U$D

MARTES 23/04/2019

Los duendes del 2X4

Ezequiel Paludi y Geraldin Rojas son considerados la mejor pareja de bailarines de tango del momento.

Texto: María Oliva


La noticia corre con la velocidad de un rayo: “Ezequiel y Geraldin están en Buenos Aires y esta noche bailan en Villa Malcom”. Como un delicado engranaje de relojería, el boca en boca opera su magia. Pronto, el mundo milonguero burbujea de expectativa. Hacia las 10 de la noche, la gente ya hace cola con la paciencia de los devotos. Y, poco después, el local rebalsa de gente, al punto de que no se puede caminar. Ezequiel Paludi y Geraldin Rojas convocan multitudes. Ellos son, para muchos, la mejor pareja de bailarines de tango del mundo.

Viejos maestros con zapatos lustrosos, jóvenes aprendices buscando fama, admiradores, milongueros de siempre... Todos quieren verlos. Incluso los envidiosos y los críticos. Mientras aguardan el inicio del show, algunos bailan, otros conversan, pero nada importa demasiado en ese tiempo muerto que es pura espera. Por fin, el presentador anuncia a los bailarines y se escuchan los primeros acordes de la Orquesta Típica de Miguel Calo interpretando Corazón no le hagas caso. La pista se ilumina. El público se llama a un profundo silencio. Hay una ansiedad festiva en el aire.

Entonces aparece ella, la diosa, la flor de Villa Urquiza, la reina del tango. Camina sensual, con pasos largos y felinos. Lo hace con la naturalidad de alguien que transitó desde pequeña las pistas de baile. Sus labios están pintados de rojo fuego y su pelo negro se envuelve en un rodete que destaca un rostro joven y bello. Geraldin va al encuentro de Ezequiel, que se le acerca seguro, varonil, con elegancia. Tiene la mirada del ganador, del hombre que sabe lo que quiere, de quien conquistó a la mejor. Se miran y se abrazan. Ellos, pareja en el baile y en la vida, combinan pasos del 2x4 deslizándose por la pista de una manera que los hace únicos. Un lenguaje de tango que fueron armando con el tiempo, bailando todos los días, frente al público o sin él, desglosando los pasos básicos, descifrando movimientos, escuchando la música, siguiendo las entonaciones y las pausas, una y otra vez, hasta encontrar su forma de expresarse. Así es el estilo E&G.

Hay tristeza en esa estrofa del tango que están bailando. Enojo. “Al fin de cuentas, su desvío nos mostró que no tenía ni franqueza, ni cariño”, canta Raúl Berón. Ezequiel camina un paso al costado, justo para darle espacio a Geraldin. Ella levanta muy alto su pierna, como un látigo, en un movimiento ágil y veloz, y vuelve a ensamblar su cuerpo con el de él, como si una misteriosa gravedad le impidiera alejarse demasiado. “Corazón, no le hagas caso, que a la vuelta de una esquina otros sueños nos convidan... Que es inútil tu dolor”, continúa la letra que escribió Carlos Bahr. Y ellos siguen su baile con pasión y sentimiento.

Ezequiel da muestra de su destreza y precisión técnica en figuras complejas, sin perder intensidad musical. Se destaca por su seguridad en el manejo de todo el abanico de dinámicas posibles, desde la densidad emotiva de un movimiento sutil hasta los veloces y sincronizados que impulsa la música. Geraldin despliega frescura y versatilidad histriónica en el escenario. Elegante, arrabalera, sexy, refinada, leve, glamorosa: ella es todas y cada una de esas mujeres cuando baila y ejecuta los movimientos y pasos más complicados sin esfuerzo, de una manera tan natural como respirar. Ella es, sin dudas, una bailarina virtuosa. Se escuchan los últimos compases. Lo que sigue es una ovación emocionada. Y la pareja regresa a la pista.

De paso por Buenos Aires, Ezequiel y Geraldin reciben a Clase Ejecutiva en Tangueriles: su búnker, en el barrio de Boedo, es una ex fábrica de mosaicos que hoy funciona como centro de exposiciones, milonga, salón de ensayos y lugar de encuentro con amigos. Llegan puntuales, acompañados de su pequeña hija, alegres. Una familia típica. Tienen muchos proyectos para este año, entre otros que ya han puesto en marcha marcando el camino de nuevos bailarines. Un sendero que ellos empezaron a transitar en las milongas, esos salones donde, además del baile, pueden suceder muchas otras cosas. Como enamorarse.

¿Cuándo se conocieron?

EP: Nos conocemos desde siempre, por el tango. Teníamos amigos en común, íbamos a las mismas milongas, pero fue en Ámsterdam, en 2002, cuando le declaré mi amor. Estábamos allí, participando del festival Tango Magia, e integrábamos un equipo de seis parejas. “Entre vos y yo pasa algo más”, le dije, pero cada uno tenía su compromiso. Pasaron tres años -con algunos encuentros clandestinos incluidos- hasta que nos volvimos a encontrar. Fue en el porteño Salón Canning, en 2005, y desde entonces estamos juntos. A los pocos meses nos casamos, trabajamos todo el verano en espectáculos como Forever Tango, empezamos a ir y venir, después Geraldin se embarazó y nos quedamos aquí un año más.

¿Cómo se las arreglan para vivir en el exterior y trabajar siendo padres de una niñita?

GR: Recién ahora, que Amapola tiene cuatro años, vamos a enfrentarnos al problema porque, cuando empezamos a viajar, ella tenía 8 meses y mi abuela se vino con nosotros. Nos acompañó durante dos años y la cuidaba cuando salíamos de gira.

¿Por qué viven en Milán?

EP: Porque es parte de nuestro circuito habitual: Suiza, Alemania... Es una ciudad grande, linda, tenemos amigos allí.

GR: Empezamos en Rossano, Calabria. Estuvimos ahí durante casi tres años. Crecimos profesionalmente en ese pueblito, entre la montaña y el mar. Y salíamos todos los fines de semana a trabajar. Ahí creamos lo que somos nosotros.

¿Cómo es la dinámica de trabajo?

GR: Bailamos todos los días, con público o sin él. Para nosotros, bailar representa un camino. Bailando fue naciendo nuestro lenguaje.

Pero, para un espectáculo, ¿cómo deciden cuál es la música que van a bailar?

EP: Nosotros no elegimos el tema. A lo sumo, la orquesta. Salvo que sea para un espectáculo, para una película o el teatro, pero porque es una coreografía escénica, una representación teatral. De lo contrario, bailamos y bailamos. No es como desarrollar una estructura. Bailar es nuestro lenguaje. Y nos va saliendo solo.

¿Cómo fueron sus inicios en el tango?

GR: Al principio, fue un poco impulsada, no fue una elección. Mi mamá me llevaba a las milongas desde chiquita. Tenía 8 años y todo empezó como un juego, como una diversión. La verdadera elección la hice a los 14, cuando me fui a vivir con mi papá. Él, que no bailaba, me hizo entender que yo podía vivir de esto. Y elegí bailar.

EP: Mi familia era más de escuchar jazz, les gustaba el tango, pero mis padres no iban a las milongas. Mi primer sueño era ser director de orquesta. Estudié música y tocaba la guitarra en un grupo que interpretaba blues. Empecé a bailar por casualidad: cuando tenía 18 años, un amigo me llevó a una clase de tango, pero no me gustó nada. Después, poco a poco, empecé a investigar. Comencé a bailar... y no paré.

¿Quiénes son sus referentes como bailarines?

EP: Crecí viendo a Juan Carlos Copes, Carlos Rivarola, Miguel Ángel Zotto. A ellos los veía en la televisión. Pero Omar Vega fue mi gran referente, en todo sentido.

GR: En mi caso, Eduardo Neale, Guillermina Quiroga, Roberto y Vanina, Carlos Rivarola y María. Todos hacían los mismos pasos, pero cada uno tenía su interpretación expresiva. Desde chica trabajé mucho en el escenario con Roberto Herrera y Vanina Bilous. También con Gloria y Eduardo Arquimbau, con quienes aprendí en el escenario. En los últimos años, Carlos y María “alimentaron al monstruo”.

¿Han creado una escuela para difundir ese método tan particular con que bailan?

EP: Trabajamos el conocimiento del tango básico, no lo que nosotros hacemos sino cómo se baila el tango. No hay nada oculto en nuestro estilo, pero nos gusta mostrar al tango en su propia crudeza. Después, cada uno lo desarrolla a su manera. Pero hay que conocer la base.

GR: Que fue, justamente, lo que tuvimos que hacer nosotros: empezar desde cero, porque no encontrábamos nuestras propias palabras. Rompimos todo porque vale la pena hacer la lectura y el diccionario de la lógica de lo que son los movimientos del tango.

¿Qué sienten cuando bailan?

GR: Es raro, es como un ensueño. No es muy posible de describir. Me siento libre, pero no es la palabra justa... Es como estar en trance.

¿Cuáles son sus planes para este año?

EP: Ahora nos vamos a Estados Unidos con el espectáculo Forever Tango. Además, tenemos la cadena de escuelas EG Tango. Nuestra sede está en Firenze, en un restaurante donde se organizan actividades dos veces por semana. Además, una vez por mes damos clases en Suiza y en Alemania, entrenando a los docentes que sostienen las escuelas regulares en esos países.

¿Qué les genera ser considerados los mejores bailarines de tango del momento?

GR: Entre nuestros colegas, no diría que envidia sino maldad: la vivimos, la sentimos y es una constante. Lamentablemente, porque cuando un artista trasciende y transmite cultura, los demás deberían enorgullecerse. Pero no es algo que haya sucedido con nuestro éxito, salvo por unos pocos, como Carlos y María, Nora Dinselbacher y Eduardo Neale, que nos inspiraron en el baile. Nuestro éxito es una forma de devolverles lo que nos transmitieron.

¿Se sienten embajadores argentinos cuando bailan en el extranjero?

GR: Si uno lo siente, no importa dónde lo hace ni cuánto cobra porque está transmitiendo la cultura de su país.

La pequeña Amapola reclama la atención de su madre. Ya es hora de despedirse. Apasionados por su arte, Ezequiel Paludi y Geraldin Rojas vuelven a su rutina de padres comunes y corrientes. Aunque en la pista cautiven como criaturas de otro mundo.

Comentarios3
Editor80 CMS Varela
Editor80 CMS Varela 09/03/2012 11:41:26

Geraldine es una gran bailarina y buena onda, Ezequiel se cree el Papa, es arrogante, vulgar y mala onda, tiene exito porque esta al lado de ella. Hacete de abajo Ezequiel no sos nadie como persona, salame.

Editor80 CMS Varela
Editor80 CMS Varela 04/03/2012 12:23:35

No se nada de tango ni quienes son estos bailarines pero la forma en que se contó como transmiten ese sentimiento tan profundo que llevan dentro, hace que se comprenda lo que es la dedicación por lo que se ama desde el alma y aprendí bastante del 2x4.

Editor80 CMS Varela
Editor80 CMS Varela 29/02/2012 08:50:12

Excelente nota. Es visible la sensibilidad de la periodista ante lo que expresa y describe. Debe saber de milongas. He quedado con unas ganas locas de ver a Ezequiel y Geraldin.. seguire la cartelera hasta encontrarlos.

Más notas de tu interés