Zoom Editorial

El problema no es el diálogo, sino quién tiene la última palabra en la respuesta

La demora que exhibe el Gobierno para elegir a la persona que sucederá a Marcela Losardo en el Ministerio de Justicia es totalmente inusual. Pero en algunos ámbitos no la consideran una sorpresa, ya que revela un carácter de la gestión de Alberto Fernández: el Presidente es un hombre con vocación de diálogo, pero a la hora de definir, los tiempos se alargan de manera exasperante y crean un problema adicional. 

Hay incertidumbre en torno al problema y al momento en el que se resolverá, pero también hay incertidumbre sobre quién toma la decisión final y de qué manera.

Los que más claro tienen este escenario son los empresarios, que con frecuencia tienen la necesidad de hacer conocer sus preocupaciones y deben saber llegar al interlocutor más adecuado. La realidad es que ministros y secretarios tienen sus puertas abiertas y no tienen problema en escuchar reclamos y problemas. 

El propio Alberto ha demostrado que es un mandatario receptivo, habilitando reuniones y encuentros que no siempre trascienden con los principales hombres de negocios del país.

"Lo que pasa es que una vez que hablamos, vemos que el tema circula pero nadie define", remarca un ejecutivo que se desempeña en una compañía ligada al consumo masivo.

Importaciones, insumos, impuestos, combustibles, costos tarifarios, reglas para la inversión, son parte de una agenda que se resetea y rectifica semana a semana, algo que no sucedía en los primeros nueve meses de gobierno. Es que la pandemia había facilitado un marco de decisiones para todo lo sanitario y lo económico. Todo lo referente a la salud y al aislamiento era revisado primero por el comité de expertos, luego por los gobernadores y terminaba en la mesa tripartita de Ciudad, Provincia y Nación. La asistencia financiera a las empresas la discutía el gabinete económico ampliado supervisado por Guzmán y hasta entonces todo fluía.

Pero tras el canje de deuda, las señales que antes parecían ordenadas se volvieron dispersas. Tuvo que haber una brecha récord para que el Presidente retome el mando. Hoy, no obstante, eso ya no alcanza. Lo que se nota es que Cristina Kirchner, principal accionista del Frente de Todos, dejó de discutir "su" agenda y puso el foco sobre todo, ya que en año electoral el objetivo básico es ganar.

Lo que perciben inversores y empresarios es que los temas que se hablan pero no se definen son aquellos que están en la mesa de trueque de la coalición de gobierno. Son puntos en los que Alberto y Cristina tienen posiciones diferentes y necesitan lograr un equilibrio en el que todo sume cero. Losardo y el Ministerio de Justicia están en ese clearing. El acuerdo de tarifas y el pacto con el FMI también.

 Acá Guzmán ya no es el favorito de una u otra parte, sino simplemente una carta en la negociación.


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