con valores muy redituables.


Como de otra manera no se puede acabar con el agobio de las clases medias y de los trabajadores el Gobierno ha propuesto compensaciones -se verá si resulta o si pueden compensar la perforación de la inflación-. Una salvaguarda de la imagen del Gobierno sería la modificación en el Impuesto a las Ganancias que en estos momentos es un impuesto al trabajo, cuando en sus orígenes era el gravamen que pagaban solamente los ricos.
Pero, por sobre todas las cosas, tiene que tener fuerzas como para ir frenando la inflación que muerde los bolsillos y demuele los ahorros.


En cuanto a la inflación, los precios cuidados terminan siendo una burla. En algunos casos ha habido una cadena vertiginosa de aumentos de productos imprescindibles. En muchísimos casos esos incrementos no son evidentes como consecuencia de la devaluación. Son, más que nada caprichos y avivadas lamentables de algunos empresarios que le pegan fuerte a artículos necesarios en el hogar. No es entonces consecuencia del déficit fiscal, aquí no incide la responsabilidad del Estado sino la actitud de los empresarios que pretenden no trastabillar cuando las aguas vienen agitadas. Se cubren, medran, abusan.


Esto sucede en tiempos de paritarias. Todos los gremios están pidiendo 30% y más aún. Otros bastante más. Si la inflación no cede los trabajadores pedirán nuevas paritarias en el corto plazo. Lo cual se convertirá en un tenso transcurso de los días.

Más notas de tu interés

Comentarios1
Están Espiándote
Están Espiándote 28/01/2016 10:53:10

Cristina fue clara: Defender los derechos con los dirigentes a la cabeza O CON LA CABEZA DE LOS DIRIGENTES. Si se defiende solo al que tiene trabajo y el Estado NL se retira ¿AL DESOCUPADO, AL DESPEDIDO, QUIEN LO DEFIENDE? ¿Vuelve el histórico piquete?