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Un pedido a los políticos que creen que hacen falta acuerdos: salir del closet

La exposición que el expresidente español Felipe González ofreció ayer a un selecto auditorio de empresarios, políticos del oficialismo y la oposición, dirigentes sindicales y economistas, actuó como un espejo para la realidad argentina. Dejó al desnudo la mezquindad de una dirigencia que está convencida de que hace falta un acuerdo para poner en marcha la Argentina, pero no se anima a defenderlo en público.

González, como viene haciendo desde que dejó de ejercer cargos políticos, vino una vez más a mostrar la hoja de ruta que recorrió España para dejar atrás los años duros de la dictadura de Franco. "Moncloa significa que no queremos volver a las andadas", sintetizó. Por ese entonces, la península ibérica sufría una inflación de 27% (no pudo evitar una sonrisa al pronunciar la cifra, por lo escueta que resulta frente a la desbordante realidad doméstica), y el acuerdo permitió que empresarios y gremios aceptaran negociar en base a la inflación prevista y no la pasada, como mecanismo para "frenar la galopada". Hubo también una devaluación de casi 10% y un aumento de las naftas de 25%. A la distancia, el ajuste parece una audacia. Pero como señaló el invitado, "el temor responsable no es mal consejero".

Hoy el modelo español no está exento de problemas ni del extremismo político que reina en el mundo entero. Para que el diálogo fluya, no obstante, la primera regla que aconseja González es dejar de usar las palabras como puñales. "El que grita impone el disenso, pero no hay que trasladar el griterío a la sociedad. Lo que nos piden es que nos pongamos de acuerdo", porque la crisis de gobernanza de la democracia representativa la causa la ineficiencia de los dirigentes. "La democracia -añadió- no garantiza el buen gobierno, garantiza que echemos a los malos gobiernos".

Para no quedar preso de los antagonismos, hay que habilitar un espacio de centralidad (no de centro) y no dejarse arrastrar por el discurso demagógico, planteó González. "Seguimos discutiendo entre un Estado mínimo y un Estado interventor: yo prefiero un Estado Ipanema, sin un gramo de grasa pero que no permita que se vean los huesos", dijo con picardía.

La Argentina no necesita perder tiempo, concepto que Felipe ya conversó con Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta (en breve espera hacerlo con Cristina). "No hay que perder tiempo, pero eso tampoco implica correr". No se puede hablar de pacto antes o después de las elecciones, porque siempre hay elecciones. Por eso es imprescindible definir un horizonte de país más redistributivo y sustentable. La oportunidad está a la mano.


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