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El 2021 le debe más a la lluvia de dólares que a la inundación de pesos

Las elecciones crearán una señal relevante para la economía, porque servirán para actualizar la relación de fuerzas entre oficialismo y oposición en el Congreso, pero sobre todo porque permitirán algún tipo de reseteo de la propia coalición de gobierno.

La gestión de Alberto Fernández en estos últimos meses se preocupó más por administrar el rebote pospandemia que por generar una estrategia de largo plazo. El reparto de fichas que se generará noviembre permitirá contabilizar el poder efectivo que retendrá la Casa Rosada. El resultado no hará desaparecer la incertidumbre pero ayudará a tener un set de expectativas más realista. Ya se sabe: el voto ordena, y más en una administración peronista.

Las urnas, no obstante, no definirán el 100% del partido. La Argentina es más dependiente de lo que pasa en el mundo de lo que asume su propia población. El campo respira o sufre según lo que suceda con el clima y lo que ocurra en sus principales mercados; la industria late al ritmo de Brasil y los flujos de capital están ligados al orden de prioridades que los bancos centrales de EE.UU. y Europa le impongan a los fondos globales de inversión.

De hecho, si la economía no se ahogó este año fue gracias a dos regalos del cielo que vinieron del exterior: la supersoja y los DEG del Fondo Monetario. Ambos ayudaron a resolver la recurrente falta de divisas que sufre el mercado local, y en el caso de la oleaginosa, aportaron además pesos para financiar buena parte del gasto corriente. Veamos esta comparación: la recaudación tributaria de agosto sumó 1 billón de pesos; las retenciones que tributa el campo aportarán $ 900.000 millones. Si el Estado fuese un asalariado, este monto sería el equivalente a cobrar un aguinaldo completo a fin de año en lugar de medio.

Estas dos buenas noticias no se repetirán de igual modo en 2022. El agro reza para que la demanda de alimentos vuelva a crecer a nivel global, y eso le otorgue un nuevo impulso a los precios. Pero el fenómeno Niña (un año seco) aparece en el horizonte. Los productores están proyectando mayor siembra para aprovechar todo lo posible el clima favorable. Por eso el aporte del campo puede ser igual de bueno, pero está en un paréntesis. El FMI, por su parte, no repartirá más cartas. La Argentina puede recibir alguna donación de DEG, pero si quiere refinanciar los pagos del año próximo para no perder reservas tendrá que resolver el acuerdo en las fechas que prometió (verano de 2022).

Brasil, para no dejarlo al margen, repuntó más de lo esperado este año y eso ayudó a una mejora constante de nuestras exportaciones fabriles. Pero la inflación y una suba interna de tasas le quitarían fuerza hacia adelante. La Fed, en tanto, ayudó al dejar en pie más tiempo un escenario de dinero barato. Si la Argentina recupera entre 7 y 8% de su PBI en 2021, no será tanto por la inundación de pesos, como por la lluvia de dólares que vino de afuera.

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