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Administrar la transición

MATÍAS CARUGATI Economista Jefe Management & Fit

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Administrar la transición

A comienzos de la gestión de Mauricio Macri la necesidad de un giro rotundo en la política económica era de los pocos consensos alcanzados por los analistas. La economía se encontraba estancada en torno al mismo nivel de 2011. Con una inflación de dos dígitos por más de una década, Argentina exhibía el triste privilegio de figurar en los primeros puestos del ranking de inflación mundial. Y, por si fuera poco, el sostenido deterioro de las finanzas públicas culminó en 2015 con el mayor déficit en décadas, forzando un cambio de rumbo para evitar una crisis.

Donde no hubo consenso es en las medidas a tomar, su secuencia y la velocidad de su implementación, debate que dejamos para otra ocasión. Lo cierto es que los primeros meses de gestión fueron abocados a la normalización de los aspectos considerados más urgentes, incluyendo la eliminación de distorsiones (retenciones) y regulaciones (cepo cambiario), la corrección de precios relativos (tipo de cambio y tarifas) y la recuperación del acceso a los mercados (holdouts). El paquete de reformas tiende a incrementar la productividad mientras que la devaluación mejora la rentabilidad y competitividad en los sectores productores de bienes transables. El éxito de estas medidas debería verse reflejado en un repunte del crecimiento liderado por la inversión privada y las exportaciones. Pero ello demorará en ocurrir.

La visión optimista de mediano plazo para la oferta agregada choca contra un panorama pesimista a corto plazo para la demanda agregada. La política económica es contractiva, en línea con la prioridad asignada a reducir la inflación. El encarecimiento del crédito afecta al consumo privado, que ya viene golpeado por la erosión de los ingresos reales post-devaluación y suba de tarifas. Por otra parte, la moderación del gasto público, necesaria para reducir la asistencia monetaria del BCRA al Tesoro, también resta potencia al nivel de actividad. Las exportaciones combinan el empuje del agro con la debilidad de las ventas industriales a Brasil. Y la inversión privada, aún cuando se vea alentada por la salida del default y un mejor "clima de negocios", tardará algún tiempo en reactivarse. En suma, el panorama para los próximos meses es algo sombrío.

Hilando ambas historias podemos decir que la situación económica empeoraría antes de mejorar. El asunto es que la agenda social tiene demandas concretas y exige respuestas rápidas. La sociedad reconoce que Mauricio Macri recibió un país con numerosos problemas pero también comienza a responsabilizarlo por los efectos inmediatos de sus decisiones. La valoración de la gestión de Cambiemos en los tres distritos más relevantes (Nación, CABA y provincia de Buenos Aires) cayó en el transcurso de abril. Y la preocupación por problemas que afectan directamente a la economía familiar, como la inflación y el desempleo, se mantiene elevada, apenas mitigada debido a los crecientes reproches por la corrupción (lo cual es otra señal del deterioro económico).

El arte de gobernar es una cuestión dinámica y sujeta a las presiones de la coyuntura. Por eso es que el Presidente decidió implementar un paquete de medidas sociales para ‘saltar el bache’ entre un corto plazo tormentoso y un mediano plazo (supuestamente) más soleado. Las iniciativas pueden dividirse en tres ejes. El primero implica la universalización de los ingresos a la niñez (ampliación de asignaciones familiares). Un segundo eje comprende el refuerzo directo de ingresos (devolución de impuestos, pagos extraordinarios, aumento de programas sociales). Y el tercer eje involucra iniciativas para mejorar la situación laboral en los segmentos formal e informal.

La consigna de fondo es administrar la transición y las tensiones que surjan de una sociedad preocupada, unos sindicatos en estado de alerta y una oposición (¿por ahora?) fragmentada. Es muy temprano para saber si alcanzará sólo con este paquete de medidas pero el gobierno parece estar focalizado en amortiguar el impacto negativo de su estrategia económica hasta que la situación mejore. Esta es la clave: que el cambio de rumbo se materialice y cuanto antes. En este sentido, quebrar la dinámica de la inflación será la batalla más importante en los próximos meses, ya que en materia de actividad el 2016 no aportaría noticias como para festejar.