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Alerta salarial: paritarias en base a inflación vs aumentos por productividad

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JULIÁN A DE DIEGO Profesor Titular Ordinario de Derecho del Trabajo de la U.C.A.

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Alerta salarial: paritarias en base a inflación vs aumentos por productividad

El Gobierno Nacional necesita tiempo parta demostrar que el índice de inflación experimente una secuencia regresiva, y que del 4 o 5% mensual se transite gradualmente hacia el 0 (cero) mensual. Esta demostración requiere de un mínimo de tres meses, y es por ello que se están trasladando las paritarias a abril o mayo de 2016, con un ajuste de un 15% para el primer semestre, y otro 10% para el segundo, atando una parte a la productividad.

En otros términos, si la inflación no cede, es poco probable que se pueda implementar un subsistema de salarios, que son ingresos fijos, sin volver a caer en el deterioro del signo monetario frente a la escalada de los precios, sobre todo, de los que se refieren a los productos de consumo de primera necesidad, unido a las tarifas.

Los dirigentes sindicales más representativos creen que la negociación salarial es un ‘as de espada’ en esta partida de truco, para mantener y para preservar su protagonismo en el escenario laboral nacional, incluyendo la puja dentro de la interna del Partido Justicialista. En ese sentido, los intereses sindicales no son compatibles con el plan de económico del Gobierno Nacional, pues no están dispuestos a ceder en su búsqueda incesante de un ajuste superior a los índices inflacionarios como única alternativa.

Para el Gobierno Nacional es un desafío tratar de introducir a los distintos gremios en un ajuste regresivo del salario y que los nuevos parámetros estén ligados a la productividad. En este sentido, existen posibles excepciones dentro de las actividades que están creciendo o que primero se beneficien con las nuevas condiciones del mercado. Esta heterogeneidad complica el cuadro general, porque la mayoría se rige por lo que lograron los demás sindicatos, y todo luego gira en torno a esos parámetros sumado al poder de fuego, al poder de daño, con el que cuente cada gremio en el momento concreto de la negociación salarial.

Para el sector empresario, la reacomodación de los precios por efecto de la devaluación y salida del cepo cambiario, solo puede volcarse al costo laboral si mejoran los indicadores que conforman la productividad.

Cualquier forma de anomalía que pueda darse que se traduzca en un ‘salariazo’ para equiparar las pérdidas, provocará un nuevo efecto inflacionario y un nuevo retroceso en el camino del crecimiento y del desarrollo.

Por ende, de aquí hasta abril habrá que transitar con paso firme no exentos de cuidados, prevenciones y precauciones. Si hay algo que ha caracterizado a los dirigentes sindicales en procura de sus objetivos, ha sido sin dudas su astucia, su habilidad, y su disciplina para negociar sin prisa y sin pausa.

En lo que hace al accionar sindical, el Gobierno deberá cuidarse con máxima cautela, porque generalmente utilizan los precedentes como excusa para dar lugar luego a aumentos que son insostenibles para que este importante componente sea compatible con otras medidas anti-inflacionarias.

La resistencia sindical no será además caprichosa, el desborde de algunos precios hoy está golpeando fuerte el poder de compra de la canasta básica, y afecta con mayor intensidad a los ingresos más bajos, que hoy son los que están debajo de los $ 10.000, y representan casi el 60% de la población activa registrada. Por ende, la clase trabajadora y la clase media baja y media reclamarán a sus empleadores y a los gremios que les compensen la pérdida de su poder de compra, con prescindencia de la situación económico-financiera de su empresa y del contexto económico local. En otras palabras, los líderes sindicales harán honor a una de sus frases emblemáticas: "Con el dirigente a la cabeza o la cabeza del dirigente".

La puja de los salarios no tendrá como eje la relación con el Gobierno Nacional ni el curso de la economía, sino su propia subsistencia y su propia prevalencia. El crisol que se ha construido dentro del Ministerio de Trabajo permite observar a las distintas facciones en cierto equilibrio, pero no están ‘unidos ni revueltos’. En realidad la CGT de Hugo Moyano parece irreconciliable con la CGT legal de Caló, y en forma pendular opera la CGT de Luis Barrionuevo como la Federación de Sindicatos del Transporte. Las dos CTA de Yansky y de Miccelli están perdidas pero cumpliendo su papel opositor apoyando a los sindicatos y agrupaciones más radicalizadas. En síntesis, el frente sindical está pasando por uno de sus peores momentos, y parece que seguirá así contribuyendo a su segmentación y su crisis actual.

El escenario pone en evidencia la necesidad de la unidad del movimiento obrero en una CGT única, liderada por un dirigente moderado y dialoguista como Héctor Daer (Sanidad) y una tregua de dos años, para posibilitar la construcción de un nuevo horizonte sobre nuevos paradigmas. Como en lo inmediato parece no ser posibles, se recurre a engendros que terminan provocando incertidumbre, y que no contribuyen ni suman valor.

Si no hay descuidos, y parece que ahora ya han aparecido al gunos, el Poder Ejecutivo podrá desarrollar su plan sin contratiempos en el plano laboral o sindical. Si se filtran acuerdos salariales asistemáticos, todo el plan estará comprometido y caerá el plan contra la inflación que padecemos.

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