OPINIÓN

Aprender del pasado para un futuro post-electoral

Los saltos en la brecha cambiaria parecen generar un movimiento hacia la prudencia en las decisiones del Ejecutivo. Por ejemplo, luego de que la brecha alcanzara un récord en octubre de 2020 el gobierno redujo el déficit fiscal y la emisión monetaria. Sumado a la mejora en el precio de las commodities que permitió aumentar el flujo de divisas la brecha se redujo durante el primer semestre del 2021. Ante la perspectiva de un nuevo round de déficit y emisión se observó un nuevo salto en la brecha. La respuesta del ala política del gobierno fue un giro hacia la moderación en la relación con los acreedores: se acordó un pago parcial al Club de París, la provincia de Buenos Aires avanzó en la restructuración de su deuda externa y se aceptó que los DEG que se reciban del FMI se utilicen para pagarle al propio FMI.

Después de las elecciones de noviembre habrá una ventana de tres meses para llegar a un acuerdo con el FMI que seguramente tendrá un sendero fiscal y monetario más exigente que el que pretende la coalición de gobierno, una hoja de ruta para normalizar el mercado cambiario y algunas reformas estructurales. En otras palabras, aparecerá un plan económico con objetivos e instrumentos para alcanzarlos.

La retórica económica de los miembros del oficialismo es recordar los supuestos buenos resultados de las gestiones K anteriores y sugerir al electorado que no han podido repetirse por la pandemia. Sin embargo, muchas veces se omiten las grandes diferencias en los tres períodos presidenciales. El cuadro adjunto muestra la evolución de algunas variables de interés tomando, para simplificar, períodos de cuatro años: 2004 a 2007 (NK), 2008 a 2011 (CFK I) y 2012 a 2015 (CFK II). Se reportan los promedios anuales de cada período.

Más allá del rebote desde una recesión profunda que favoreció la recuperación durante el primer cuatrienio se puede ver que el crecimiento se desaceleró a menos de la mitad entre el primer gobierno K y el segundo (de 8.7% promedio anual con NK a 3.4% en CFK I) y prácticamente desapareció en el tercero (CFK II). El desempeño de las exportaciones de bienes y servicios medidos en pesos constantes según la información de las cuentas nacionales muestra un deterioro aún peor: luego de aumentar a un ritmo de 8.6% anual entre 2004 y 2007, sólo aumentaron al 2% anual entre 2007 y 2011 y cayeron a más del 4% anualizado entre 2012 y 2015. Ello ocurrió a pesar de que la soja aportó y mucho durante CFK I y se empezó CFK II con un precio muy atractivo pero que luego cayó; a finales de 2015 era 20% menor que en diciembre de 2011.

Probablemente lo más relevante del cuadro es que durante el primer periodo, el único con tasas chinas de crecimiento en actividad económica y exportaciones, hubo un elevado superávit fiscal primario y global genuino, un relativamente bajo peso del Estado nacional en la economía, un tipo de cambio real "recontra alto" ($ 133 de hoy promedio para los cuatro años) y no había brecha cambiaria.

Durante CFK I aumentó el peso del estado en la economía, se deterioró el resultado fiscal (aunque hubo superávit primario en promedio), se apreció el tipo de cambio real (a niveles parecidos a los actuales) y se mantuvo el mercado cambiario sin restricciones importantes. Hubo mucha fortuna en los precios internacionales y un crecimiento aceptable.

Un Estado más grande durante CFK II, controles cambiarios que produjeron una brecha entre oficial y paralelo de casi el 50% en promedio, atraso cambiario, aumento desmedido del gasto público nacional y un alto déficit fiscal resultaron en estancamiento económico y caída de exportaciones.

Quizás la discusión con el FMI le permita al Gobierno transitar hacia las "fuentes" que parecen estar detrás del mejor desempeño de las variables económicas del período 2003-2007: superávit fiscal, adelanto cambiario, tipo de cambio único y un tamaño del estado mucho menor que el actual.

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