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A seis décadas del Tratado de Roma

A seis décadas del Tratado de Roma

Hace sesenta años, el 25 de marzo, se firmaba en Roma el Tratado que daba origen a la construcción política que hoy conocemos como Unión Europea.

Lo firmaron entonces seis países: Alemania, Francia, Italia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo. Fue el origen de lo que hoy conocemos como la ‘Europa de los Veintiocho’ que próximamente serán de Veintisiete.

La construcción europea, ha sido un instrumento muy útil valioso en varios sentidos. Ha mostrado que la unidad política puede ser eficaz para evitar las guerras que durante siglos asolaron el continente europeo. También para integrar pueblos, promoviendo el intercambio humano en todos los niveles desde el turismo hasta la ciencia. Ha permitido no sólo generar espacios económicos comunes y promover el intercambio comercial, sino también crear una moneda común (el euro) en gran parte del continente.

Para América del Sur, que el politólogo francés Alan Turaine consideraba "el extremo occidente pero el occidente al fin", ha sido un proceso que ha generado constante atención por varias razones. Lo fue para la ALADI, o más cerca en el tiempo, la Comunidad Andina de Naciones, el Mercosur y Unasur, en cuya construcción y desarrollo el modelo europeo fue permanente fuente de inspiración.

El 60º aniversario del inicio del proceso de unidad europea, que inicialmente tuvo como prioridad la construcción de un mercado común, tiene lugar en momentos complejos para el mundo y difíciles para la construcción de una Europa unida.

El nacionalismo se ha revalorizado dentro de los países y fuera de ellos. El estado nación que muchos pensaban iba a extinguirse delegando su soberanía en estructuras supra-nacionales, readquiere fuerza y protagonismo en todo el mundo. En Asia, África, Europa y América, el nacionalismo es una fuerza política que los líderes a veces usan y otras sufren. La globalización económica que se pensaba iba a llevar hacia un mundo más justo, está en debate por no haberlo logrado más allá de la notable reducción de la pobreza que ha tenido lugar en Asia y otras regiones emergentes del mundo. Las redes sociales que se pensaba iban a ser una fuerza incontenible para diluir los nacionalismos, hoy son utilizadas no sólo para exacerbar el nacionalismo, sino para exaltar los sentimientos antagónicos hacia la inmigración.

La cuestión hoy es que el apoyo y la oposición a la Unión Europea, parecen definirse en función del nacionalismo y el anti-nacionalismo o entre estados soberanos u organismos supranacionales.

Superar antinomias

Revisando las definiciones de los grandes líderes occidentales en los comienzos de la construcción europea de post-guerra, vemos que no hay entonces un antagonismo entre ella y las naciones.

Un nacionalista británico como Winston Churchill, llega a proponer los ‘Estados Unidos de Europa’, a semejanza de los EE.UU. Un nacionalista francés como Charles De Gaulle, habla de ella como ‘La Europa de las Patrias’.

En conclusión, conciliar el espíritu y propósitos del Tratado de Roma, con la vigencia de los estados naciones, quizás sea el desafío más concreto que hoy enfrenta la Unión Europea.

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