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Al blanqueo todavía le falta una hoja de ruta tributaria de más largo plazo

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HERNÁN DE GOÑI Director Periodístico

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El blanqueo de capitales nunca estuvo en los planes originales de la administración de Mauricio Macri. Si bien todos los cambios de gobierno suelen ser proclives a la idea de hacer borrón y cuenta nueva, el actual tenía una lista enorme de prioridades para atender. La salida del cepo cambiario y el arreglo con los holdouts acapararon los esfuerzos iniciales, así como la rebaja de las retenciones y la adecuación de las tarifas.

Pero luego surgió la necesidad de fijar una política de fondo para el financiamiento del sistema previsional, afectado por el fallo de la Corte Suprema que le podó a la ANSeS 15% de los recursos que recibía de la recaudación del Impuesto a las Ganancias. En esa misma mesa quedó expuesta la necesidad de ajustar los haberes jubilatorios a los criterios que el máximo tribunal había fijado al menos seis años atrás. Y en ese tablero se resolvió hacer una apuesta paralela: el pago de los juicios a los jubilados (que demandará un enorme esfuerzo fiscal) y la posibilidad de crear un salto en los ingresos, con la exteriorización de aquellos bienes que los argentinos ocultaron durante años al fisco, por desconfianza o directamente por evasión.

El Gobierno se fijó un plazo relativamente amplio para permitir el ingreso al blanqueo, con la idea de quienes entren primero tengan algún beneficio que no estará disponible para los últimos. Pero para que la adhesión no esté sustentada solo en la coyuntura fiscal internacional (el intercambio de datos de los organismos recaudadores del mundo no es poca cosa), todavía debe esbozar un mapa tributario de más largo plazo. Si espera recibir confianza, lo primero que debería hacer es completar las tareas necesarias para ganársela. Una comisión ya empezó a trabajar en un rediseño impositivo. Es de esperar que al menos sus objetivos sean públicos en un plazo relativamente corto. Con tener buenos propósitos no alcanza.