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Ante un mundo más incierto, un rumbo claro

José Urtubey Vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA)

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Ante un mundo más incierto, un rumbo claro

El mundo que comienza con la asunción esta semana de Donald Trump promete ser más impredecible, y nos obliga a tener muy claro el rumbo de nuestra inserción económica si no queremos, más temprano que tarde, ser presa de los vaivenes que vendrán.

Más allá del personaje, Trump representa una tendencia más general que pone un freno a la globalización y que va a intensificar las disputas comerciales y políticas en los países centrales, más notoriamente entre la potencia mundial y la potencia emergente: Estados Unidos y China.

Durante todo el año pasado hicimos hincapié en que era peligroso para países como Argentina concederle a China el estatus de economía de mercado, ya que pondría en peligro la implementación de los mecanismos legales dentro del comercio internacional para cuidarnos de prácticas comerciales desleales.

La decisión, correcta, del gobierno nacional de no dar ese reconocimiento se vuelve más importante en el escenario que viene. Si, como promete Trump, Estados Unidos aumenta su proteccionismo, los productos chinos que hoy van a ese mercado buscarán otros horizontes. China exporta casi 500.000 millones al año, casi todo un PBI argentino.

Pero además de estar atentos a esos flujos, es importante que entendamos la lógica que va a guiar a las potencias en este nuevo momento de la historia. Trump ganó las elecciones prometiendo volver a traer a los Estados Unidos el empleo industrial que se fue en las últimas décadas en busca de mano de obra más barata.

El resultado de ese proceso de deslocalización fue que la clase media estadounidense, estimada según ingresos, cayó desde el 61% de la población en 1971, el 54% en el 2000 y está ahora por debajo del 50%. En China el proceso fue exactamente inverso: su clase media era apenas el 4% de la población urbana en el año 2000 y hoy son más del 70%.

Sea democracia republicana como Estados Unidos o régimen de partido único como China, los gobernantes de todos los países sostienen su legitimidad si mejoran la calidad de vida de la gente. Y tanto en China como en Estados Unidos entienden claramente que es el empleo industrial de calidad, asociado a cadenas de producción locales y globales que generen valor, el que logra aumentar sustancialmente esos niveles de vida.

Un país como Argentina no puede ser simplemente espectador de este nuevo proceso, y la defensa no es suficiente para poder superarlo airoso. El gobierno por ahora solo ha tomado nota de los cambios que también se vienen en el mundo financiero, que ha sido desde la asunción del Presidente Macri la prioridad de la gestión. Por eso se apura, con buen tino, a cubrir las necesidades financieras de este año antes de que las posibles políticas de Trump hagan subir las tasas de interés mundiales y hagan más caro el crédito.

Pero también es importante que terminemos de definir cuál va a ser el perfil productivo argentino, y busquemos acuerdos y políticas para hacerlo realidad. Solo así podremos negociar los términos de nuestra inserción internacional con claridad. Ese horizonte tiene que ser industrial.

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