HISTORIAS DE VIDA

Cansados de la inseguridad, emigraron a uno de los países más seguros de Europa: "Es otro mundo"

Macarena Martínez y Sebastián Avena se cansaron de los problemas económicos del país y decidieron probar suerte en Estonia. ¿Cómo fue el choque cultural y la adaptación?

Macarena Martínez (26) y Sebastián Avena (28), como muchos otros argentinos hartos de la inseguridad y la crisis permanente, fueron a probar suerte en Europa. Ocurrió enero de 2020, en la antesala de la pandemia de Covid-19, cuando decidieron emigrar a Estonia, un país situado a casi 13.500 kilómetros del que por estas latitudes se sabe poco y nada, buscando la estabilidad que en Argentina no conocían.

En diálogo con El Cronista, Macarena contó cómo fue tomar la decisión de irse a vivir tan lejos y en una cultura tan distinta.

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"No hubo un motivo por el que nos fuimos de Argentina, más bien fueron varios. Por mi lado siempre quise viajar, conocer otras culturas, consideraba que era un desperdicio nacer y morir en el mismo país. Cualquier excusa era buena para viajar, recorrí gran parte del país pero mi meta era ir a Europa", recuerda.

Macarena Martínez y Sebastián Avena emigraron previamente a la pandemia del 2020. Fuente: (El Cronista) 

Y agrega: "Pero también estábamos cansados de la inseguridad, Argentina tiene cosas increíbles, pero vivía con miedo a la hora de salir de casa y no quería vivir en un país donde tuviera que sentirme agradecida de que no me maten".

En esa búsqueda ayudó la doble ciudadanía de Sebastián y una oferta laboral que les posibilitó irse. "Nos pudimos ir porque él tiene ciudadanía italiana y consiguió un buen trabajo. Es programador de videojuegos y cuando decidimos emigrar, dijimos que a la primera entrevista que apareciera, nos íbamos".

Macarena y Sebastián buscaron nuevo rumbo en Europa. Fuente: (El Cronista).

ESTONIA: EL CLIMA Y LA BARRERA DEL IDIOMA

Durante la charla, Macarena recordó cómo fueron sus primeros días en Estonia. "Al principio no sentí tanto el cambio, quizás fue por el desconocimiento que tenía de Europa. No vi diferencias con Argentina. Con el correr de los días me fui dando cuenta de que parecía otro mundo. Además llegamos en pleno invierno. Fue un cambio importante", cuenta.

Otro problema era el idioma, muy difícil de aprender: "El estonio no se entiende nada, es como el chino, la única palabra que se les entiende es ‘auto', lo demás casi nada".

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Pese a la dificultad para comunicarse, Macarena enfatiza lo bien que los recibieron. "Hay un mito de que los europeos orientales son muy fríos, pero acá son más bien carismáticos y divertidos. Nos ayudaron con las cosas de la casa, hasta nos prepararon mapas para guiarnos durante los primeros días", recuerda.

No obstante, los primeros tiempos no fueron fáciles. A diferencia de Sebastián, que ya tenía un trabajo, Macarena tuvo que adaptarse y buscar su oportunidad. "Soy artista y me dedico a varias disciplinas de la rama del arte. Fue una complicación cuando me fui de Argentina porque pensaba en seguir haciendo lo mismo", explica.

Macarena quedó impresionada por la cantidad de nieve en Estonia

Sin embargo, en Estonia las cosas iban a ser distintas: "Cuando llegué no hablaba inglés, no tenía amigos. Me hice redes sociales para vender mis cuadros pero no resultó y me deprimí".

Cuando menos lo pensaba, no obstante, llegó la solución: "Un día empecé a dibujar en una tablet y allí me enamoré del arte digital, algo que hasta entonces desconocía. Fue un hallazgo y actualmente me dedico a eso".

La gran mayoría de las viviendas tienen, no obstante, una característica común: el sauna. "Es algo común, no un lujo particular, sino algo que está arraigado en la cultura de los estonios. En sus casas cada uno de ellos lo usan", precisa.

La particularidad que tienen todas las casas en Estonia

Los requisitos para alquilar en Estonia no difieren de los de cualquier país: un contrato laboral y un permiso de residencia.

"Las casas y edificios son muy ordenados, limpios y con buen gusto estético. Las ventanas están super cerradas y vidrios gruesos, está todo preparado para el frío", señala Macarena.

La gran mayoría de las viviendas tienen, no obstante, una característica común: el sauna. "Es algo común, no un lujo particular, sino algo que está arraigado en la cultura de los estonios. En sus casas cada uno de ellos lo usan", precisa.

Las casas y edificios son muy ordenados, limpios y con buen gusto estético.

Las diferencias económicas con Argentina

"La diferencia económica es increíble, en Argentina tenía tres trabajos, me la rebuscaba como podía, y aún así no podía sobrevivir", recuerda Macarena.

En esa línea, añade: "Recuerdo el choque económico cuando llegué y lo que más me sorprendió fue la comida: en Argentina la comida era algo caro, como el queso fresco, el atún, la carne, lujos que eran casi imposibles... teníamos que ver constantemente dónde comprar más barato".

Y agrega: "Cuando llegamos a Europa fue lo que más nos sorprendió. Acá comprar esas cosas es normal y todo es muy accesible. Sentí que podía comprar la comida sin preocuparme, llegué a sentirme apenada por la situación en Argentina".

En el cierre, Macarena apela a una ironía para graficar la estabilidad y la diferencia económica entre ambos países. "En Estonia entrabas a un lugar y los precios tenían polvillo porque nunca remarcan, algo imposible en nuestro país. En Argentina, recuerdo que los repositores en el supermercado se divertían poniendo ofertas", concluye.

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