Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
DÓLAR
/
MERVAL

Tommy Hilfiger: “Haberme preparado para fracasar fue el secreto de mi éxito”

En 1969, con apenas u$s 150, sin educación universitaria ni experiencia en las grandes ligas empresariales, sentó las bases de un imperio que facturó u$s 6.500 millones en 2015. ¿Cuál es la fórmula de su éxito?

por  ANDREA DEL RIO

Editora de Clase Ejecutiva

2

En 1969, con apenas u$s 150, sin educación universitaria ni experiencia en las grandes ligas empresariales, sentó las bases de un imperio que facturó u$s 6.500 millones en 2015. Su fórmula del éxito: evocar el ADN pop de la cultura estadounidense a través de colecciones de street wear que dieron origen, en los ‘90, al concepto de affordable luxury. Con 1.400 tiendas propias en más de 100 países y embajadores como el tenista español Rafael Nadal y la it-girl Gigi Hadid, el Grupo Tommy Hilfiger fue adquirido por el conglomerado Philips-Van Heusen, también dueño de Calvin Klein, que desembolsó u$s 3.000 millones en 2010. Desde entonces, el diseñador se desempeña como brand ambassador. Y acaba de lanzar una autobiografía donde revela su mejor lección para triunfar: seguir soñando en grande a pesar de bancarrotas, traiciones y campañas de desprestigio. Entrevista exclusiva con el emprendedor que puso de moda el made in USA.

En 1985, Tommy Hilfiger decidió anunciarle al mundo de la moda que había un nuevo kid on the block. Tenía 35 años y llevaba dos décadas intentando convertir en realidad su sueño de la adolescencia: crear una marca de indumentaria global que celebrara, de modo cool, los valores clásicos de la cultura estadounidense. Precoz entrepreneur, a los 25 ya había mordido el polvo de la bancarrota con People’s Place, la tienda que fundó a sus 18 cuando, con apenas u$s 150, comenzó a comprar jeans pata de elefante, camperas de cuero, blusones hippies y tapados de piel en el East Village de Manhattan para revenderlos entre los jóvenes de Elmira, el pueblito del norte del Estado de Nueva York donde nació en 1951. Pronto, esa fashion start-up concebida para saciar el afán de otros teenagers suburbanos por lookearse como los ídolos musicales del flower power y el glam rock mutó en cadena, le permitió firmar acuerdos de exclusividad tanto con fabricantes en la India como con los principales almacenes de retail de su país, y le dio los fondos suficientes para comprar un Porsche 911 en efectivo, chartear un jet privado para llevar a sus amigos a un recital de Stevie Wonder, viajar en busca de inspiración a Europa y codearse con Andy Warhol, David Bowie y Mick Jagger en Studio 54, la boite que se autoproclamaba ‘la Gomorra moderna’. Fiel al mandato de la época y a las inmutables leyes de los negocios, su emprendimiento vivió rápido, murió joven y dejó un hermoso cadáver. Porque, lejos de desalentarse, Hilfiger decidió soñar en grande. Se instaló en la Gran Manzana, aplicó a cuanta posición como diseñador in-house había en el mercado –muchas veces sin éxito; otras tantas para ser despedido a los pocos meses por desinteligencias creativas– y acechó a sus contactos de antaño hasta dar con un angel investor que confió en el potencial creativo y financiero de su visión: el casual wear made in USA como código indumentario global.

Toda su vida había esperado la oportunidad de diseñar y comercializar una colección con su nombre. Por eso, decidió que no sólo entraría por la puerta grande: la tiraría abajo. Ironías del destino, eligió nada menos que el ahorcado, ese juego de adivinanzas con guiones y claves, para publicar uno de los avisos publicitarios más revolucionarios del fashion business contemporáneo. Absolutamente tipográfico, sin fotos de producto ni modelos, planteaba: “Los cuatro grandes diseñadores americanos para hombres son: RL (Ralph Lauren), PE (Perry Ellis), CK (Calvin Klein) y TH. Este es el logo del menos conocido de todos ellos. Pista: se llama Tommy. Su apellido no es tan simple. Pero, dentro de pocos meses, todos sabrán que hay un nuevo look en la ciudad y un nuevo nombre en la cima. Sus prendas son fáciles de llevar sin ser informales, tradicionales sin ser predecibles. Él las denomina clásicas con un giro. Los otros tres diseñadores las llaman competencia”. Se publicó en las principales revistas y, también, en uno de los estratégicos billboards de Time Square. Para la industria, fue un escándalo. Se lo consideró un arribista, un altanero, un irreverente. The New York Magazine publicó un artículo titulado Tommy Who-figer? donde sentenciaba: “El sector está revolucionado ante la aparición de quien es visto como un don nadie tratando de convertirse en alguien al compararse a sí mismo con los incomparables”. Estaba en la lista negra.

****

Sin embargo, para el mercado, fue un soplo de aire fresco. Barras y estrellas. Azul, rojo y blanco. O la deconstrucción de la bandera estadounidense. Espíritu preppy, sporty, beachy. Alusiones a los veraneos en Hampton’s, los picnics en los campus universitarios, los deportes al aire libre. O la deconstrucción del lifestyle asociado con ‘la tierra de las oportunidades’. Ese es el ADN de la marca, que evolucionó hasta convertirse en Tommy Hilfiger Corporation (THC), cuyo portfolio incluye 14 categorías de productos (hombre, mujer, niños, ropa interior, hogar, denim, fragancias, anteojos, relojes, valijas, sastrería, calzado, piel e indumentaria para golf y natación) disponibles en las 1.400 boutiques propias ubicadas en más de 100 países así como en tiendas departamentales premium y, por supuesto, en el canal online.

A tres años de su lanzamiento, la brand facturó u$s 25 millones. A mediados de los ‘90, cuando experimentó su era dorada gracias a que los líderes del floreciente género hip-hop se uniformaron –dizque espontáneamente– con sus camperones con capucha, vaqueros holgados y logo en formato XXL, las ventas alcanzaron los u$s 500 millones, para llegar a los u$s 1.000 millones a comienzos del segundo milenio.

En 2006, el fondo de private equity Apax Partners se hizo con THC tras desembolsar u$s 1.600 millones. Luego de una batería de cambios en la estrategia financiera, de producción y comercialización que sanearon las heridas crónicas de la crisis de crecimiento que atravesó la firma, el conglomerado de luxury apparel Phillips-Van Heusen –propietario de Calvin Klein y licenciatario de Michael Kors, Kenneth Cole y Max Azria, entre otras– adquirió THC por u$s 3.000 millones en 2010. Según las últimas cifras oficiales disponibles, en 2015 facturó, en retail global, u$s 6.500 millones. Como parte del acuerdo, el diseñador firmó un contrato que le asegura, de por vida, regalías por cada ítem que lleve su nombre, así como un ingreso anual de u$s 17,5 millones con una cláusula de actualización que, para 2016, alcanzaría los u$s 33 millones. A cambio, Hilfiger fue ungido brand ambassador: alejado de la trinchera administrativa y creativa cotidiana, corta cintas rojas en las inauguraciones de locales; hace apariciones estelares en alfombras rojas, galas y avant-premieres; produce los desfiles de lanzamiento de temporada en las principales semanas de la moda y brinda entrevistas a los medios de todo el mundo.

****

Tras cinco años de gestión, surgió la oportunidad de entrevistar al diseñador que puso de moda el lujo accesible made in USA. Y el timing no podría haber sido más acertado. Porque a principios de noviembre se lanzó American dreamer. My life in fashion & business, la autobiografía de Tommy Hilfiger donde se revelan los aspectos menos difundidos de su vida y obra. Publicado por Penguin Random House, el libro –que esta editora recibió, vía correo exprés, a pocos días de su presentación en sociedad– reúne las memorias de 65 años de ilusiones y desengaños, éxitos y fracasos, prosperidad económica y quiebre emocional. Son 340 páginas de una sinceridad que, por momentos, resulta aplastante. Porque no es habitual que un personaje público que encarna la concreción del ‘sueño americano’ revele la magnitud de los errores, las dudas y los miedos que lo acompañan desde el día uno de su carrera. Y tampoco es frecuente que alguien con su estatus de celebrity blanquee, descarnadamente pero sin victimizarse, ciertos pasajes de su privacidad familiar vinculados con la relación conflictiva –incluso violenta– con su padre y las enfermedades crónicas –Lyme, adicciones, autismo– de tres de sus cinco hijos. 

Resiliente. Así podría definirse a Hilfiger cuando se descubren las adversidades que debió superar Thomas Jacob mientras luchaba por triunfar como Tommy. Nació en 1951 como el segundo de los 9 hijos de Richard, relojero y joyero de origen suizo-germano, y Virginia, una enfermera de ascendencia irlandesa. “Al menos una vez a la semana, entre mis 5 y 11 años, mi padre me pegó. Fuerte. Le temía y lo odiaba. Me pasaba todo el tiempo preocupado por hacer algo que pudiera enojarlo. Cada semana, mi miedo se hacía realidad. Cuando estaba terminando la primaria, asumí que no había nada que pudiera hacer para que él me apreciara. Así que dejé de intentarlo”, confiesa en las primeras páginas de sus memorias.

Más adelante, revela las razones de la separación de Susan Cirona, su novia de adolescencia, quien en 1980 había dejado todo atrás (familia, empleo, su propia vocación como diseñadora) para acompañarlo durante los difíciles tiempos en que Tommy buscaba su destino en Nueva York. Corría 2000: “Estaba tan ocupado que Susie pensó que tenía una amante. Y la tenía: era la empresa. Me sentía un ganador durante el día pero, cada noche, al llegar a casa, era notorio que la estaba decepcionando. Se volvió resentida. Cuando Ally tenía 14; Richard, 9; Elizabeth, 7 y Kathleen, 5, decidimos divorcionarnos. Nos llevó 7 años de litigio alcanzar un acuerdo satisfactorio para ambos”.

Otro de los pasajes menos conocidos de su vida se vincula con la admiración que siente por sus hijos Richard y Ally, quienes superaron las adicciones –drogadicción y alcoholismo– que ensombrecieron sus adolescencias, con el agregado de que su primogénita padece la enfermedad de Lyme desde pequeña. Optimista full life, Hilfiger también revela lo que sintió cuando le confirmaron que su benjamín, Sebastian, nacido en 2009 de su matrimonio con la exmodelo Dee Ocleppo, padece una condición del espectro autista: “Coincidimos en que no podría haber nacido en una familia mejor. Lejos de caer en la depresión y la tristeza, nos sentimos afortunados por tener los medios para ayudarlo a salir adelante”.

****

“Estaba siempre planeando cómo escaparme” es la primera línea de su diario de vida. “Estoy agradecido de haber sido, y seguir siendo, un soñador”, es la última frase. Imagine se titula el capítulo inaugural. Para el cierre, eligió Turnaround. Entre ambos conceptos –empezar y continuar, equivocarse y reinventarse– se despliega el arco existencial de Hilfiger, quien durante la entrevista telefónica con Clase Ejecutiva transmite el calmo entusiasmo de quien ya alcanzó su meta más alta –ser fiel a sí mismo– y no necesita disimularlo ni exagerarlo.

¿Cuándo y por qué decidió que había llegado el momento de escribir sus memorias?

Simplemente sentí que, si dejaba pasar más tiempo, olvidaría muchos detalles. Lo venía postergando, como un lindo proyecto para encarar más adelante, en mis años senior, pero decidí que ya había llegado el momento. No fue por nostalgia, aunque llegué a experimentarla.

¿Cómo fue el proceso de revisitar el pasado?

Empecé a escribirla hace 18 meses, junto con Peter Knobler (NdE: Periodista, editor, compositor y escritor de best sellers, es coautor de la autobiografía de David Norman Dinkins, el primer afroamericano en ser alcalde de Nueva York, entre 1990 y 1993. Titulada ‘A Mayor's life: Governing New York’s gorgeous mosaic’, se publicó en 2013). Fue un largo proceso, porque comienza con mi infancia.

¿Descubrió algo nuevo acerca de sí mismo al repasar su vida y carrera?

Primero, descubrí que me llevó toda la vida ser quien soy. Luego, que nunca me he dado –ni me voy a dar– por vencido en la búsqueda de mi crecimiento personal y del éxito de mi compañía.

Tras el balance, ¿cuál considera que fue su secreto para triunfar en una industria tan competitiva siendo, además, considerado un outsider en sus inicios?

El secreto ha sido tener, siempre, un estado de ánimo positivo. Ser optimista, enfocado y realista está en mi naturaleza. Claro que hubo días malos y épocas oscuras, pero nunca dudé del hecho de que mañana puede ser mejor. Por eso, durante todos estos años, me he recordado a mí mismo, y también a mi equipo, que no se trata de vernos como los número uno sino como los número dos, porque eso nos da el incentivo necesario para seguir esforzándonos por superarnos.

¿Ni siquiera el Chapter 11 que enfrentó a sus 25 años lo hizo dudar de su objetivo?

Siempre confié en mí mismo. Pero, hasta que terminé el secundario y abrí mi primera tienda, viví momentos muy frustrantes. Descubrir que tenía talento fue clave.

Lleva casi medio siglo consagrado a su profesión. ¿Le costó encontrar el punto de equilibrio necesario para cumplir su sueño personal de ser un padre y esposo presente?

Si bien es un objetivo, no es fácil hallar el balance. Pero al menos hay que intentarlo, una y otra vez.

¿Hubo algún pasaje de su vida que le costó particularmente abordar o, incluso, dudó en incluir en su autobiografía?

En mi vida hubo muchos altibajos. Y, claramente, no ha sido fácil ni agradable recordarlos, pero así es la vida. Mis primeros años fueron muy duros, dada la relación con mi padre. Y el descubrimiento de que mi hijo menor tiene necesidades especiales también fue un momento doloroso. Pero elegí incluirlos porque creo que compartir esos aspectos de mi vida puede ser esperanzador para quienes lean mis memorias. Y también fui a fondo al contar cómo construí mi compañía, mi marca y mi legado, porque revelar cómo logré triunfar quizás sea inspirador para la nueva generación.

¿Cree que hoy es posible, para un joven diseñador, construir un imperio global de la moda prácticamente de la nada?

Es cierto que actualmente hay más competencia que nunca. Pero si se tiene un sueño, un foco y una pasión, es posible.

¿Qué errores resultaron ser más valiosos?

Aprendí que si uno no se vincula con la gente correcta, es muy probable que fracase. A lo largo de mi carrera, tomé todas mis decisiones en base al criterio de ensayo y error, quizás porque no tuve una educación formal en Diseño ni tampoco en Administración de Empresas. Por eso creo que haberme preparado para fracasar fue el secreto de mi éxito.

Le llevó casi 10 años, desde su llegada a Nueva York, conseguir el respaldo necesario para lanzar su marca. ¿Le faltaba madurez al mercado o a su propuesta?

Al principio pensé que, si conseguía un trabajo en la industria, aprendería todo lo que necesitaba para crear mi empresa. Pero me fue muy difícil insertarme porque no tenía un título universitario ni experiencia en el sector. Había tenido un negocio exitoso en mi pueblo natal, pero resultó que no era suficiente.

Fue un precursor del lujo accesible, cuyo mantra es high fashion for the masses. ¿Cuál es su postura ante las críticas que señalan que derivó en la actual fiebre del fast fashion?

El fast fashion es una forma de vida. Creo que hay que sumarse a las tendencias siempre teniendo en cuenta que la mejor decisión de negocios es hacer lo mejor para el consumidor en términos de calidad.

Por gusto personal y olfato empresarial, desde los inicios ha trabajado estrechamente con los grandes nombres de la escena musical de cada década. ¿Cree que la moda es una expresión artística per se?

La moda es una expresión del arte. Y también del entretenimiento. Porque es parte de la cultura pop. Por eso mi marca se inspira en lo que he llamado el paradigma FAME: fashion, arte, música y entretenimiento. En ese sentido, la moda es un reflejo de lo que sucede en esos campos en cada época.

¿Considera que la marca y usted evolucionaron en el mismo sentido desde 1985?

Creo firmemente que si una persona no evoluciona, su negocio no crece. Y viceversa.

¿Por qué el concepto de lujo accesible que identifica a TH es uno de los grandes paradigmas de la moda contemporánea?

A diferencia de la moda avant-garde y la alta costura, que pueden ser consideradas obras de arte dignas de un museo, el lujo accesible que impulsamos significa que nuestras colecciones vuelven asequibles, comprensibles y fáciles de usar las tendencias.

Después de tantas décadas luchando por conquistar y conservar su lugar en la cima, ¿cómo lidia con su rol de brand ambassador y el hecho de no estar involucrado en las decisiones estratégicas de la empresa?

Es fantástico no estar en la gestión cotidiana y poder concentrarme únicamente en las cuestiones creativas. Aquellos años fueron muy estresantes.

¿Pero su ego no se vio afectado por esta suerte de retiro honorífico?

El ADN de la marca está conectado con lo que soy. Y así seguirá siendo. La brand es Tommy Hilfiger. Y Tommy Hilfiger es la brand.

En su biografía señala lo desafiante que fue vivir para estar a la altura de las expectativas. ¿Le pesaron más las propias que las ajenas?

Vivir tratando de cumplir con las propias expectativas es lo más duro cuando se es un perfeccionista como yo.

Más notas de tu interés

Comentarios2
Fernanda Tabares
Fernanda Tabares 26/12/2016 12:22:40

Muy buena nota andre! Como siempre acertadisima y profunda. Felicitaciones!

Mariano Rajman
Mariano Rajman 23/12/2016 12:17:34

Gran Nota Andre, lograste que este Maestro tirara titulos inspiradores... Felicitaciones, El hmno mayor de los Raj...