ANÁLISIS

La CGT sobrevive a la autodestrucción oficialista

El insólito proceso de canibalismo político exhibido por la supuesta alianza gobernante ha dejado solo en pie a la CGT, no por obra de una casualidad sino como resultado de la causalidad dentro de sus funciones específicas.

Perón, cuando fue agregado militar en la embajada de Roma en la pre-guerra (1936/39) no solo se adentró en la concepción corporativista de Benito Mussolini sino que además adaptó el escenario italiano a lo que podría ser su aplicación en un modelo populista adecuado a la realidad argentina.

En el caso del modelo gremial, tres herramientas fueron y son fundamentales:

1. El sindicato único o unicato donde solo es posible contar con una única entidad por arte oficio profesión o actividad -en principio la más representativa- y en contradicción con lo expresado en el art. 14 bis de la Constitución Nacional que le reconoce a los trabajadores la conformación de sindicatos libres y democráticos con el único requisito de la simple inscripción en un registro especial;

2. La personería gremial exclusiva y excluyente, otorgada por el Ministerio de Trabajo o sea por el Poder Ejecutivo, que se convierte de hecho en árbitro de la confrontación entre distintas agrupaciones que pujen por la representación; y

3. La homologación del convenio colectivo al convenio de actividad que consolida los atributos del sindicato único, concediéndole atribuciones normativas con prescindencia del Parlamento y con efectos similares a los de una ley de fondo.

La atribución de la representación no proviene de la voluntad popular, sino que se origina el poder del Estado Corporativo que concentra su poder adjudicando y asignando los segmentos de toda la actividad de un país, de modo tal, que todo gira en torno de las decisiones del plan de gobierno.

El modelo tuvo varias etapas, la primigenia organizada desde la conversión que promueve Perón de los sindicatos a la concepción peronista, originados en gremios socialista, anarquistas, comunistas, y revolucionarios autóctonos, y en general pertenecientes a la generación de agrupaciones locales minoritarias y con numerosos fracasos políticos y electorales. En ese contexto se dictó la primera norma combinando las tres herramientas en forma rudimentaria.

Una segunda etapa estuvo ligada a la caída de Perón, a los gobiernos opositores alternativos o de facto y antiperonistas y la búsqueda de una salida alternativa.

Una tercera etapa se caracterizó por la consolidación del modelo que curiosamente se gestó en el gobierno de Raul Alfonsín cuando se logró aprobar la Ley de Asociaciones Sindicales 23.551, en el contexto de la fuerte oposición de la CGT de Saul Ubaldini al gobierno radical, obteniendo una norma con inmejorable despliegue de herramientas pro sindicato único, seguida de la apertura y de las privatizaciones de Menem, y el intento de reformulación del modelo de De la Rúa y su ministro Flamarique.

Y la cuarta etapa, ya en nuestros días, donde la CGT a través de diversas corrientes internas, y a pesar de los cuestionamientos del modelo sindical de parte de los fallos de la Corte Suprema, mantuvo su hegemonía sin retaceos, en el último tramo de apoyo al sostenimiento del Presidente Alberto Fernández.

El Partido Justicialista y las corrientes afines propician no menos de doce o quince vertientes y candidatos, con un claro protagonismo de Cristina Kirchner desde la Vicepresidencia, que se enfrenta con los grupos sociales, y actúa al margen o prescindiendo de la CGT.

Si lo visualizamos en perspectiva, todos los elementos que hacen a la búsqueda de una solución esta cayendo en forma permanente en desatinos, y sobre todo en errores en relación con la causa efecto de las medidas adoptadas.

Con la política y la economía fuera de control y a la deriva, en la medida que avanzan las frustraciones, el futuro solo presenta incertidumbre y total falta de previsibilidad.

En un contexto como el que presenta la realidad y el papel de la oposición que hasta ahora no ha dado en sus diferentes frentes un marco mínimo alternativo al desastre actual, solo emergerán los candidatos que puedan presentar un plan efectivo de gobierno, que tenga coherencia anti inflacionaria dentro de un contexto de desarrollo y de crecimiento sustentable.

La sociedad en general esta asqueada por los anuncios que en su mayoría no se condicen con la realidad, y a menudo, se sufren avisos, inauguraciones o promesas que se fabrican para componer opinión pública favorable. En general la mayoría de los avisos son lisérgicos, vacuos en el mejor de los casos, en donde la mayoría de los candidatos no sabe de lo que está hablando, ni tiene la receta técnicamente respetable para asumir la solución de los problemas existentes.

Irónicamente, la CGT como única columna de la política oficial sin desintegración aparente, en donde el oficialismo debería tener alguna expectativa, no asumió que debería proponer medidas específicas que conduzcan a combatir la inflación sin dejar de preservar la reactivación y la búsqueda del camino del crecimiento, en un contexto internacional que puede resultar favorable en la medida que se promuevan acciones que no dejen pasar la oportunidad.

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