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La llegada de la inteligencia artificial (IA) que supera capacidades humanas plantea preguntas profundas. ¿Cómo responderán las personas cuando la tecnología sea capaz de pensar, crear o incluso razonar de manera más rápida y eficiente que nosotros?

En un ensayo reciente publicado el 11 de febrero de 2026 en AI Policy Perspectives, el escritor y analista Tom Rachman explora estas reacciones humanas posibles. Según él, la historia cultural sugiere que, ante avances que desafían nuestro rol central en el mundo, las sociedades tienden a resistir, resignarse o recablearse frente a su nueva realidad.

Reacción humana ante la IA: resistir, resignarse o recablearse

El concepto de las tres R sintetiza cómo comunidades, mercados y sistemas políticos podrían enfrentar la creciente presencia de la IA.

Resistir se refiere a la oposición activa contra la IA que desplace funciones humanas. Esto no solo incluye debates éticos o protestas, sino también intentos de frenar la automatización o establecer límites legales para proteger empleos y roles que se perciben como esenciales para la dignidad humana.

La segunda respuesta, resignarse, implica aceptar que la IA desplazará muchas actividades humanas. Esta postura se basa en reconocer el ritmo de innovación tecnológica y la inevitabilidad de cambios en el mercado laboral, en las relaciones sociales y en la cultura.

Finalmente, recablearse representa la adaptación. Las personas que eligen esta vía buscan aprender, reconvertirse y desarrollar habilidades que complementen o se beneficien de la IA. En vez de competir con máquinas, su objetivo es trabajar con ellas.

Imagen ilustrativa sobre el impacto de la inteligencia artificial en la sociedad actual.
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¿Por qué estas respuestas son relevantes hoy?

La discusión sobre la IA no es abstracta ni lejana. La tecnología ya ocupa un lugar central en múltiples industrias y está cambiando el mundo del trabajo, la educación y la creatividad.

Expertos coinciden en que la IA puede automatizar tareas repetitivas y procesos rutinarios a gran escala. Esto puede generar desplazamientos laborales en industrias como manufactura, atención al cliente o análisis de datos.

Sin embargo, también señalan que la IA no posee cualidades humanas esenciales como empatía, juicio moral o creatividad profunda. Por eso, la combinación de capacidades humanas e inteligencia artificial puede ser la clave para que ambos coexistan en lugar de competir directamente.

Además, instituciones tecnológicas están examinando los riesgos asociados al desarrollo de IA avanzada. Por ejemplo, laboratorios como Google DeepMind han actualizado sus marcos de seguridad para abordar posibles amenazas, como modelos que podrían resistir ser apagados o controlados por humanos y la capacidad de manipulación en gran escala.

¿Qué nos dice la historia sobre la reacción humana a tecnologías disruptivas?

El ensayo de Rachman también sitúa estas respuestas en un contexto histórico y cultural más amplio. El autor menciona cómo, tras grandes avances tecnológicos o científicos, la humanidad ha evaluado su propio valor y lugar en el mundo.

Desde debates sobre la conciencia de las máquinas hasta reflexiones sobre lo que nos hace humanos, la tecnología siempre ha servido de espejo. En algunos períodos, esta confrontación llevó a un renovado sentido de propósito humano; en otros, generó miedo o rechazo.

La idea de estas tres reacciones -resistir, resignarse y recablearse- no es una teoría formal establecida en la literatura científica, pero sí un marco para entender tendencias culturales y psicológicas ante la creciente capacidad de la IA para igualar o superar habilidades humanas básicas.

El impacto social y económico de las tres R

Cada una de estas respuestas tiene implicaciones concretas:

Las personas que resisten pueden presionar por marcos legales de protección laboral, regulaciones más estrictas o incluso incentivos para preservar roles tradicionalmente desempeñados por humanos.

La resignación podría traducirse en una mayor aceptación de la automatización, lo que llevaría a ajustes en la educación, el empleo y las políticas públicas para integrarse en una economía donde la IA es protagonista.

Quienes eligen recablearse invierten en habilidades como pensamiento crítico, creatividad o gestión de tecnología, apostando por tareas que la IA no puede replicar fácilmente.