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Acostumbrándonos a los cisnes negros

La victoria de Donald Trump en las presidenciales de Estados Unidos constituye lo que se conoce como "cisne negro". Por un lado, fue un evento altamente improbable ex ante; con el establishment mediático jugando en su contra como nunca había sucedido en ninguna campaña y las encuestas, dando como amplia ganadora a Hillary Clinton.

Otra característica de estos eventos es que son bastante racionalizados ex post, vistos en retrospectiva: ahora se habla del evidente descontento de los norteamericanos con el político convencional encarnado por la candidata demócrata. Finalmente, fue un evento que tuvo impacto tanto en los mercados bursátiles y cambiarios de manera inmediata y cuyas consecuencias de mediano y largo son todavía imposibles de anticipar con certeza.

Fue el cisne negro más impactante del año pero no el único: el Brexit tampoco había sido anticipado y terminó provocando alta volatilidad y movimientos desordenados en los mercados financieros. Ante este viraje nacionalista la alarma acerca de eventuales cisnes negros en el horizonte como Marine Le Pen en Francia y Boris Johnson en Gran Bretaña, sigue encendida. Sin embargo, hablar de cisnes negros anticipados es un oxímoron: su característica fundamental es que son eventos altamente improbables.

Lo ocurrido hasta ahora podría llevarnos a concluir que estamos en un mundo en el que los nacionalismos conservadores se fortalecen en desmedro de las social-democracias en los países de Occidente. En este marco, esos potenciales cisnes negros que mencionamos se deberían ir tornando más bien en el color natural de aves que ya no serían tan raras.

No obstante, este cambio de régimen hacia un mundo más conservador no es algo certero sino una conclusión en base a pocas observaciones de una realidad que percibimos parcialmente a través de escasas señales, algunas de las cuales pueden estar siendo mal interpretadas y conducirnos a conclusiones erróneas.

Con la información disponible no podemos pensar en términos de un modelo conocido donde la incertidumbre pasa por las distintas probabilidades –cuantificables– asociadas a los distintos estados del mundo conocidos en el futuro (riesgo en términos de Frank Knight).

No sabemos ciertamente qué tanta holgura tendrá el próximo líder de los Estados Unidos (que asume en tan sólo dos meses) para cumplir sus promesas de campaña y si realmente está decidido a hacerlo, ni mucho menos cuáles serán sus consecuencias en el orden internacional.

Esta exacerbación de la incertidumbre fundamental hace que las reglas de decisión de los agentes se empiecen a resquebrajar. La imposibilidad de poder planificar los eventos futuros lleva a los agentes económicos a tomar distintos caminos para elaborar su toma de decisiones. De no confiar más en sus propios juicios acerca del futuro, un agente puede seguir el comportamiento convencional, es decir, ver qué está proyectando el resto y copiarlo.

El problema con los cisnes negros es que justamente ocurren cuando las encuestadoras, medios de prensa y mercados fallan a lo grande y su poder predictivo se pone en tela de juicio. Siendo optimistas podemos pensar que estamos en un proceso dinámico, donde los mercados en su conjunto aprenden de los cisnes negros. En los últimos días los mercados han ido en favor de una expansión en los Estados Unidos, ¿cuáles podrían ser los drivers?

Las promesas de mayor gasto en infraestructura sumado a recortes impositivos de llevarse a cabo estimularían la economía norteamericana, mejorando los beneficios esperados de las empresas (todo lo demás constante).

Respecto de la tasa de interés de Estados Unidos podrían decirse varias cosas. En principio, ya se venía tanteando un leve aumento de tasa de interés para diciembre independientemente del ganador de las elecciones. Pensando en las consecuencias de este paquete de estímulos de Trump, en una economía próxima a su producto potencial (el nivel de producto consistente con el pleno uso de los factores productivos) como la norteamericana generarán una presión sobre los precios. Como la inflación norteamericana se encuentra próxima al 2% que tienen por meta, un eventual recalentamiento de precios llevará a la FED a subir los tipos de interés de referencia de política monetaria.

Por otro lado, el aumento del gasto y la caída de impuestos se traducen en un mayor déficit fiscal que será financiado con deuda del Tesoro. El aumento de oferta de deuda se traduce en una disminución de su precio, o lo que es lo mismo, un aumento de la tasa de interés.

Las principales dudas vienen del lado comercial. Las Cadenas Globales de Valor tienen a Estados Unidos como un nodo principal dentro del proceso de producción mundial. Una eventual guerra de tarifas podría desencadenar consecuencias de escala inimaginable que impactarían en la estructura y volúmenes del comercio y la productividad laboral a nivel global. Si hay un cisne negro del cual cubrirse sin dudas ese debería ser el mas importante.

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Comentarios1
Damián Lorenzo
Damián Lorenzo 22/11/2016 06:45:32

Muy claro todo