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¿A qué Estados Unidos va Macri y qué se puede esperar del vínculo bilateral?

MARCELO ELIZONDO Especialista en negocios internacionales, director de ‘DNI’

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¿A qué Estados Unidos va Macri y qué se puede esperar del vínculo bilateral?

El filósofo Nicolás José Isola sostiene que la política es un juego que gana quien ocupa espacios y se apodera de palabras. Fue eso lo que hizo el entonces candidato Donald Trump en 2016. Pero en 2017, siendo ya presidente de EE.UU., Trump no anuncia aranceles contra productos chinos (tuvo una relevante reunión con Xi Jinping), no despotrica contra México (tuvo una importante conversación con Peña Nieto), no considera obsoleta a la OTAN ni deja en manos del resto del mundo la solución de problemas internacionales. La política en la era de la postideología se basa en dar sentido.

¿A qué Estados Unidos va entonces Macri? A la principal economía mundial (18,5 billones u$s de PBI de un total de 74,5 mundial), segundo principal exportador de bienes (9,1% del mundo) y primer importador (13,9%) y deficitario comercial crónico (u$s 800.000 millones). Y también al primer exportador de servicios (15,4% del mundo) y a la vez primer importador (10,2%), con superavit de u$s 250.000 millones (más del 80% de su PBI son servicios) y por ende especializado en intangibles, innovación, ingeniería, conocimiento productivo (que deslocalizó manufacturación cumpliendo con la ‘smile curve’ que proclama Stan Shih).

Más allá del ‘Border Tax Adjustment’ aún por definirse y el mantenimiento del tradicional rol de activador de regulaciones no arancelarias (en el mundo los aranceles cuestan cada vez menos y en promedio cayeron a la mitad en 20 años; mientras las regulaciones no arancelarias crecieron 70% y fue EE.UU. el más activo en esta materia), en tal economía internacionalizada no es esperable una reforma neoproteccionista radical. Por caso, en el grupo de las principales 2000 empresas exportadoras en EE.UU. están los principales importadores (emplean 14 millones de trabajadores y explican 60% de las importaciones de EE.UU.), y entre los 1500 principales importadores la mitad son los mayores exportadores de EE.UU.

Ante ello, para Argentina (explica solo alrededor del 0,3% del comercio internacional de EE.UU. en el que Canadá, México, China y Japón son los países que generan más flujo comercial) las relaciones comerciales bilaterales guardan margen para negociaciones inteligentes que deberían apuntar a objetivos estratégicos, más que a reclamos de corto plazo (dice Bob Vause que la estrategia consiste en plantearse metas, escoger medios y cuantificar resultados).

Las exportaciones argentinas a EE.UU. (3er mayor mercado) han crecido (son 7,7% del total), desde u$s 3433 millones (2015) a u$s 4484 millones (2016), aunque la balanza bilateral es deficitaria y las importaciones desde EE.UU. (12% de total) superan a las exportaciones pese a que se han reducido en 2016 (u$s 6985 millones comparadas con u$s 7700 millones en 2015). Las principales exportaciones argentinas a EE.UU. son químicos, alimentos elaborados, metales y luego vegetales y material de transporte. Y las principales importaciones son bienes de capital (máquinas y aparatos), químicos, y minerales.

Cuotas o cupos en algunos productos, nuevos consensos específicos por algunas materias (a través de preferencias arancelarias o acuerdos en normas no arancelarias o de facilitación) pueden ser logrados entre los gobiernos. Y además pueden preverse mejoras en el ingreso de empresas argentinas a las cadenas de proveedores de grandes corporaciones: son estadounidenses 54 de las 100 empresas más grandes del mundo (las 11 empresas más grandes son estadounidenses) y el comercio mundial opera dentro de cadenas transnacionales de valor (80% del comercio global) que explican (entre las multinacionales y el comercio trasfronterizo con sus proveedores) casi 25% del producto bruto mundial.

Pero más allá de ello, es en el plano de la atracción de inversiones donde pueden preverse más avances. Además de ser el principal receptor de IED en el mundo (u$s 385.000 millones en 2016), EE.UU. es el principal inversor extranjero (casi u$s 522.000 millones en 2016) y en la recepción de IED hay una prioridad de las relaciones internacionales del gobierno argentino. Además EE.UU. es hoy el principal inversor en Argentina (unos u$s 21.500 millones de stock de inversión, lo que implica 27% del total de acervo de inversión extranjera) y allí parece haber compatibilidad de propósitos.

¿Qué esperar entonces? Pues que esta visita probablemente no definirá saldos pero puede marcar rumbos.