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Gaby Herbstein, clics modernos

Durante cuatro años, la fotógrafa realizó calendarios a beneficio de la Fundación Huésped. En su edición 2011, el almanaque, bautizado Huella ecológica 2, alienta el cuidado del planeta.

La mujer que, de niña, soñaba con atravesar desiertos, desenterrar tesoros ancestrales, excavar ciudades perdidas y develar los grandes misterios de las pirámides... llegó lejos. Pero, en lugar de convertirse en egiptóloga o antropóloga, se volcó hacia la fotografía.

Hace poco más 20 años, Gaby Herbstein encontró su verdadera vocación, un poco por casualidad y otro tanto por perseverar en aquel legado que le dejaron las clases de arte y actividades prácticas a las que asistía de pequeña. La vocación la deslumbra, la sorprende y le quita el aliento. Pero, sobre todo, le imprime luz a su mirada. “La fotografía me abrió la cabeza. A partir de ahí, no me interesó hacer nada más. Descubrí que tenía facilidad, que me salía bien. Y lo agradezco, porque hay gente que nunca termina de descubrir su forma de expresión”.

Herbstein se hizo reconocida por su enfoque transgresor y bohemio. Sus calendarios, una tradición que lleva 11 ediciones consecutivas, se convirtieron en marca registrada y, asimismo, en un sello de la cultura urbana tomando, siempre, una temática como eje: las mujeres de la historia argentina, la ecología y los pueblos originarios, entre otros. Pero, asimismo, muchos de ellos tuvieron un fin solidario, a beneficio de la Fundación Huésped y apoyando la prevención de HIV.

La versión 2011 de su almanaque, bautizado Huella ecológica 2, fue presentado junto a la Fundación Azara (N. de la R.: Organización no gubernamental dedicada a difundir temas vinculados a la ciencia y a la conservación del medioambiente). En esa fusión de la fotografía y el collage, Herbstein reflexiona sobre los principales problemas que jaquean al planeta.
La fotógrafa, cuya lente ha retratado a artistas, músicos, actores y otros personajes de la esfera mediática de las últimas décadass, lleva realizadas más de 15 muestras individuales en sitios como el Centro Cultural Borges, el Malba, el Palais de Glace, el Centro Cultural Recoleta y el Museo Metropolitano. Pero también llegó a Miami, donde expuso en Art Basel, Art Miami, Chelsea Gallery y Jackie Gleason Theatre, entre otras.


Pensar el mañana
El calendario 2011 de Gaby Herbstein surgió como una continuación del trabajo realizado el año anterior, Huella ecológica, que mostraba los principales problemas que aquejan al planeta y enfatizaba en la urgencia de una reacción.

“El disparador era la tesis de que, en tan sólo 10 años, el planeta podría transformarse en un lugar hostil. Busqué shockear por medio de las imágenes y que la gente se preguntase qué estaba pasando porque gran parte del problema de la crisis ecológica tiene que ver con la desinformación”.

Huella ecológica 2 agrega un nuevo enfoque. “Está alineada con el concepto de manos a la obra. Está enfocado desde el punto de vista de nuestro futuro, que son los chicos, a quienes les vamos a dejar el planeta. Los chicos te están contando, pidiendo, alertando y abriendo los ojos diciendo: ‘Queremos un planeta verde, como el que tuvieron ustedes’. Entonces, te enseñan diferentes maneras de reciclar lo cotidiano. Todos podemos poner un granito de arena para que el mundo cambie”. Cada foto, asimismo, está compuesta por un collage de imágenes. Para este trabajo, convocó al ilustrador gráfico Pablo Bernasconi, especialista en metáforas visuales. Los objetos seleccionados para componer las fotos fueron botellas, cartones, bolsas plásticas, residuos tecnológicos y latas de aluminio, entre otros.


Fama & rock & roll
Gaby Herbstein está acostumbrada a fotografiar celebrities. Cantantes, actores, artistas y otros personajes mediáticos –desde la sexóloga Alessandra Rampolla pasando por el ex Soda Stereo Gustavo Cerati hasta los actores Mike Amigorena y Natalia Oreiro (izquierda y derecha) y el bailarín Julio Bocca (arriba)– posaron ante su lente. Por caso, el primer calendario de Huella Ecológica fue protagonizado por figuras como Elena Roger, Sabrina Garciarena, Ronnie Arias, Carla Peterson y Gonzalo Valenzuela. “Sirven como un puente. Ellos lo saben, por eso participan. Son una herramienta para atraer la atención. Si sumás producción, concepto y famosos, el mensaje llega a la gente”.

Calidez humana
El cambio de lo analógico a lo digital simplemente fluyó. Herbstein asegura que no le costó dejar atrás los rollos. “Lo digital es un soporte maravilloso. El límite es la imaginación. Es alucinante. De pronto, extraño el blanco y negro porque no se logran los mismos resultados. Pero, en el color, lo superó infinitamente”. De todos modos, avala el training que le dio el hecho de aprender el uso manual de la tecnología analógica. “El que debutó en digital se perdió un montón de cosas increíbles de la fotografía. Me parece que se debería enseñar en rollo. Hay un halo de misterio que ya no existe. Se perdió el tiempo de tomar la foto. Hoy es mucho más fácil, se corrigen los errores en el momento y no se necesita tanto conocimiento técnico. Ese es el soporte, no así la idea: porque, uses el soporte que uses, tiene que ocurrírsete qué fotografiar. Y el valor de la imagen está en lo pueda transmitir”.
Pese a la heterogeneidad del trabajo de Herbstein, existe una constante: las personas. “Siempre supe que quería fotografiar gente. Derivé en la moda porque te da la oportunidad de mezclar muchas disciplinas. Pero a mí me interesa la moda no tanto por lo que se usa sino por su sentido antropológico en cuanto a modo de expresión y de diferenciación. Me divierten los personajes y las caracterizaciones, no tanto lo que viene, los in y los out. Me interesa el fenómeno social y la forma de expresión de las tribus urbanas”.

Con música es mejor
Herbstein no concibe su trabajo sin una cuota de diversión. “Hay una obsesión por el detalle, hay un estrés por el perfeccionismo extremo en este oficio que, si no te divertís, te hace imposible seguir”.
De hecho, una de las producciones más memorables fue cuando le tocó fotografiar al rocker Charly García. “Había tenido un concierto en el hotel Faena y se quedó dormido el día que teníamos agendada la sesión. En la siguiente cita, y para nuestro asombro, mandó a traer los equipos de música y el set de sonidos. Nuestra idea era tatuarlo. Pero Charly, que llegó con un bolso, nos dijo: ‘Odio los tatuajes. No tengo ganas de hacer esto. Traje mi ropa’. Y se vistió de mujer. Se puso un vestido rojo con lentejuelas, medias negras y pidió que lo maquillaran y le pintaran los labios de rojo. De repente, se puso a cantar. Después, se empezó a desnudar y comenzó a dibujar sobre su piel y su ropa. Luego se vistió de hombre, bien glamoroso, hasta que terminó el shooting. Antes de irse, me dijo: ‘¿Viste, Gaby? Con música todo es mejor’”.

Paraíso no tan virtual
Plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro. Herbstein está armando una huerta con plantas aromáticas en el jardín de su casa, tiene dos hijas pequeñas y, como para completar los mandatos, el año pasado publicó un libro. De todos sus proyectos, lo siente como el más osado. El volumen Aves del paraíso reúne trabajos realizados durante los últimos tres años y exclusivamente para la ocasión. “Fue todo desarrollo de producción. Convocamos a muchos artistas, realizadores y maquilladores”. De hecho, participaron diseñadores como Martín Churba, Verónica de la Canal, María Pryor y Mariano Toledo, entre otros. En total, el book cuenta con 188 imágenes que, a modo de obra conceptual, buscan hacer eco sobre la necesidad de tomar conciencia acerca del cuidado del medioambiente. La elección del título no es azarosa: en la Tierra habitan 9.900 especies de aves, de las cuales poco más de 1.200 se encuentran bajo algún tipo de amenaza. En el país, hay unas 1.000 especies y 120 de ellas están en peligro de extinción.
Su idea es seguir trabajando en diferentes series con un proyecto ligado a la ecología. “Todo el tiempo se van generando diferentes escenarios que la naturaleza y el hombre sufren. La idea es analizar cómo se fusionan los problemas y las soluciones”.

Pieza de arte
Detrás de cada calendario, siempre hay una premisa que se articula como disparador. Y, con él, un nuevo desafío. Uno de los primeros trabajos de Herbstein fue Pin-up girls, realizado junto a la agencia Dotto Models, a mediados de los ‘90. Luego vendría Zodíaco, en el que 12 modelos representaban a cada signo. El nuevo milenio la encontró realizando Huellas, un trabajo que versaba sobre las etnias que habitaban la Argentina antes de la llegada de los españoles. Al poco tiempo surgió hizo Heroínas, basado en mujeres clave de la historia argentina. Y también Aves del paraíso, junto a la Fundación Azara. “El calendario es una pieza de arte. Cada uno es completamente diferente. Tardamos un año en hacer Huella, que requirió de viajes y entrevistas con gente de diferentes etnias. En cambio, el almanaque 2011 llevó apenas seis meses, mayormente dedicados a la preproducción, a pensar el concepto, a elaborar la idea”, detalla la fotógrafa.

Además, muchos de los trabajos de Herbstein llegaron a la vía pública. “Estuvimos en Paseo Alcorta y en Unicenter. Si querés que el mensaje llegue, tenés que estar en un shopping o en un lugar donde haya flujo de gente, como el Obelisco. El museo prestigia al artista pero, para dar un mensaje masivo, el mejor lugar es la vía pública. Por Unicenter pasa 1 millón de personas por mes. ¿Qué museo te da esa visibilidad?”.

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