‘Acá mando yo’, en eso tampoco cambiamos

Juega el partido pero no acepta el resultado. Cual nene caprichoso, cuando el equipo de enfrente se organiza y logra su cometido, reclama faltas que no existen y se lleva la pelota.

El 29 de agosto, tras varios intentos fallidos, la Comisión de Intereses Marítimos, Fluviales, Pesqueros y Portuarios de Diputados aprobó los dictámenes de mayoría para las Leyes de Marina Mercante e Industria Naval, una normativa que desde hace tiempo reclaman al unísono todos los actores del sector y que, con diversas excusas, el oficialismo se empeñaba en postergar. No estaban siquiera en el orden del día, pero aprovechando un quórum que les venía siendo esquivo, la diputada Marcela Passo, del FR 1País, propuso el tratamiento de los proyectos sobre tablas, que finalmente fueron aprobados.

El optimismo, no obstante, duró poco: el viernes de la misma semana Emilio Monzó, titular de la Cámara, anuló el dictamen argumentando una (inexistente) violación al reglamento, en una maniobra administrativa tan ridícula como desprolija. Horas antes, el Presidente, en su discurso por el Día de la Industria, escrachaba ante las cámaras a un empresario del sector. En eso tampoco cambiamos.

La Argentina supo tener a mediados del siglo pasado la flota mercante más grande de Latinoamérica y una de las más modernas del mundo. Pero décadas de destrucción y olvido la transformaron en lo que es hoy: una actividad relegada y subocupada que lucha por sobrevivir.

La falta de una visión integral en materia de transporte y logística hizo y sigue haciendo que se desconociera el valor fundamental de una modalidad que tiene mucho por ofrecer en un país tan extenso como el nuestro y que cuenta con tan importantes vías navegables. El perjuicio trasciende con creces los límites del sector y llega inadvertidamente hasta la economía cotidiana.

¿Hay acaso consciencia del impacto positivo que ocasionaría el reactivar esta industria de industrias? ¿Tomamos dimensión del círculo virtuoso que tendría lugar a partir de la generación de nuevos puestos de trabajo genuinos, el impulso de otros sectores conexos, el efecto sobre las producciones regionales, la disminución de costos, la repercusión en los precios que pagamos por los bienes que consumimos? ¿Por qué no pensar que esos brotes verdes podrían empezar a surgir también desde armadores y puertos nacionales?

Comprendiendo su rol estratégico, los diferentes actores del sector vienen trabajando desde hace tiempo para dar forma a un proyecto consensuado que permita encender los motores de esta industria. Gremios, armadores, empresarios, políticos, todos. Aquí no hay grieta. La verdadera grieta es la que se da frente a unas autoridades gubernamentales que desoyen esos reclamos y carecen de criterio para priorizar necesidades.

Hablamos de reconstruir el sistema de transporte en forma planificada y en pos del desarrollo. El Gobierno finalmente debe dejar su tabla de Excel y la coyuntura electoral, para así asumir el rol de gestor e impulsor de políticas públicas reales de mediano y largo plazo. Un rol que le es propio e indelegable. El martes se había dado un primer paso en ese sentido. Para el viernes retrocedieron dos.

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