ENFOQUE

Hay que abandonar la "voodoo economics"

El término voodoo economics fue utilizado por George H. W. Bush para referirse a las propuestas de Ronald Reagan, su rival en la interna republicana de aquel entonces, que proponía soluciones mágicas vía reducciones de impuestos y aumentos del gasto en defensa. Luego esas críticas se diluyeron cuando Bush terminó como vicepresidente de Reagan, pero algunas de sus preocupaciones se materializaron: no hubo mejoras en los ingresos del Estado por las reducciones de impuestos y la deuda pública aumentó.

El Gobierno actual padece las consecuencias de buscar soluciones mágicas que son "populares" (al menos para el Instituto Patria) pero que no son sostenibles.

El congelamiento tarifario 

Las tarifas de gas y electricidad deberían aumentar según el Presupuesto alrededor de 35%. Eso no recupera el atraso generado por el congelamiento de los últimos dos años, pero según los cómputos oficiales, permitiría que los subsidios se mantengan en 1.7% del PBI. 

Es conocida la opinión de los entes reguladores de adecuar las tarifas mucho menos, claramente influidos no por criterios profesionales sino por el mandato político de una parte de la coalición de gobierno. Aparentemente, se necesitaría que las tarifas suban como mucho un dígito para poder convencer a algunos votantes incautos de continuar apoyando al gobierno en las urnas.

Sin embargo, la realidad a la corta o a la larga se impone. YPF acaba de anunciar aumentos en los precios de los combustibles de 18% para los próximos 3 meses luego de varias correcciones. Está claro que la suba en los precios de la energía poco influye en la inflación en otros países. 

En Estados Unidos entre mayo 2020 y febrero 2021 la nafta aumentó 25% y la inflación en el mismo período fue sólo 2.5%. Como nota de color, sólo para algunos miembros del gobierno, fervientes creyentes de voodoo economics, la inflación argentina que navega al 4% mensual es responsabilidad de los monopolios, los precios internacionales, o de la codicia de los empresarios.

Afortunadamente, en un reportaje reciente el ministro Martín Guzmán reconoció que la depreciación del tipo de cambio oficial es un elemento central para explicar la inflación pasada y para proyectar la futura. Sería positivo que el resto del gobierno actúe en consecuencia.

¿Cuál es la razón detrás del aumento de los precios de los combustibles líquidos?

 El CEO de la compañía estatal lo dijo claramente. Es necesario mejorar la generación de efectivo de la compañía para poder cumplir con el plan de inversiones. En alguna medida esto es consecuencia del elevado riesgo país y de la decisión del BCRA de forzar a las empresas a renegociar el 60% de sus vencimientos de deuda externa para poder seguir accediendo al mercado oficial de cambios para pagar el 40% restante. Con poco o nulo acceso al crédito internacional y con un mercado de capitales chico, las inversiones se deben financiar con flujo interno de fondos. Curioso que los interventores de los entes reguladores no hagan el mismo razonamiento para gasíferas o empresas eléctricas.

La gran oportunidad del gas no convencional plantea un problema para los populistas. Si no hay un precio que cubra los costos la inversión se para y ello impacta en la producción en uno o dos años. La magia del vudú se corta rápido cuando pesan menos las inversiones hundidas que se pueden "expropiar" sutilmente vía congelamientos de precios.

El gasto público

Según diversos medios periodísticos el ministro Guzmán en su conferencia en la Universidad de Catamarca expresó que el equilibrio fiscal no es de derecha, sino que es necesario para estabilizar la economía, que hubo superávit fiscal entre 2003 y 2008 y que lo que quiere la derecha es bajar el gasto público. Planteó también que se pretende aumentar el gasto en términos reales.

Es bienvenido que un miembro del Gobierno avale el orden fiscal y monetario y no se tiente con la voodoo economics. Sin embargo, el ministro omitió algunos datos interesantes del mandato presidencial de Néstor Kirchner. En 2007 el gasto público primario de los tres niveles de Gobierno era 26.5% del PIB (cuatro puntos más que el del año 2000) y los ingresos tributarios y contribuciones a la seguridad social sumaban 27% del PIB. Junto con otros ingresos no tributarios eso permitió lograr un superávit primario de casi 3% del PBI. Durante los dos mandatos de Cristina Fernández de Kirchner el gasto primario aumentó a 38.1% del PBI (todo explicado por aumento en el gasto corriente y no por mayor inversión pública) y los recursos tributarios y de la Seguridad Social a 31.2%. Aumento de gastos e impuestos que al desmejorar las condiciones externas no pudieron evitar el estancamiento del PBI entre 2011 y 2015.

El peso del Estado en la economía de aquel entonces era mucho más bajo que el actual y eso permitía que la presión tributaria sea menor y además que hubiera superávit. Bajar el tamaño del estado en los próximos años parece ser de sentido común, más cuando se financia con proporciones crecientes de impuestos anti-producción como ingresos brutos, cheque, retenciones a las exportaciones e inflación.

Habrá que buscar en los manuales de voodoo economics algún modelo o evidencia empírica que explique que los países se desarrollan más cuanto más crecen el gasto público corriente y los impuestos distorsivos al sector privado.

La reforma tributaria

Luego de transcurridos 15 meses desde que asumió el Gobierno actual finalmente nos enteramos del contenido de una reforma tributaria para el crecimiento (sobre todo de la inversión y las exportaciones) y la equidad. Reducir el impuesto a las Ganancias de las personas que pagan las familias de clase media alta, aumentar el impuesto a las Ganancias de las empresas de mayor tamaño y permitir que las provincias aumenten el impuesto a los ingresos brutos. Todo esto complementado con controles de precios, prohibición de despedir (o duplicación de la indemnización), mayor proteccionismo, brecha cambiaria y restricciones crecientes para el acceso a las divisas.

Voodoo economics al palo.

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