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Julieta Ortega: “Hay gente que fantasea que vivo de mis viejos”

Actriz consagrada en la pantalla chica, superó el pánico escénico y protagonizó una de las obras teatrales más aplaudidas del año. Integrante de un clan de artistas emprendedores, lanzó una marca de pijamas de autor para no depender exclusivamente de su profesión de origen.

Julieta Ortega

Julieta Ortega

Tarde soleada en Buenos Aires. La escenografía callejera deja ver árboles frondosos, paseadores de perros sin apuro, barcitos llenos con gente que no levanta la vista de su celular... Y allá, a lo lejos, se percibe la figura de Julieta Ortega. “En cinco, estoy”, avisa la actriz que bien de antemano fijó cita en Las Cañitas, su barrio, porque “soy de las que van con el GPS a todos lados. Me pierdo en cualquier parte del mundo y también en mi ciudad, porque tengo poco sentido de la orientación”, justifica.

De perfil bajo, cálida y agradable, es más simpática de lo que muchos imaginan: “Como soy seria e introvertida puedo pasar por antipática, pero nada que ver”, confiesa quien se destacó en las tiras televisivas Disputas, Sol negro, Graduados y Viudas e hijas del rock and roll. Tras confirmar que “en enero empiezo a grabar una miniserie dirigida por Bruno Stagnaro y coproducida por Underground y TNT”, reconoce que cierra 2016 con la satisfacción de haber saldado su “deuda pendiente con el teatro”. Se refiere a Deseo, la obra del español Miguel de Arco que protagonizó hasta noviembre pasado, con buen desempeño en boletería y críticas. “Cuando llegó el guión a mis manos acepté rápidamente porque me gustó mucho el grupo humano –Juan Gil Navarro, Alejandro Paker y Moro Anghileri–, algo que siempre priorizo”, comparte recién iniciada la charla.

¿Alguien puede negarse a desear y a ser deseado? ¿Qué hacer si se nos cruza la pasión, nos arrasa y nos pide todo? Esos fueron los planteos iniciales de la directora de la pieza, Alejandra Ciurlanti, quien ya había dirigido a Ortega en televisión: “Me importa mucho quién va a estar a cargo del asunto, con el objetivo de tener al espectador enganchado. Y la mirada de Ciurlanti fue fundamental”, sostiene, con relación a su método actoral, la hija de Palito y Evangelina, hermana de Sebastián, Luis, Martín, Emanuel y Rosario.

A propósito del eje de la obra, centrado en la infidelidad consensuada y los celos, ¿alguna vez estuviste en una situación similar?

No, nunca me pasó. Pero a raíz de mi personaje, y hablando con otra gente, me consta que puede suceder. En principio, creo que si ciertas cosas no están habladas o consensuadas en la pareja, hay traición y engaño. La obra se pregunta cuánto puede durar el hecho de tener dos relaciones amorosas en simultáneo. Porque así sean amantes y se vean una vez por semana, eso trae problemas con la persona con quien compartís tu vínculo principal, incluso aunque lo sepa y haya cierto pacto.

¿Te sienta bien la cuarta década?

Después de los 40 ya me empecé a sentir bien plantada. Tengo altibajos, como todo el mundo, pero me conecto con lo que me pasa y no pierdo el eje. Priorizo la relación conmigo misma. Y después viene todo lo demás: mi hijo, un amor, los amigos, mis hermanos, la familia. Estoy a cargo de mí misma, esa responsabilidad está en mis manos. Y no juzgo a los otros, porque creo que cada uno hace lo que puede. En lo estético, no es que le escape a las arrugas pero es religión cuidarme el rostro. Físicamente, hago gimnasia hasta donde puedo. Nunca fui buena con la alimentación, pero dejé las harinas blancas e incorporé frutas, nueces, almendras, té de jengibre con miel... Trato de llegar al fin del día con la energía suficiente.

¿Es cierto que no hacías teatro por miedo?

Sí, años atrás, el miedo me paralizaba. No hacía teatro porque me daba terror: dudaba de mis valores, de la mirada de los otros. El día del estreno pensaba que me iba a desmayar en escena. Y terminaba cada función con taquicardia y gran malestar, sin saber cómo había llegado al final. Eran fantasías de lo más absurdas, pero en mi cabeza generaban una revolución.

¿Dirías que es difícil vivir de la actuación en la Argentina?

Los actores no somos buenos administradores. Un año ganás mucho y otro no ganás nada. No es una profesión estable: nuestros compromisos son por temporadas de tres meses y, si hacés tira, llegás al año, pero no más. Sin embargo, siempre banqué mis gastos: desde que firmé mi primer contrato, a los 24, nunca más paré. Hay gente que fantasea con que vivo de mis viejos. Pero ninguno de mis hermanos, ni yo, tenemos acceso al dinero de mis padres. Contamos con la tranquilidad de saber que nunca nos quedaríamos en la calle y que hay un respaldo, pero sólo en caso de emergencia, nada más. ¡Somos muy concientes de eso!

¿Cómo es tu vínculo con tu hijo, Benito?

Hay momentos en que no me da bolilla y otros en los que me pide que me quede a su lado porque le cuesta dormirse. Tiene 11 años, así que es muy preadolescente. Lo que más me preocupa es cómo se va a desenvolver en la calle más adelante, porque todavía lo acompañamos adonde va: por ser único hijo tiene mucha atención de su papá y mía. Sabemos que en un par de años tomará vuelo solo: será momento de cruzar los dedos y confiar en que tiene las herramientas necesarias entre lo que intentamos enseñarle y lo que vio en casa.

¿Tener buena relación con tu exmarido, el cantante Iván Noble, facilita la crianza?

Sí, claro. Para Benito, hubiera sido mejor que siguiéramos juntos, como desea cualquier hijo de padres separados. Es una herida que, lamentablemente, no pudimos evitarle. Lo hablamos seguido porque Benito tenía apenas tres años cuando decidimos poner fin a nuestra pareja. Como no tiene mucho registro de su papá viviendo en casa, le contamos todo lo que él quiere saber y le explicamos que es algo que le pasa a muchas parejas que, por distintas razones, se pueden querer mucho pero no pueden seguir adelante juntas. Igual, insiste y quiere saber por qué nos separamos. Intento explicarle que nunca hay una sola razón... ¡Y se enoja! Igual, con Iván somos familia: nos queremos, nos adoramos, sólo que las relaciones se construyen trabajando mucho y, a veces, no funcionan. Benito sabe que, para nosotros, era muy importante que tuviera un modelo de pareja que funcionara, pero no se pudo.

¿Y vos, como hija, tenés ese mismo acceso al backstage de la relación de tus padres?

¡No! Prefiero no saber más allá de los datos que tengo. No tengo ganas de saber si mis viejos discutieron dos noches atrás. Entrar en los detalles, como hija, no me sirve.

¿Los Ortega son un clan que se consulta todo?

Disfrutamos mucho las reuniones familiares y hablamos un poco de todo, entre cosas personales y proyectos. En mi caso, le pongo un valor alto a las opiniones de todos ellos respecto de mis trabajos pero, finalmente, siempre decido yo. Ellos también reciben mi opinión: cuando me hacen escuchar un demo, ver un piloto de un programa o una película en proceso de edición, les digo lo que pienso, sin herir. A veces hace ruido y se enojan porque una no responde como esperaban, pero después se les pasa. En cambio, nunca digo que no me gustó algo cuando ya está terminado porque siento que no vale la pena.

¿Te llevás bien con las redes sociales?

Hoy podés armar varios realities de tu vida con las redes que más te gusten. Antes, sólo tenían esa posibilidad los personajes públicos. Un día llegó una amiga de mi hermana a mi casa y, apenas abrí la puerta, empezó a filmarme. “¿Perdón? ¡No sé si quiero estar en tu Instagram! ¡Pedime autorización!”. En esos casos siento que las redes me invaden y me superan. También me río mucho cuando alguien me llena de mensajes por las redes o por Whatsapp y jamás se concreta una salida. ¡Nada menos atractivo que la histeria masculina!

¿Qué sensación tenés respecto del primer año de gobierno de Mauricio Macri?

Yo no voté a este gobierno, porque siempre voté al peronismo. Pero, cuando Macri ganó, me dije: “Crucemos los dedos”. No estamos mejor que el año pasado, pero entiendo que es muy pronto. Tampoco tengo intención de irme del país. Ojalá que nos empiece a ir un poco mejor, pero me preocupan mucho las políticas de este gobierno. Y también me entristece lo que salió a la luz del gobierno anterior: en un país con un alto porcentaje de gente que está por debajo del índice de pobreza, ver a un exfuncionario revoleando bolsos con dinero me revuelve el estómago.

Dulces sueños

Jota&Co es el flamante emprendimiento de pijamas de autor que lanzó Julieta Ortega junto a la ilustradora Fernanda Cohen. “Soy muy consumidora de ropa de dormir. De hecho, acumulo algunos viejos que sólo abandono cuando las telas se abren... ¡Y los sigo usando como trapos! Mezclar lo artístico y lo textil es estimulante e interesante, especialmente en un rubro en el cual no dependés de la moda. La situación del país no está fácil para nadie y yo no quiero depender de que suene el teléfono para que me convoquen como actriz. Por eso, apuesto a vender pijamas con telas nobles y estampas de autor acá y en la China”.