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Acuerdo con China: las trampas de la urgencia

Acuerdo con China: las trampas de la urgencia

Desandar el camino de las actuales negociaciones con China refleja un problema recurrente de nuestra historia: la consolidación de un modelo de desarrollo que le permita a Argentina superar los cuellos de botella del corto plazo. Hoy, nuestro país está a punto de subsumir la soberanía productiva de largo aliento en pos de una urgencia que mezcla restricción externa y una lectura errada del mundo multipolar en el que nos desenvolvemos.
Argentina es un país con historia y presente industrial: exportamos al mundo no sólo granos o alimentos elaborados, sino también tubos sin costura, turbinas, reactores nucleares, obras de ingeniería con fuerte desarrollo local y tenemos numerosas posibilidades para incrementar las exportaciones de alta complejidad. En este sentido, resignar el poder de compra del Estado para promover producción, ciencia y tecnología que empujen al país hacia la frontera tecnológica es renunciar a un proyecto nacional de desarrollo.
Contrariamente a lo que indican los trazos gruesos de un Plan Nacional de Desarrollo, la adjudicación directa a empresas de origen chino desplaza la posibilidad de producción argentina, haciéndonos imposible el afianzamiento del entramado productivo local y la consecuente destrucción de los empleos de calidad que el sector productivo genera. En un contexto donde el desempleo alcanza a más de 1,4 millones de argentinos y al menos otros 4 millones de compatriotas se encuentran en una situación de empleo precario, asumir la inevitabilidad del acuerdo con China empeorará estas cifras.
Como antecedente inmediato pueden revisarse las experiencias de China en el continente africano. Allí se han visto duramente perjudicados los trabajadores de países como Angola o Nigeria, que han sido relegados por los 280 mil y 100 mil trabajadores –respectivamente– que las empresas chinas utilizan en sus emprendimientos. Las consecuencias de largo plazo han sido la precarización de los trabajadores africanos y el desfasaje en la competencia desigual, en cuanto a salarios, con trabajadores locales. En muchos casos, las estrategias de China han incluido ingresar con salarios muy por debajo del precio del mercado, generando conductas de dumping en algunos sectores
Y si el foco se pone en nuestro continente, puede advertirse que existe la posibilidad de que estos acuerdos se planteen de manera favorable para países como Argentina. Brasil, por ejemplo, presenta términos mucho más justos y equitativos en su negociación con China. En materia ferroviaria, Brasil pacta condiciones mucho más cercanas al mutuo beneficio, con estudios prospectivos sobre necesidades y difusión de la tecnología. Mientras que en nuestro caso, estaríamos otorgando prioridad de compra a la contraparte China en los procesos de licitación de obras de infraestructura.
La relación con China implica también una mirada regional, una que nos permita negociar desde las fortalezas que tenemos. Concretamente, hacer que el comercio interregional vaya del actual 25% al 40%, porque de esa manera será posible desarrollar el potencial interno y ponerlo en juego a la hora de entablar este tipo de negociaciones. Contamos con el 25% de la proteína vegetal del mundo para transformarla exportando valor agregado, y el 55% de las reservas mundiales de litio en la región para desarrollar el futuro carburante de la industria automotriz. Estos dos ejemplos se encuentran dentro de un conjunto amplio de oportunidades que peligran si negociamos con China desde la debilidad de la urgencia.
Actuar en función de nuestro desarrollo es una tarea impostergable, eso implica rever la actual estrategia con la que se encara la relación con China. Transitar nuevamente los callejones sin salida de la restricción externa es una trampa de la que ya conocemos sus consecuencias: pérdida de puestos de trabajo, relegamiento del empleo de calidad, postergación del desarrollo tecnológico y científico, asimetrías regionales en el país y la imposibilidad de agregar valor, entre otras. Evitar esta recurrencia es el primer paso para ingresar en un proyecto de desarrollo sustentable y de largo plazo.

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