Evergrande: el fútbol, la otra gran ruina del gigante chino inmobiliario

Si le preguntan sobre Darío Conca en la casilla del quesito naranja en el Trivial, ¿sabría decir a qué deporte se dedica? Seguramente no. Pero si el nombre que aparece entre interrogantes es el de Cristiano Ronaldo, Leo Messi, Wayne Rooney o Yayá Touré, no se le ocurrirá responder otra cosa que no sea fútbol. Lo mismo pasaría con decenas de astros del balón que han firmado grandes carreras en el deporte rey.

Puede que la diferencia entre Conca y estas cuatro estrellas en términos de popularidad sea abismal, pero en 2011 eran las únicas que podían presumir de cobrar un sueldo más elevado que este argentino de 38 años.

¿Se trata de un gran talento que pasó desapercibido a ojos de los clubes europeos? No, Conca nunca llegó a ser convocado por la Selección Argentina ni a protagonizar grandes actuaciones en un equipo de primer nivel. La razón por la que fue uno de los jugadores mejor remunerados del planeta no es otra que Evergrande.

El gigante inmobiliario se encuentra ahora al borde de la quiebra, pero su crecimiento a principios de la década pasada le llevó no solo a querer ser el rey en el sector de la construcción, sino también a dominar el fútbol asiático. Esto le llevó en 2010 a comprar por 13 millones de euros el Guangzhou Fútbol Club, el equipo de la tercera mayor ciudad del país, solo por detrás de Pekín y Shanghái.

 Evergrande: 5 claves de la crisis de la inmobiliaria china

Como si de los dueños del Manchester City o el PSG se tratara, Evergrande implementó desde 2011 una política de fichajes tan conocida como efectiva: gastar mucho dinero. La primera incorporación estrella de su proyecto fue Conca, a quien pagó 10,6 millones de euros por temporada. ¿Su mayor éxito hasta entonces? Haber sido nombrado mejor jugador de la liga brasileña en 2010. Los directivos del Guangzhou pensaron entonces de él que, si había conseguido ser el mejor en el país con más Mundiales ganados, nada le impediría ser el mejor del planeta. Lo que no tuvieron mucho en cuenta es que el nivel de los conjuntos sudamericanos dista mucho del que tienen sus equipos nacionales.

EL PRECIO DEL ÉXITO

A nivel deportivo, la aventura de Evergrande en el fútbol ha sido un éxito rotundo. Desde que entró en su accionariado en 2010, el equipo ha ganado las ocho ligas chinas y las dos Ligas de Campeones asiáticas que tiene en su palmarés. Pero estos triunfos no salieron baratos.

Además de Conca, Evergrande captó para su plantilla a viejos conocidos del fútbol europeo, como Robinho, Paulinho o Jackson Martínez, a precio de galácticos. Esto llenó la vitrina de trofeos , pero inundó las cuentas anuales de números rojos. 

En casi una década, Evergrande ha perdido entre 155 y 310 millones de dólares por temporada con sus negocios en el fútbol, según Bloomberg, que cifra en 0 el valor de sus activos en el sector. En 2016, Forbes otorgó al Guangzhou un precio de mercado de 282 millones de dólares.

Por otra parte, la inversión de Evergrande en el deporte rey supuso un antes y un después en las finanzas de los clubes chinos, que no dudaron en competir con el Guangzhou en ver quién desembolsaba más dinero por una incorporación. En 2015, por ejemplo, el Shanghai SIPG pagó 56 millones de euros por Hulk, procedente del Zenit de San Petersburgo. Cuatro años más tarde, se filtró que Sergio Ramos utilizó una jugosa oferta de un equipo del gigante asiático para negociar al alza su renovación con el Real Madrid.

Jackson Martínez dejó el fútbol europeo para unirse al Guangzhou

CRISIS A LA VISTA

Estas operaciones millonarias fueron posible por la lluvia de millones que inundó el fútbol chino, que se convirtió en una herramienta de hacer negocios.

En China, el deporte más popular es el baloncesto. No en vano, uno de sus grandes iconos a nivel global es el ex pívot Yao Ming. Pero el actual presidente del país, Xi Jinping, es un gran apasionado del fútbol, por lo que muchos empresarios vieron en él una forma de acercarse a la cúpula del Partido Comunista. Esto llevó a empresas de diversos sectores económicos a comprar un equipo. Entre ellos, el de la construcción.

Hasta siete inmobiliarias del país son dueñas o patrocinadoras de un equipo, lo que ha despertado una gran preocupación entre las autoridades deportivas, por cómo podría impactar en el fútbol una eventual quiebra de Evergrande. Una de estas, Sinobo, tiene un equipo en Pekín que no ha abonado los sueldos de su plantilla varios meses, aunque desde la directiva del club se ha negado tal información.

Pero este está lejos de ser el caso más evidente de la crisis que se avecina en el fútbol chino, ya que el actual campeón de la competición nacional, el Jiangsu Suning FC, desapareció tres meses después de alzarse con el título. Según palabras del propio presidente de la Asociación de Fútbol de China (CFA), Chen Xuyuan, los gastos de los clubes de la Chinese Super League (CSL) son casi diez veces mayores que los de la K-League surcoreana, y tres veces más elevados que los de la J-League japonesa.

La reforma implantada en 2015 por el Gobierno trató de pinchar una burbuja que aún tenía margen de crecimiento, pero no ha dado los resultados esperados. Esta prohibió que las empresas denominaran a los equipos con su mismo nombre e incentivó que los clubes tuvieran un accionariado más atomizado, con la participación de gobiernos locales e inversores individuales acompañando a la de grandes compañías.

Pese a que el peor de los escenarios aún no se ha concretado, las primeras víctimas del final del periodo de bonanza en el fútbol chino ya han caído. El problema, tal y como también ha recordado el presidente de la CFA, es que esta crisis no solo afectará al presente del deporte rey en el gigante asiático, "también dañará su futuro".

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