Alberto, entre el desafío de construir una identidad propia o comandar el tercer kirchnerismo

Pragmático por excelencia, el presidente electo que asume el próximo martes sabe que el diálogo se impone como una condición clave para encarrilar su administración desde el inicio.

La Argentina transita por nuevos aires políticos. El desenlace electoral terminó por sepultar la aspiración reeleccionista de Mauricio Macri, que se convirtió así en el primer presidente -reforma constitucional mediante- en no conseguir un nuevo mandato pese a desearlo, a la vez que selló el desembarco en la cumbre del poder de Alberto Fernández al frente de una heterogénea y muy compleja alianza, y en medio de un escenario económico marcado por las crecientes dificultades y la incertidumbre.

Justamente esas condiciones políticas y económicas imponen límites a las expectativas que genera la nueva gestión de gobierno mientras que profundizan la inquietud acerca de la capacidad real de Alberto para convertirse en el piloto de tormentas que la realidad demanda.

Y más allá de las complicaciones de una economía golpeada y por el piso, es palpable que las dudas más dramáticas se ciernen sobre el terreno de la política: la verdadera distribución de poder puertas adentro de la nueva coalición gobernante y la magnitud del compromiso dialoguista del presidente electo con los sectores opositores.

Su voluntad para superar la dialéctica establecida por ‘la grieta’ es, a esta altura, solo una promesa que depende del éxito o fracaso de sus objetivos más urgentes.

Pragmático por excelencia, Alberto sabe que el diálogo se impone como una condición clave para encarrilar su administración desde el inicio.

Las elecciones dejaron al Frente de Todos sin la posibilidad de conformar un gobierno de mayorías y quedó forzado a negociar adhesiones de fuerzas provinciales para lograr el visto bueno de la Cámara de Diputados a sus principales iniciativas. El Congreso será, además, una postal bastante fidedigna de la polarización que divide aguas en la sociedad argentina: mientras que el nuevo oficialismo dominará a sus anchas el Senado. Entonces el Presidente deberá mostrar en ese marco la firmeza de su compromiso en la búsqueda de consensos, especialmente para hacerse de las leyes urgentes que reclamará su gestión para intentar comenzar a normalizar el escenario de la economía.

No es un dato al pasar: el ejercicio de diálogo legislativo constituye también una prueba importante en el afán del sucesor de Macri de estructurar una mesa de concertación social tripartita con empresarios y gremios para acordar decisiones de política económica que posibiliten contener expectativas y ofrecer una salida a la recesión y aceleren el retorno a una senda de crecimiento.

El otro gran desafío político que atravesará Alberto en los próximos meses se vincula estrechamente con la definición de su propia identidad. Y, en consecuencia, del juego de poder en la estructura de la alianza gobernante. ¿Es el Frente de Todos una tercera versión del kirchnerismo o el retorno del peronismo más pragmático al poder? Por ahora el Presidente ha optado por hacer equilibrio entre ambas alternativas y ofrece gestos para los que comulgan en uno u otro proyecto. Alarga una definición, aunque Cristina y la realidad le marcan que está en tiempo de descuento.

Este artículo fue publicado en la Edición 111 Aniversario de La Visión de Los Líderes

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