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La puja estéril de una economía en rojo: para tener estabilidad se necesita sanear las cuentas

La acumulación de desequilibrios que experimentó la economía argentina a lo largo de las últimas décadas dejó expuesta una estructura tan endeble que, como quedó claramente expresado hoy, cualquier intento por acomodar mínimamente alguna de las variables despierta una disputa entre los diferentes actores que compromete a sus débiles cimientos.

Pero está claro que luego de atravesar un tiempo de extrema volatilidad como el vivido apenas el mes pasado, con la salida de dos ministros de economía de por medio, la Argentina necesita apuntalar las bases y avanzar con sumo cuidado en las correcciones necesarias para salir del delicado momento que atraviesa. Y un camino para ello es tomar conciencia real del estado de las cuentas y los múltiples frentes que se deben atender.

Con números en rojo por un problema fiscal irresuelto, que incluye alto endeudamiento y escasez de reservas, los argentinos se enfrascan en la pelea por una distribución de fondos que no hay y el debate en torno a la segmentación de tarifas, en el marco de un escenario de alta inflación y pobreza, es una muestra de ello.

Desde el sector financiero, por caso, no faltaron los informes que observaran en las primeras horas del día que la magnitud del recorte de subsidios no era suficiente como para dar una señal de ajuste y ordenamiento que los inversores interpretaran positivamente. Sin tener en cuenta el mayor impacto en los precios que tendría en lo inmediato cualquier ajuste extra.

Al mismo tiempo, las organizaciones sociales colapsaron la ciudad de Buenos Aires en reclamo de todo lo contrario: incrementar el gasto del Estado para afrontar la inflación con asistencialismo. Sin pensar en que esa acción aumentaría la emisión monetaria y, por ende, también se vería un rápido traslado a los precios.

Y los gremios, al menos algunos de ellos, buscaron demonizar al sector privado para endilgar responsabilidades por el alza de los precios. Y, de paso, reclamar también bonos y aumentos de asignaciones al Gobierno, un combo que, a ojos oficialistas, amenaza con espiralizar la inflación porque acelera la circulación del dinero, fenómeno que se registra desde hace unos meses y cobraría mayor impulso con la nueva ronda de paritarias que, en su momento, cerraron en torno al 60% y hoy asisten a proyecciones del 90% en la suba del IPC para todo el año.

Pero más allá de los intereses y reclamos cruzados, es evidente que los frentes a atender son múltiples y que será difícil hacerlo mientras los gastos superen a los ingresos y las cuentas no cierren. Dar los pasos adecuados como parte de un plan integral será la única forma de sanearlas.

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