Opinión

Lula, un presidente de viaje sin brújula

Hace algunos días, luego de la Asamblea Anual de la ONU, escuchaba el podcast GPS de Fareed Zakaria. Allí, el periodista entrevistaba al presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, sobre la situación de la guerra y las oportunidades de encontrar una salida pacífica.

En un momento, Zakaria le pregunta sobre Lula da Silva y su intento de encontrar una salida pacifica a la guerra mediante una iniciativa de cese de hostilidades y una especie de negociación de 'status quo' de los territorios ocupados por Rusia en el este de Ucrania, así como de la península de Crimea anexada por Rusia en el 2014.

Zelensky fue muy categórico en su respuesta. Le aseguró que esa negociación es impracticable, no solo debido a que se derramó demasiada sangre de sus compatriotas para defender esos territorios que pertenecen a Ucrania, sino que además no tiene confianza en el presidente Vladimir Putin, consideró que su palabra no vale nada y dio como ejemplo la muerte de Prigozhin, líder del grupo Wagner, quien hasta hace muy poco era la mano derecha del presidente ruso y falleció de manera misteriosa en un accidente aeronáutico en el interior de Rusia, luego de que Putin dijera públicamente que había decidido perdonar a su aliado por su intento de insurrección.

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Esta entrevista se realizó en Nueva York horas después del encuentro que tuvo Lula con el propio Zelensky, reunión que el presidente ucraniano le venía negando a Lula en varias ocasiones a lo largo del año, por considerarlo abiertamente pro ruso en su entendimiento del conflicto. Lula, sin embargo, en su intento de regenerar su imagen como líder del Sur Global, y restablecer el status que supo tener hace mucho tiempo atrás, ha desarrollado una agenda internacional intensa que sin embargo hasta ahora no ha rendido ningún fruto concreto.

Por otro lado, como expresa el propio Mangabeira Unger, quien fuera ministro de Asuntos Estratégicos del gobierno Lula, en su etapa dorada, en una entrevista hace pocos días, Lula en esta tercera versión repite un modelo que impide el avance del país. Él lo llama una unión entre "pobrismo" (distribución de 'limosnas' a través de programas de asistencia) y "rentismo" (el dominio de la industria financiera sobre la producción). Y remata diciendo que "el presidente Lula parece no estar interesado en Brasil. Parece que es más agradable viajar al extranjero y asistir a esas reuniones donde pronuncia discursos tediosos".

Luego de casi dos meses de viajes por el mundo, en su primer año de gobierno, el presidente Lula busca restablecer la imagen de Brasil en la arena internacional. Esta estrategia liderada por Celso Amorim, se ha encuadrado en un esfuerzo por aparecer en foros internacionales con su antiguo discurso defendiendo el fin del hambre y la desigualdad en el planeta, pidiendo a los países ricos que ayuden a naciones como Brasil a cuidar el medio ambiente, aumentando las donaciones a Fondo del Amazonas, o repitiendo que la ONU y las organizaciones multilaterales deben reformar sus sistemas de gobernanza.

Pero al mismo tiempo generó polémica y malestar en Occidente su posición sobre la guerra en Ucrania, incluso sugiriendo (luego retrocediendo) que tanto ese país como Rusia tenían las mismas responsabilidades en el conflicto.

Esta frenética agenda internacional de Lula parece tener dos objetivos personales principales, en primer lugar, rehabilitar su imagen de estadista internacional, que quedó manchada por las condenas (ahora anuladas) que tuvo a raíz de la operación Lava Jato y, en segundo lugar, intentar en el plano externo terminar su carrera política como un líder reconocido y, si es posible, recibir el Premio Nobel de la Paz.

Sin embargo, como se observa en el impacto de sus discursos en los medios globales, sus posiciones no han logrado generar consensos, principalmente en un asunto tan complejo y alejado de Brasil como es la guerra en Ucrania, donde su imagen sigue atada a la de Putin debido a sus posiciones ambiguas. Pero también, se observa una orientación errática en su estrategia de posicionamiento ya que, al inicio de su mandato, Lula volvió con la formula del combate al hambre y miseria, pero luego se reorientó a la agenda ambiental y todo ello en el marco de buscar intervenir sin éxito en la guerra de Ucrania.

Esta última versión de Lula no logra encontrar su lugar en un mundo que cambió profundamente en los últimos quince años. El periódico francés Le Monde, expresa muy claramente estas contradicciones al afirmar en su editorial que "Lula demostró su inconsistencia en la cumbre del G20 donde por un lado expresó su admiración por Gandhi en su lucha política heroica en India, pero al mismo tiempo se apuraba a invitar a Putin, quien llevó muerte y desolación a Europa, a venir a Brasil para la cumbre del G20 del año próximo".

El mundo ha cambiado debido a la pandemia, la guerra en Ucrania, el ascenso de China e India como jugadores globales, los Estados Unidos fracturados internamente, Occidente sin un norte claro, y una revolución tecnológica sin precedentes. Esto genera un nuevo lienzo donde delinear una política exterior acorde a las nuevas restricciones e incentivos de la arena internacional. El presidente Lula con Amorin, parecen estar anclados a viejas ideas que si bien les resultaron exitosas en el pasado, hoy son obsoletas, no generan elevada atención, sino que además, cosechan rechazo del liderazgo global.

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