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Debe haber responsabilidad para que la campaña no deje una factura tan alta

La parte más difícil del escenario que viene no le toca a la sociedad sino a los candidatos. Es que más allá del resultado de la elección del próximo domingo, hay una responsabilidad colectiva que no puede (no debe, en todo caso) ser eludida. El cambio de reglas que se avecina instaló un escenario de incertidumbre de tal magnitud, que disparó acciones de cobertura de todo tipo. Con una creciente dolarización de ahorros, todas las variables corren detrás y habilitan un riesgo considerable: que en algún momento se cruce una línea de no retorno y cualquier corrección que se intente sea insuficiente.

En la política argentina, lamentablemente, el diálogo es visto como sinónimo de debilidad. Los candidatos no pueden tener contacto entre ellos. Menos tener algún tipo de vínculo personal entre ellos. Como si no compartieran la necesidad de negociar y acordar políticas públicas. Pero falta una semana para la elección, es momento de cierres de campaña y todos tienen la cabeza en lo que pasará el domingo. Para ocuparse del lunes primero tiene que haber un ganador o ganadora.

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La mochila más pesada la carga Sergio Massa, porque eligió mantener su rol de ministro de Economía y candidato, con lo cual está forzado a defender un día a día que, en sus planes, iba a tener otros desafíos. Un dólar en alza que arrastre a los precios era casi una fija de este escenario, pero no con el ritmo de suba actual. El oficialismo nunca imaginó que Javier Milei, el ganador de la PASO, iba a impulsar abiertamente una salida de los depósitos en pesos del sistema financiero (lo que equivale a empujar la demanda de dólares) y vaticinara una hiper para los próximos meses. "Se viene el estallido", posteaba ayer el libertario en sus redes. Nada de calma para esta recta final.

Milei dibuja sus propuestas (la dolarización y su plan motosierra, para mencionar los más populares) con un trazo tan grueso y tan incierto, que le facilita a sus rivales la tarea de diferenciarse, remarcando que se tratan de saltos al vacío. Pero hoy ese temor, que ya se convirtió en parte de la estrategia electoral del oficialismo y de JxC, también genera un daño colateral creciente. Más allá de los infinitos controles, la variedad de dólares para exportadores y la caza de brujas lanzada sobre la City, ¿el camino del blue a $ 1000 se puede deshacer? Debería, porque nadie duda de que estamos en presencia de un overshooting, una sobrerreacción que en algún momento deberá nivelarse. Pero de eso no se habla. La cuenta regresiva hoy solo apunta al escrutinio.


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