Zoom de Finanzas

Batakis les habló con el bolsillo pero le respondieron con poco corazón

Las medidas de realineamiento del Gobierno con el acuerdo con el FMI lograron tranquilizar al mercado cambiario pero los inversores en título de la deuda siguen vendiendo sus bonos, que caen impiadosos, mientras sube el riesgo país.

"En algún momento, alguien va a tener que ponerse a pensar qué hacemos con el riesgo país". Los títulos soberanos en dólares volvieron a caer, tocaron el piso desde el canje de bonos de la deuda reestructurada con los acreedores privados, en septiembre de 2020. "No puede ser que en el Gobierno nadie se preocupe de este tema".

No habla un opositor, sino un referente del equipo económico. Hoy se puede comprar por u$s 19 un bono por el que en 2030 recibirá u$s 100, y que devenga intereses, aunque con la Argentina, nadie sabe. La amenaza de una reestructuración está a la vuelta de la esquina.

El lunes pasado, la ministra de Economía, Silvina Batakis, anunció que el Gobierno retomaba la hoja de ruta acordada con el FMI. Un intento in extremis de frenar la crisis de desconfianza que se inició cuando el ex ministro Martín Guzmán se fue topando con trabas crecientes para financiar al Tesoro en el mercado y una corrida contra los bonos en pesos, desatada el 8 de junio.

"Ya es hora que en el Gobierno alguien le preste atención al riesgo país arriba de 2700 puntos. Alguien tiene que hacerse cargo", se queja un alto funcionario.

El resto es sabido: los choques de Guzmán con la conducción política, el desarme del andamiaje de objetivos acordados con el FMI, empezando por las desbordadas metas fiscales, seguidas de las dificultades para acumular reservas y una emisión monetaria desatada para atender el gasto y la contención de la crisis de los bonos CER.

Sin poder segmentar las tarifas eléctricas, piedra angular de la moderación fiscal, el ministro les renunció en la cara a Cristina Kirchner y Alberto Fernández. Estalló la interna por su reemplazo ante mercados atónitos.

Las evidentes dificultades del BCRA para comprar divisas alimentaba la idea de una devaluación inexorable.

Hablar con el bolsillo

Una semana más tarde, Batakis ministra aparentemente empoderada presentó su plan. Fue apenas una hora antes de la apertura de los mercados, con la idea de evitar una escalada del dólar por encima de los $ 300.

Puso sobre la mesa la unificación de cajas de la administración pública, la segmentación tarifaria, un compromiso de tasa de interés positiva y la ratificación de las metas con el FMI.

Un arma de seducción a los inversores, alineado con el fortalecimiento de la capacidad de pago de la deuda, dirigido a descomprimir la presión sobre el dólar.

Al revés de lo que hizo Juan Carlos Pugliese en las vísperas de la hiperinflación de 1989, Batakis les habló a los mercados con el bolsillo, pero no le respondieron con demasiado corazón.

Mostró $ 600.000 millones del ordenamiento de la administración pública para financiar el gasto. Los inversores serían remunerados arriba de la inflación.

Al revés de lo que hizo Juan Carlos Pugliese en las vísperas de la hiperinflación de 1989, Batakis les habló a los mercados con el bolsillo, pero no le respondieron con demasiado corazón.

La ministra pudo sí dos cosas: frenar la corrida cambiaria. Cayeron las cotizaciones financieras. El contado con liquidación, unidad de referencia de la desconfianza de las empresas que quieren dolarizarse, retrocedió hasta ayer 3% respecto del pico de la crisis del viernes. Se alejó de los $ 300. El Central volvió a acumular reservas.

Pero, además, se detuvo en el precipicio de la emisión de pesos descontrolada, un canto de sirena para la inflación. La Carta Orgánica del BCRA ya no admite más expansión. Y la política no puede garantizar un tratamiento de una ley en el Congreso para reformar la Carta Orgánica, una idea que llegó a ser considerada.

En riesgo

¿Pero por qué no cede el riesgo país? El precio de los bonos en dólares está sobrecastigado, coinciden todos los analistas. Pero no hay compradores, "nadie quiere Argentina".

Los inversores están cansados de reestructuraciones. Esa sobretasa castiga el financiamiento externo de las empresas y, por otra parte, incide en la demanda de dólares. Vivimos como en default estando al día.

Porque el corazón palpita que la indomable disputa política oficial puede más que la ambición de rentabilidad, esa pasión de los inversores, cuyo límite sólo es el perderlo todo.

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