Alberto y la ofensiva K: cuando la economía sufre, la política mete la cola y aflora la ambición de poder

No hay tapabocas en el seno del poder, ni distanciamiento posible del camino elegido. El kirchnerismo se encargó en los últimos días de hacerle llegar ese mensaje al presidente Alberto Fernández, al recordarle que no debe apartarse de los preceptos que sostiene su compañera en el Poder Ejecutivo. En definitiva, llegó a la jefatura de Estado ungido por la propia Cristina Kirchner, y la profunda debacle que experimenta la economía le impidió hasta el momento, si es que alguna vez lo pensó, construir un poder propio.

Quizá, esa posibilidad está solo en la mente del grupo de dirigentes propios que lo acompaña en la empresa presidencial y fogonea el lanzamiento del espacio albertista para los próximos días, o en la de aquellos integrantes del círculo rojo que desean que el Presidente dé ese paso para contrarrestar el poderío K. Pero el primer mandatario, preocupado por evitar fisuras en tiempos de cuarentena y crisis sanitaria, prefiere esquivar esa idea y mostrarse como un equilibrista capaz de dialogar con todos. Y hasta reacomodar sus palabras si el discurso o sus acciones no tienen el efecto buscado, como en el caso Vicentin, en el de la posición argentina sobre el régimen chavista o en su reciente encuentro con los empresarios del Grupo de los 6.

Es posible que ese último acercamiento, ocurrido el 9 de julio, haya sido el detonante del malestar K, por la ausencia de representantes afines a su pensamiento y el resquemor sobre el armado futuro. El Presidente sabe que necesitará del sector privado para salir de la depresión económica y que el esperado rebote del año próximo no solo se concrete, sino que establezca los cimientos de un futuro más estable. Pero no todos comulgan con la misma idea en la coalición gobernante y mientras el plan no se conozca, los intereses de los diferentes sectores se mantendrán en pugna.

En el horizonte, asoman las elecciones del año próximo y es claro que cuando la economía no camina, la política hace su parte. Por ello, será vital la resolución de la negociación con los acreedores externos para determinar cuál será el destino de la gestión. Si se alcanza un acuerdo, será menos arduo el camino para intentar una recuperación en la pospandemia, con el aval del FMI. En caso contrario, el pozo será más profundo y la posibilidad de una radicalización de la gestión cobrará vigencia. De allí, que ya sobrevuelen entre filas kirchneristas rumores de cambio de jefe de Gabinete o de ministros en áreas claves, como la de Energía, que deberá lidiar con un cuadro de tarifas congeladas, administrar el valor del combustible y el delicado yacimiento de Vaca Muerta, aún hoy una de las pocas esperanzas para obtener recursos.

Parte de un tironeo que crece en la medida en que la crisis se expande, la urgencia se torna costumbre y el calendario de noticias positivas mantiene los casilleros vacíos.

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