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Apertura comercial indiscriminada, vieja receta para un mundo nuevo

A partir de las declaraciones del nuevo ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, se abre nuevamente un debate interesante respecto a la vieja receta, ya aplicada en otras épocas en nuestro país, que consiste en subir las importaciones para ‘intentar’ bajar los precios de los bienes finales.
Resulta llamativo que Dujovne no tome en cuenta la experiencia del año 2016, en donde está política ya se implementó parcialmente y la inflación, lejos de bajar, se duplicó. Por citar solo algunos ejemplos, en el sector de marroquinería, las importaciones subieron un 31,5% en unidades respecto al año 2015; en calzado aumentaron un poco más de un 20%, respecto al mismo periodo; y en el sector textil, subieron casi un 40%, las importaciones de prendas terminadas. Valores similares se verificaron en casi todos los sectores productivos de nuestro país y, sin embargo, hemos tenido una inflación del orden del 40%.
Asimismo, las pymes no han trasladado a precios todos los aumentos que han sufrido sus procesos productivos ya que, paralelamente, han tenido una caída del consumo, medido en unidades, en un promedio de 25% a 30% respecto al año anterior.
En esta disputa de sentido común, se ha instalado la idea de que los sectores productivos pretenden un cierre de las importaciones y se dice, falsamente, que "no se podía seguir con la economía cerrada". Lejos de querer abrir una discusión teórica, resulta muy elocuente revisar los fríos números de los despachos de aduanas de productos que entraron en 2015 comparado con el 2016 para verificar que las importaciones nunca estuvieron cerradas o prohibidas. Por citar sólo el sector de la marroquinería, en el año 2015 entraron a nuestro país 28.377.000 unidades, mientras que en 2016 ingresaron 37.241.000. Es decir, se importaban más 28 millones de productos de marroquinería y pasamos a importar casi 9 millones de unidades más, en un mercado interno en recesión.
Los sectores productivos nunca planteamos que haya que cerrar las fronteras, sino que buscamos que el Estado administre el Comercio Exterior como lo hacen en los principales países del mundo que cuidan a sus industrias y los puestos de trabajo.
Estamos viviendo un contexto de caída internacional del comercio, donde lo que está sobrando son productos terminados, y esos excedentes de producción van a ir directo a los países que decidan abrir ingenuamente sus fronteras y, en esos casos, no solo se perderán industrias sino miles de empleos.
El 2016 ha sido un año signado por las suspensiones y la pérdida de puestos de trabajo; pero si se observan detenidamente los números de desempleo del INDEC se verifica que, a pesar de todos los inconvenientes que sufrieron las pymes de todos los sectores, la mayoría realizó un esfuerzo enorme por sostener las empresas y los puestos de trabajo.
Si la única receta que se pretende utilizar para bajar los precios es abrir aún más las importaciones perderemos empresas, empleo y, por supuesto, el mercado interno del que vivimos la mayoría de las pymes; pero además desaprovecharemos la oportunidad de discutir cómo se forman los precios en la Argentina, porque el hecho contundente es que en el 2016, subiendo las importaciones, subió la inflación y esto es porque la formación de precios en nuestro país está dada por la concentración de los insumos básicos, por la intermediación (supermercados, shoppings, cadenas de retail, etc.), por los costos financieros, por las promociones de los bancos, y por la gran carga impositiva, nacional, provincial y municipal que sufren las Pymes.
La gran mayoría de los países industriales ha decidido fortalecer sus mercados internos, por eso las ideas del nuevo Ministro de Hacienda son antiguas y, claramente, nos marcan un destino como país exportador únicamente de productos primarios. Quienes apostamos por un país desarrollado y con crecimiento creemos que el camino de la Argentina es otro.